Detalle de una portada de Cifré para 'Tio Vivo', revista que co-fundóUna vida de historietas

Cultura

La saga Cifré, padre e hijo: del maestro del tebeo de Bruguera al genio de la viñeta surrealista

Guillermo Cifré fue uno de los grandes del tebeo patrio, y su hijo continuó su legado

Uno de los cinco grandes de la mítica Escuela Bruguera de historietistas fue Guillermo Cifré Figuerola. Creó El Reporter Tribulete y Don Furcio Buscabollos. Cifré no solo fue un virtuoso del lápiz, sino el cronista gráfico de una sociedad que buscaba la sonrisa entre las estrecheces de la postguerra.

Nació en Barcelona el 22 de noviembre de 1921. Durante mucho tiempo se creyó que había nacido en Traiguera (Castellón) lo cual es un error. Desde muy joven ya sabía que se dedicaría a esta profesión. En el colegio hacía una revista de 4 páginas que vendía a sus compañeros. Con el dinero que ganaba se costeaba material para seguir dibujando.

Con 19 años entró a trabajar en Dibujos Animados Chamartín, que nacieron en 1941 en Barcelona y cuya sede estaba en la Casa Batlló. Allí trabajó en series como Civilón y Garabatos. Civilón era un toro manso que no quería pelear, y Garabatos eras unos cortos que caricaturizaban a figuras famosas del momento.

El estudio cerró a principios de los años 50, pero Cifré aprendió en esta época el sentido del movimiento y una expresividad dinámica que más tarde trasladaría a las viñetas. Con lo cual consiguió agilidad en el traza y su capacidad para la síntesis visual.

Dejó Chamartín y, en 1944 se incorporó a la Editorial Bruguera. En 1947 vio la luz El Reporter Tribulete, que en todas partes se mete, en la revista Pulgarcito. Ese mismo año también creó Las tremebundas fazañas de Don Furcio Buscabollos, también en Pulgarcito, y en 1949, Cucufato Pi.

En El DDT aparecieron Aventuras morrocotudas del SuperBirria (1951) y Amapolo Nevera (1952). En Pulgarcito, en 1953, Vagancio. En la revista Tío Vivo publicó ¡Esas chicas! (1957), Golondrino Pérez (1957), Rosalia (1957), El sabio Magatón (1957). En 1959 publicó Cepillo Chivátez y Pepe Despiste, y en 1960, Don Tele y Don Césped, sus dos últimos personajes. Este último aparecía en la revista Dicen, publicación mítica de la prensa deportiva barcelonesa.

El reporter Tribulete, de CifréHumoristán

La revista Tío Vivo fue iniciativa de Cifré, junto con José Escobar, José Peñarroya, Carlos Conti y Eugenio Giner, que decidieron abandonar la Editorial Bruguera y fundar la cooperativa Dibujantes y Editores Reunidos (DER). La imprimía y distribuía Crisol. El proyecto independiente duró hasta el año 1960, cuando la Editorial Bruguera la adquirió.

Más allá de las historietas Cifré fue un artista polifacético. Cultivó la pintura al óleo, la acuarela y el carboncillo. Su influencia se extendió a la siguiente generación a través de su hijo Guillem Cifré. Su obra se caracterizó por una extraordinaria movilidad narrativa y una gran capacidad de observación. Investigadores como Jesús Cuadrado lo han calificado como uno de los creadores más grandes de la historieta de humor en España.

Los historiadores del cómic opinan que Cifré fue uno de los mejores retratistas de la psicología de la época. Sus personajes representan la frustración del hombre medio español de los años 40 y 50: el empleado humillado por su jefe, el solterón que no encuentra pareja o el hidalgo empobrecido.

Guillermo Cifré Figuerola, en una imagen de archivoWikimedia

Se ha dicho de él que su humor tenía un trasfondo agridulce y profundamente humano, actuando como un espejo cóncavo de la realidad social. Sus compañeros de profesión lo consideraban un dibujante de dibujantes. Su decisión de liderar la salida de Bruguera para fundar Tío Vivo es vista hoy como un acto de valentía y dignidad profesional en defensa de los derechos de autor. Se opina que fue un pionero en intentar dignificar la figura del historietista como un artista independiente y no solo como un trabajador a destajo.

Falleció a la temprana edad de 40 años, 4 de noviembre de 1962. Esa repentina muerte truncó una carrera en la que estaba empezando a colaborar con agencias internacionales para revistas británicas y alemanas. Sin embargo, su obra sigue viva. En 1969 se le concedió, a título póstumo, la primera Medalla de Homenaje en la I Reunión Nacional de Dibujantes de Historietas.

Padre e hijo

La saga continuó con su hijo, Guillem Cifré Barrabin, que se consolidó como una de las figuras más singulares y determinantes en la evolución de la narrativa gráfica en España. No sólo heredó de su padre la maestría del trazo, sino que transformó el legado de Bruguera en un lenguaje propio, experimental y vanguardista.

Su firma fue esencial en revistas icónicas como El Víbora, Cairo y Star, donde su estilo, caracterizado por un humor fino y una estética metafísica, rompió moldes. Su capacidad para desdibujar los límites entre la realidad y la ficción le valió el reconocimiento unánime de la crítica y el público.

Una de las tiras de Guillermo Cifré hijoGráffica

Habitual de diarios como El Mundo, El Periódico o Avui, donde publicó tiras cómicas e ilustró artículos de opinión y suplementos culturales. También ilustró libros, carteles y portadas de discos. Obtuvo el Premio Nacional de Cómic de Cataluña en 2009. Su talento se expandió a la televisión, colaborando en programas culturales emblemáticos como Planeta Imaginario. Sobre él escribió Jordi Costa:

De línea angulosa y trazo sintético y radical, Guillem Cifré trasladó la herencia de su padre a un terreno de extrema experimentación gráfica, aunque, en su particular poética, donde lo onírico se imponía sobre lo cotidiano, seguían perviviendo las mecánicas tradicionales del gag. Su obra encarna hasta tal punto la especificidad del medio en que se creó que resulta inconcebible adaptarla a otro lenguaje: sus tiras de prensa y páginas de historieta son tebeo puro, frágil e incontestable a un tiempo.

En marzo de 2015, la revista cultural Tentacles dedicó un número monográfico a su obra. Falleció el 17 de mayo de 2014 en Barcelona a los 62 años, a causa de una larga enfermedad. En 2006 recibió el Premio Junceda, el Premio Nacional de Cómic de Cataluña en 2009, y fue objeto de múltiples homenajes en eventos clave como el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, donde se le consideró un autor de culto y un referente de la transición entre el tebeo clásico y el cómic underground.