Pintadas en la sede de Filmin, en Barcelona, este martes
Barcelona
Radicales separatistas vandalizan la sede de Filmin por un documental crítico con la violencia del procés
«Qué triste llegar a la oficina y ver esto», lamenta el director editorial de la plataforma, Jaume Ripoll
El resentimiento del nacionalismo catalán contra Filmin no se apaga. Los separatistas no perdonan a la prestigiosa plataforma de streaming que haya estrenado temporalmente un documental, Ícaro: la semana en llamas, que recoge testimonios de los policías que trataron de contener la violencia en las calles de Barcelona tras la sentencia del procés, en 2019.
Este lunes la polémica arreció en redes sociales, con un reguero de caras conocidas en el mundillo independentista anunciando que se daban de baja de Filmin, y este martes el conflicto ha saltado a la calle. En concreto, a la calle Platón de Barcelona, donde la empresa tiene su sede: esta ha amanecido con pintadas que les acusan de «colaboracionistas con la represión española».
Lo ha publicado en sus redes sociales el director editorial y cofundador de Filmin, Jaume Ripoll. «Qué triste llegar a la oficina y encontrarnos esto», ha dicho, añadiendo que se encuentra «bastante hecho polvo, la verdad». El grupo juvenil independentista Nosaltres Sols! ha reivindicado el grafiti, exigiendo a Ripoll que aparque el «victimismo» y asegurando que no dejarán «en paz» a aquellos que «insulten a las víctimas».
Por su parte, figuras como Alejandro Fernández, el presidente del PP catalán, han mandado su apoyo a Ripoll. «Desgraciadamente, la enfermedad del fanatismo continúa muy presente en Cataluña», ha señalado el líder popular en X. Todo ello horas después de que el propio Ripoll diese su versión de la polémica este lunes, con un comunicado en el que defendió la inclusión de la película en su catálogo amparándose en la libertad de expresión.
"Filmin no censura películas por su orientación ideológica”, decía Ripoll, defendiendo su «compromiso» con el cine documental «como herramienta para entender, contrastar y debatir, siempre dentro del marco legal». Ripoll aseguró que entendía el malestar de sus críticos, e insistió en que programar un documental no equivale a suscribir su enfoque.