El número 10 de la calle de la Boquería, en Barcelona
Leyendas de Barcelona
La horrible leyenda tras las caras de piedra que gritan eternamente en la calle de la Boquería de Barcelona
Según cuentan, las caras esculpidas en esta fachada relatan una trágica historia
La actual calle de la Boquería de Barcelona daba paso a otra de las puertas de la ciudad amurallada, el Portal de Santa Eulalia. Durante la Edad Media, en esta zona se instalaron las primeras mesas de venta de carne, especialmente de cabrito y chivo. Por extensión, el lugar donde se vendía carne de boc («chivo») pasó a llamarse boqueria, un equivalente a «chivitería» o carnicería de cabras.
Existe una leyenda popular que vincula el nombre al conde Ramón Berenguer IV. Se dice que, tras la conquista de Almería en el siglo XII, el conde trajo consigo una puerta de estilo árabe de gran belleza como trofeo de guerra y la instaló en la muralla de la ciudad, en ese Portal. La gente que pasaba por allí se quedaba boquiabiertos ante la belleza de la puerta. Con el tiempo, la deformación de la palabra habría dado lugar a Boquería.
En la fachada del número 10 de esta calle, debajo de los balcones, una serie de rostros de piedra parecen gritar en un silencio eterno, congelados en una expresión de agonía que detiene el paso de cualquier transeúnte curioso. Hoy en día es un hotel, pero en su tiempo perteneció a Ignacio de Puig.
En su interior se conserva un jardín diseñado en 1861 por el arquitecto Narcís Bladó. Es un espacio catalogado como Patrimonio Arquitectónico que destaca por su ambiente silencioso, sus árboles centenarios, como magnolias, laureles y tilos, y sus fuentes ornamentales.
La tortura de las siete puertas
Según la tradición las caras que allí se ven son el testimonio de una de las condenas más crueles de la historia local de la ciudad. Nos referimos a la tortura de las siete puertas. Un castigo diseñado no para destruir el cuerpo, sino para aniquilar el alma y la reputación. La leyenda sitúa el origen de estos relieves en el siglo XVIII o principios del XIX.
El propietario original de la finca fue Francisco Elías, el cual entre 1734 y 1739 compró y unificó tres casas antiguas para crear esta gran finca. Elias representaba a esa burguesía comercial de los siglos XVIII y XIX que buscaba consolidar su prestigio mediante la creación de grandes residencias en el centro de la ciudad, cerca de centros de poder y comercio como el Gran Teatro del Liceo o la propia Boquería.
La calle de la Boquería. A la derecha, la finca en cuestión.
Se dedicaba al comercio mayorista en el sector textil y era lo que se conocía como Ciudadano Honrado, pudiendo participar en el gobierno de la ciudad. Una nieta de este, Eulalia Elías se casó con Ignacio de Puig. Después de este, en este edificio se instaló la fonda Sucursal del Universo, propiedad de Josep Serra y Joan Bombardó, una de las más populares de Barcelona en el siglo XIX.
Pues bien, la leyenda reza que Francisco Elías cometió un acto de traición tan atroz que la justicia de la época decidió imponerle un castigo ejemplarizante: la muerte civil. En aquellos tiempos, ser condenado a la muerte civil, significaba dejar de existir para la sociedad, perder todos los derechos, el nombre y el honor, pero permaneciendo físicamente vivo para ser testigo de la propia ruina.
Esa persona fue condenado a vivir el resto de sus días en el sótano del edificio. Mientras él permanecía en la oscuridad, rodeado de humedad y ratas, su familia continuaba con su vida de lujo en las plantas superiores. Estos le habían dado la espalda para salvar su estatus. Los suelos de las salas de baile estaban diseñados para transmitir el sonido. Así, el condenado podía escuchar cada risa, cada brindis y cada acorde de los músicos que amenizaban las fiestas de las que ya no formaba parte.
Las caras de la fachada son, según se cuenta, retratos del condenado en diferentes fases de su desesperación, colocados allí para que todo el que pasara por la calle Boquería supiera lo que ocurría tras aquellos muros. Sabemos que Francisco Elías murió en 1763. Desconocemos si todo esto forma parte de la leyenda o la realidad es tan aterradora como hemos explicado. Lo cierto es que los Elías fueron propietarios de la casa durante casi un siglo.
Algunos creen que todo esto forma parte de la leyenda, que nunca ocurrió, y que esas caras son una muestra extrema del estilo romántico o un capricho arquitectónico destinado a llamar la atención en una de las calles más comerciales de la ciudad. Sin embargo, la arquitectura de la casa, con sus entradas desproporcionadas y su estructura interna algo laberíntica, alimenta la teoría del cautiverio. El hecho curioso es que, diariamente, cientos de personas pasan por delante de ellas, sin levantar la mirada del suelo, ignorando una de las leyendas que enriquecen la historia oculta y mágica de Barcelona.