Manuel de Amat y Junyent, en un retrato de la épocaWikimedia

Historias de Barcelona

Quién fue el Virrey Amat, y por qué da nombre a una plaza y una estación de metro en Barcelona

Su mujer, Francesca, da nombre a la Plaza de la Virreina, en Gracia

La historia de Barcelona y de la antigua Villa de Gracia se unen en la figura de un personaje que decidió dejar su huella arquitectónica en dos zonas que entonces eran distantes. Este personaje se llamaba Manuel de Amat y de Junyent de Planella de Aymerich de Santa Pau.

Es el Virrey Amat que da nombre a una plaza en Nou Barris y a una estación de Metro. Era hijo de los marqueses de Castellbell y Castellmayá. Nació en Vacarises en 1704 y murió en Barcelona el 14 de febrero de 1782. Como militar, antes de cruzar el Atlántico, estuvo en África, Nápoles y Malta.

En Sudamérica fue nombrado gobernador del Reino de Chile y virrey del Perú y presidente de la Audiencia de Lima. Cuando regresó a Barcelona, en 1776, hizo construir un palacio en Las Ramblas, el Palacio de la Virreina, que aún se conserva. En la Villa de Gràcia hizo lo propio con un edificio idéntico, que sería su residencia de veraneo.

Su mandato en Sudamérica fue prolífico y complejo. Bajo su mandato se reforzaron las defensas de la costa del Pacífico, se modernizó el puerto del Callao tras un devastador terremoto y se promovieron expediciones científicas y geográficas a la Isla de Pascua y Tahití, que en aquel tiempo se conocía como Isla de Amat.

Su gestión también estuvo marcada por la dureza en la explotación de las minas de Potosí y la expulsión de la Compañía de Jesús. A su regreso a España trajo consigo una inmensa fortuna de la que le gustaba hacer ostentación. De ahí la construcción de estos dos palacios.

El Palacio de la Virreina, en las RamblasAjuntament de Barcelona

En Lima tuvo un romance, bastante escandaloso, con la actriz criolla Micaela Villegas, conocida como La Perricholi. El idilio desafió las normas aristocráticas de la Lima colonial, convirtiéndose en una leyenda de amor, celos y pasión. El romance duró 14 años, siendo intenso y tóxico, con frecuentes idas y venidas.

Fruto de esta unión nació su hijo, Manuel Amat y Villegas. Cuando regresó a Barcelona contrajo matrimonio, a los 70 años, con Francesca Fiveller de Clasquerí y de Bru. Esta de muy joven ingresó en el monasterio de Santa María de Jonqueres. ¿Por qué se casó con ella?

En primeras nupcias debía casarse con Antonio de Amat y de Rocabertí, sobrino del virrey. Este fue a visitar a sus hermanas Antonia y Eulalia al convento, conoció a Francesca y le dio palabra de matrimonio. Al poco se desdijo y, al ofender a la familia de la joven, Manuel de Amat decidió casarse con ella, por poderes, el 3 de junio de 1779.

Para contentar a la familia Fiveller le dio una dote de 25.000 libras, convirtiéndola en una de las mujeres más ricas de Barcelona. Ese dinero equivale a entre 3 y 6 millones euros actuales. El virrey murió dos años después y, por eso, los dos palacios se conocen como de la virreina, aunque ella nunca ostentó este título.

Un palacio magnífico

Si bien el palacio de La Ramblas es el más conocido, porque se conserva en pie, el Palacio de la Virreina de Gràcia fue, en su momento, una construcción de igual o superior magnificencia. Concebido como residencia de verano, el conjunto se situaba en una de las fincas señoriales más extensas de la época.

Sus límites iban desde la actual Travesera de Gracia hasta la calle Providencia, y desde Torrent de l’Olla hasta Torrent d’en Vidalet. En total, 212.976 m². La actual calle Torrijos sigue el trazado del camino original que conectaba la verja de entrada con la puerta principal del palacio, situado donde hoy encontramos la Plaza de la Virreina.

La plaza de la Virreina, en BarcelonaGoogle Maps

El palacio pasó por un proceso de degradación y cambios de uso hasta su desaparición. Tanto el de Las Ramblas como el de Gràcia los heredó Antonio de Amat y de Rocaberti, marqués de Castellbell. Ambos pertenecieron a la familia Amat hasta 1840.

En 1820 el de Gracia funcionó como hospital para enfermedades infecciosas durante una epidemia de fiebre amarilla. En 1840 pasó a manos del Hospital de la Santa Creu. El resto de la finca, fue dividida para construir casas. Esta división la llevó a cabo José Carreras de Argerich, apoderado del marqués de Castellbell. La reconstrucción de la zona se llevó a cabo entre los años 1836 a 1890.

El devenir del palacio

El palacio se convirtió en casa de convalecencia. En 1844 se quiso convertir en manicomio, pero terminó siendo una prisión militar. En 1869 todavía se utilizaba como alojamiento para soldados de la Comandancia de Armas del cantón de Gràcia. El palacio fue finalmente derribado y el espacio que ocupaba no fue edificado. En 1878 el arquitecto Josep Artigas Ramoneda urbanizó la plaza que hoy en día aun existe. En lo que fueron los jardines palaciegos encontramos la iglesia de San Juan Bautista de Gracia, una obra de Francesc Berenguer.

El único vestigio que se conserva del palacio son unos medallones, en la que aparecen representados los virreyes. Hay una leyenda ligada a estos restos y al amante que tenía el virrey Amat. La leyenda dice que si uno se pone delante de estos medallones, a medianoche y repites tres veces el nombre del amante del virrey, Perricholi, la cara de ella adquiere una fisonomía enfadada. Los medallones están incrustados en la fachada lateral de la iglesia de Sant Joan.

Durante los años en los cuales la virreina veraneó allí el palacio se convirtió en centro de reuniones sociales de la nobleza barcelonesa que tenían fincas cercanas. Se organizaban conciertos privados y pequeñas tertulias en los jardines. La virreina pasaba gran parte del tiempo en su oratorio privado. Se dice que era una figura respetada por los campesinos de la zona, a quienes ayudaba con limosnas, lo que le otorgó una fama de mujer piadosa y cercana. En aquella época, desde su palacio se podía ver perfectamente el mar y toda la llanura de Barcelona, ya que no había edificios altos que bloquearan la visión.