Puerta del Hotel Oriente, en la RamblaWikimedia

Historias de Barcelona

Las fondas ‘de lujo’ que acogían los viajes de negocios en la Barcelona del siglo XIX

Muchas de ellas se han reconvertido en hoteles que siguen activos a día de hoy

En la Barcelona de mediados del siglo XIX nacieron toda una serie de fondas que estaban destinadas a aquellas personas que venían a la ciudad para hacer negocios. No eran mercaderes, transportistas, o trabajadores. Eran comerciantes, vendedores y algunos embajadores que llegaban a la ciudad para hacer negocios.

Hablamos en su momento de las Fondas de Sisos. Pues bien, aparte de estas hubo otras que tenían un nivel económico superior y que estaban frecuentados por personas con un nivel económico superior a las clases trabajadoras. A continuación hablaremos de todas las fondas que se abrieron en Barcelona y, cuyo nivel económico, superaba la media.

Fonda de las Cuatro Naciones

Se fundó hacia el año 1700. Durante muchos años fue el único sitio de prestigio y auténtico de Barcelona. Tuvo una época dorada entre los años 1840 y 1860, cuando en ella se alojaron Frédéric Chopin, George Sand, Stendhal, Albert Einstein, o Ulysses S. Grant.

El Cuatro Naciones, en una ilustración del siglo XXFondo Jorge Álvarez

Introdujo lo que se conocía como el servicio a la francesa, basado en la abundancia visual y la simultaneidad de todos los platos a la vez. De la familia Gippino. Aunque sufrió cierta decadencia a principios del siglo XX, actualmente es el Hotel Cuatro Naciones, en La Rambla número 40.

Fonda de Oriente

La Fonda de Oriente se inauguró el 21 de abril de 1842 en La Rambla números 45-47. Ubicada en el antiguo colegio de San Buenaventura de los franciscanos. Lo fundó la familia Durio. El proyecto arquitectónico corrió a cargo de Eduard Fontseré. En 1888 el establecimiento pasó a llamarse, de la mano de su nuevo propietario, la familia Maffioli, Hotel Oriente.

Fue el primer hotel de la ciudad en instalar iluminación a gas. Durante la guerra civil fue hospital de sangre. Hoy en día pertenece a la familia Gaspar. En él se han alojado Hans Christian Andersen, Manolete, o Errol Flynn. Aún conserva el Salón Condal, que mantiene la estructura del antiguo claustro franciscano del siglo XVII.

Fonda España

En la calle Sant Pau números 9-11. Los hermanos Joan y Pau Riba la fundaron en 1859. En 1863 pasó a manos de Josep Colomer. A finales del siglo XIX era propiedad de la familia Mesadra. Ellos le pidieron al arquitecto Lluís Domènech i Montaner la reforma integral del edificio entre los años 1898 a 1903.

Este arquitecto convirtió la fonda en un hotel de lujo artístico, colaborando con él Ramón Casas y Eusebi Arnau, quien esculpió la monumental chimenea de alabastro de cinco metros de altura en el salón de tertulia. Este establecimiento representa la transformación perfecta de la fonda familiar al hotel artístico. Hoy es el Hotel España y su cocina esta asesorada por Martín Berasategui.

Fonda Peninsular

La Fonda Peninsular estaba en la calle Sant Pau número 34, era famosa por su patio interior con claraboya, diseñado por el arquitecto Antoni Rovira Rabassa. La familia Riba de la Fonda España, la inauguraron en 1862. De carácter familiar, destacaba por la eficacia de los sirvientes de librea.

Allí trabajó Prudenci Bros, quien fue cocinero de la reina Isabel II, después de que fuera destronada. Durante un tiempo lo dirigió Francesco Totti de Silvestri. Bajo su dirección, el hotel no solo ofrecía alojamiento, sino que era un centro de gastronomía de élite. Hoy es el Hotel Peninsular.

Fonda Europa

En la calle Boquería números 10-12 se encontraba la Fonda Europa, cuyo propietario era Ercori Cacciami, que luego fundó el Gran Hotel Inglaterra y el Hotel Majestic. Ofrecía servicios de confort internacional. Era frecuentada por artistas que iban o cantaban en el Liceo. Cerró sus puertas, pero parte de su edificio hoy es el Hotel Petit Palace Boqueria.

Entrada al Hotel Petit Palace BoqueriaBooking

Fonda de San Agustín

En la plaza del mismo nombre, abrió sus puertas en 1843. Formaba parte del antiguo convento. Propiedad de la familia Mesadra, pasó a manos de Miquel Gomis, quien consolidó el lugar entre los viajeros que buscaban un refugio tranquilo cerca de las Ramblas. Como que ocupa la antigua biblioteca del convento, cada habitación cuenta con un libro enmarcado. Hoy es el Hotel Sant Agustí.

Fonda del Comercio

En la calle Escudillers número 15, fue uno de los establecimientos hoteleros y gastronómicos más influyentes de la Barcelona del siglo XIX. Se fundó en 1830, alcanzando su esplendor con Pere Font, que la convirtió en el epicentro de los negocios de la ciudad. Luego pasó a manos de Agustín Sanguinetti y luego la compraron los hermanos Cunill. Se hizo famosa por su cocina y por estar en el corazón financiero y social de la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX.

Fonda de París

En la calle Cardenal Casañas, fue uno de los establecimientos más distinguidos y cosmopolitas de Barcelona, intentando emular el refinamiento de París. Es la primera que ofreció carta de vinos internacionales. Era de la familia Guisset, que la abrieron en 1850. Luego pasó a manos de Eusebi Arcal. La fonda desapareció a principios del siglo XX.

Fonda de los Tres Reyes

En la calle Escudillers número 57. Propiedad de la familia Fisina, bajo la dirección de Juan Fisina se consolidó como una de las mejores fondas de primer orden para los viajeros nacionales y comerciantes. Se hizo famosa por sus guisos tradicionales. Se decía que sus salones eran el termómetro de la economía local. Con la transformación de Barcelona, con el Eixample, la fonda tuvo que cerrar sus puertas.

Fonda Victoria

En la calle Condal número 9. Fundada a mediados del siglo XIX por la familia Gassier. A diferencia de las fondas de La Rambla, más enfocadas al lujo internacional, esta mantuvo un perfil de casa de confianza, donde el trato personalizado y la limpieza eran sus mayores reclamos. Se decía que su cocina era honrada y generosa. Desapareció a principios del siglo XX.

Fonda de las Cuatro Partes del Mundo

En la calle Boquería número 30. Propiedad de Marià Vidal, lo que la hacía especial era su ubicación, a pocos metros del Liceo. Su comedor era famoso por el bullicio y por su decoración. Desapareció a finales del siglo XIX.