Frutas expuestas en un supermercado, en una imagen de archivoUnsplash

La cesta de la compra

Unos investigadores de Barcelona constatan que los alimentos básicos se han encarecido más que los lujosos

IDRA advierte que este fenómeno, llamado 'cheapflation', impacta «especialmente» a los hogares con menos ingresos

El encarecimiento persistente y desproporcionado de la cesta de la compra se ha convertido en una de las principales fuentes de estrés económico para miles de hogares, especialmente en el área metropolitana de Barcelona. Para arrojar luz sobre las causas estructurales detrás de esta dinámica inflacionaria, el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA) publicó un estudio titulado Por qué sube la cesta de la compra, elaborado por Rubén Martínez y Adrià Rodríguez.

El estudio del IDRA desafía la explicación simplista de la inflación alimentaria basándose únicamente en las leyes de la oferta y la demanda o en factores externos. Sostiene que una de las causas estructurales es la gran concentración empresarial y las estrategias corporativas del sector, lo que denomina el oligopolio agroalimentario.

La investigación de IDRA constata que los productos más baratos son los que más han subido de precio, hasta un 37 %, mientras que los que se podrían considerar 'gama alta' solo lo han hecho solo un 23 %. Se trata de un fenómeno conocido como cheapflation –fusión de los vocablos ingleses para «barato» e «inflación»– y que «impacta especialmente a los hogares con menos ingresos», señala IDRA.

El estudio identifica claramente qué categorías de productos han sufrido los aumentos más dramáticos en el período analizado, entre los niveles prepandemia y 2024, con precios que superan la media general de la zona euro, 33 %, y la media española, 34 % entre 2019 y 2024.

Alimentos como el café, el aceite de oliva y el cacao han llegado a encarecerse en un 80 % o más. Productos esenciales y básicos de la dieta han tenido alzas muy fuertes. Es el caso de la mantequilla (+50 %), la leche (+40 %) o la carne de vacuno, aves y cerdo, con subidas cercanas al 30 % o más.

El estudio de IDRA también hace una mención específica a la carne de ganadería industrial, cuya alta dependencia de insumos energéticos y materias primas importadas, como la soja, la hace especialmente vulnerable a las dinámicas de precios y un claro ejemplo de producto básico que se encarece notablemente.

Otras dinámicas

El informe subraya que el mercado de la alimentación, al ser un bien de primera necesidad, no opera bajo las dinámicas habituales de consumo; la gente no deja de comprar alimentos básicos. Esta realidad es aprovechada por las grandes empresas que controlan la cadena de valor, desde la producción hasta la distribución.

La portada del estudioIDRA

Uno de los datos más reveladores del estudio de IDRA es que los márgenes empresariales del sector agroalimentario son los que más han crecido en España desde 2021, con un incremento del orden del 38 %. Este aumento de márgenes se produce simultáneamente al encarecimiento de los productos.

El estudio señala que, durante los momentos más álgidos de la inflación, entre 2021 y 2022, las grandes multinacionales que dominan la cadena de valor agrícola registraron beneficios récord, con incrementos que llegaron a situarse entre el 75 % y el 300 %.

Opciones menos nutritivas

El impacto de la cheapflation, o «baratoflación», va más allá de la economía doméstica, repercutiendo directamente en la salud y el bienestar de las poblaciones más vulnerables. El IDRA señala que el encarecimiento de los alimentos más básicos obliga a los hogares a priorizar opciones más baratas, pero que no siempre son las más nutritivas, contribuyendo a una peor salud.

Como dato de contexto, el informe recuerda que en Barcelona, más del 60 % de las personas con rentas bajas sufren sobrepeso u obesidad. Además, en el área metropolitana de Barcelona, la alimentación representa el segundo gasto familiar (23 %), solo por detrás de la vivienda (34 %).

Como conclusión, y para revertir esta dinámica que el IDRA considera insostenible y socialmente injusta, los autores proponen medidas audaces que pasan por una mayor intervención pública y regulación. Abogan por el control de precios de, al menos, los alimentos esenciales que son los que más se han encarecido. Proponen una reorientación de los subsidios y de la fiscalidad del sector agroalimentario, con el objetivo de priorizar el interés general sobre los márgenes de beneficios del oligopolio.