José Escobar, en una imagen de archivo
Historias de Barcelona
El genial dibujante de Barcelona que inventó a Carpanta y convirtió el hambre en un grito de dignidad
Escobar, el genio que creó a Carpanta, Zipi y Zape y tantos otros personajes
En la Barcelona de los años cuarenta y cincuenta hubo una persona que se propuso la tarea de convertir la miseria en poesía. Cuando las tripas de muchos españoles rugían, por falta de comida, decidió que el hambre se podía dibujar. Él había sufrido la cárcel y el hambre, por eso sabía perfectamente como plasmarlo en un papel. Se llamaba José Escobar Saliente y convirtió el hambre en un juego en las páginas de TBO.
En los años anteriores colaboró en publicaciones satíricas como L’Esquella de la Torratxa, Papitu o La Campana de Gràcia. Tuvo que afiliarse al Sindicato de Dibujantes Profesionales para poder seguir trabajando. La temática de sus dibujos reflejaba su marcado antimilitarismo. Por todo ello fue acusado de rojo separatista y lo condenaron a seis años y un día de prisión.
Al final cumplió un año y medio de cárcel. Durante ese tiempo, para sobrevivir, realizaba caricaturas de los presos que luego les vendía. Consiguió publicar algún dibujo fuera de la cárcel con el seudónimo de Rebec. Tras salir en libertad vigilada, tuvo prohibido trabajar en prensa durante un tiempo, lo que le llevó a refugiarse en la animación y el teatro antes de poder integrarse en la Editorial Bruguera.
Ya en la Editorial Bruguera creó el primer personaje que le daría fama a nivel nacional. Apareció por primera vez el 24 de enero de 1947 en el número 3 de la revista Pulgarcito. El personaje era Carpanta. Un personaje con una nariz prominente, barba de varios días, chaqueta negra y una hambre insaciable, que servía como retrato satírico de la realidad de la España de aquella época.
En esa primera entrega la historia iba de un vagabundo que era invitado a una cena de gala para evitar que el número de comensales fuera trece. No fue hasta el número 7 cuando adoptó el nombre de Carpanta. En una época en la que el régimen proclamaba que en España no había pobres, Carpanta era la realidad de la sociedad española. Lo interesante del personaje es que no robaba ni era un pícaro malvado para sobrevivir. Era un caballero andante de la supervivencia que tenía como sueño comerse un pollo, lo que nunca conseguía.
Una ilustración de Carpanta
Mientras Carpanta seguía soñando en comerse un pollo asado, en 1948 aparecieron los gemelos más famosos del cómic español. En el número 47 de Pulgarcito aparecieron Zipi y Zape. Escobar se inspiró en los cómics clásicos de travesuras, retratando a través de ellos a la familia de clase media. El nombre de los gemelos, si lo unimos, significa alboroto o pelea.
Se convirtieron en su mayor éxito comercial, llegando a tener su propia revista. A estos gemelos se unió la familia. Don Pantulfo Zapatilla era el padre, catedrático de Filatelia y Colombofilia; Doña Jaimita, la madre y la mediadora con el padre de las travesuras de los gemelos, Sapientín el primo perfecto, empollón, y que lo detestaban porque siempre los dejaba en mal lugar. Se hizo famoso que, cuando eran castigados, iban al cuarto de los ratones.
Doña Tula y Petra
En 1951 en la revista DDT apareció Doña Tula. Era una sátira sobre los conflictos familiares, centrada en la relación entre una suegra autoritaria y su yerno. Este personaje sufrió mucho la presión de la censura franquista, que en 1955 prohibió ridiculizar a las instituciones familiares, obligando a suavizar mucho las tramas.
En 1954, en la revista Pulgarcito nació Petra, criada para todo. Esta reflejaba la realidad de muchas jóvenes del campo que emigraban a la ciudad para trabajar como sirvientas en hogares burgueses. Petra era ingenua y trabajadora y su diseño, con un moño característico, se volvió icónico.
En 1967 nació Toby, en la revista DDT, un perro muy inteligente y su dueño, el despistado Don Facundo. Finalmente, en 1969, Plim el Magno, un superhéroe en tono de parodia que intentó adaptarse a los nuevos gustos de finales de los 60.
A parte de su inmensa labor en la Editorial Bruguera, que se extendió de 1947 a 1986, con más de 20.000 páginas publicadas, Escobar tuvo tiempo para hacer otras cosas. Una de ellas fue el Cine Skob. Era un proyector de cine infantil, inventado y patentado por él, que utilizaba películas de papel opaco de 35mm.
La imagen se proyectaba gracias a la reflexión de la luz de una bombilla sobre el papel. Las películas eran rollos de unos 30 metros que contenían cerca de 1,400 dibujos. Esto permitía una animación completa, muy similar a la del cine real, superando la animación de solo dos tiempos que ofrecían otros juguetes.
En 1952 lo perfeccionó pasando a llamarse Cine Stuk. Otros juegos diseñados por Escobar fueron los Bolos Skob, el billar Chapó Skob o la Petaca Skob para transportar tabaco.
Disciplina monacal
Podemos decir que Escobar trabajaba con una disciplina monacal. Se levantaba temprano, afilaba sus lápices y se sentaba frente del tablero para empezar a dibujar. Sus compañeros siempre lo han recordado como un hombre de una bondad extraordinaria, capaz de ayudar a los dibujantes más jóvenes y mantener la calma en medio de los cierres frenéticos de la revista.
Escobar falleció el 31 de marzo de 1994 por complicaciones de salud. Había dejado de dibujar dos años antes por causa de la vista. La Barcelona que dejó en poco se parecía a aquella que empezó a retratar, con sus dibujos, en 1947. Escobar a través de Carpanta y de Zipi y Zape nos enseñó que se puede ser pobre sin perder la elegancia y se puede ser castigado sin perder la alegría.
En 1986 recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona. Lo incineraron en el cementerio de Cerdanyola del Valles. Su muerte marcó el fin de una generación dorada de la Escuela Bruguera, de la que fue uno de los pilares fundamentales junto con Francisco Ibáñez, Manuel Vázquez, José Peñarroya, Guillermo Cifré, Miguel Bernet y Carlos Conti.