El antiguo Rompeolas del Puerto de BarcelonaArxiu Popular de la Barceloneta / Adolf Zerkowitz Schlesinger

Historias de Barcelona

El legendario Rompeolas donde los barceloneses fueron capitanes de su propio destino

El Rompeolas era una atracción más para los barceloneses

Durante más de un siglo, Barcelona tuvo un lugar donde el asfalto acababa y empezaba la libertad, sobre todo de noche y para muchas parejas de enamorados. Era el antiguo Rompeolas.

Aquella estructura portuaria de piedra, de cinco kilómetros, que se construyó para proteger el puerto de los temporales, era el lugar, donde parejas y pescadores de caña se pasaban horas intentando pescar alguna cosa; donde mucha gente iba para pasear y notar en la cara la brisa del mar, o para hacer deporte.

El Rompeolas era una atracción más para los barceloneses. Tras las reformas de la bocana norte del puerto, aquel paisaje se sustituyó por la eficiencia logística y desapareció para siempre de la memoria colectiva.

El inicio del Rompeolas data de finales del siglo XIX. En 1897 se aprobó el proyecto del arquitecto Carlos Angulo para la construcción de una estructura que protegiese de las tempestades marítimas las embarcaciones allí amarradas.

En 1904 se procedió a colocar el primer bloque de piedra que formaría la futura escollera que seguiría la línea de la costa y sería construida a un kilómetro de distancia de la misma. Debido a problemas técnicos y a algunos temporales sufridos durante su construcción, la escollera no fue acabada hasta 1920. En su parte más adentrada en el mar se construyó un faro

Del Portal de la Pau al Porta Coeli

La experiencia del Rompeolas empezaba en el Portal de la Pau, al final de Las Ramblas. En un primer momento no se llegaba allí en coche, aunque con los años se permitió su tránsito. La manera de llegar era con las Golondrinas.

Esas embarcaciones de madera, que se convirtieron en autobuses flotantes, al estilo de los existentes en Venecia, con dos pisos y bancos corridos. Estas embarcaciones realizaban el trayecto que cruzaba el puerto industrial hacia el Moll de l’Escullera, conocido popularmente como Rompeolas.

Aquel viaje era una experiencia náutica para muchos que nunca había subido a un barco ni navegado. Al salir de la protección del muelle los pasajeros sentían el primer balanceo del mar abierto. Las Golondrinas atracaban en un pequeño muelle al final del Rompeolas, desembarcando a las pasajeros que buscaban el aire puro que no encontraban en la ciudad. Era el único lugar donde un barcelonés podía sentirse capitán de su propio destino por cuatro pesetas.

El Rompeolas no era una infraestructura portuaria. Al final, donde atracaban las Golondrinas, se alzaba el restaurante Porta Coeli. Para los que allí llegaban ese era el punto de encuentro para reponer fuerzas o sobreponerse a algún mareo.

El restaurante no era de lujo, sino un templo de la cocina marinera popular. Estuvo en aquel enclave desde 1926 a 2000. Los platos más populares eran los mejillones, los calamares y las sardinas. Era un lugar de referencia para celebrar las verbenas de San Juan, San Pedro o San Jaime, abriendo toda la noche y pudiendo bailar gracias a las orquestas que allí tocaron.

El Rompeolas, en los años 60Autoritat Portuària

En la otra punta del Rompeolas, en la rampa que ascendía hacia él, existía otro restaurante mítico. Era el Restaurante El Rompeolas. Estaba a mitad del Paseo de la Escullera, antes de llegar al tramo final donde se encontraba el Faro y el Porta Coeli. Al igual que su vecino, era famoso por sus paellas, parrilladas de pescado y marisco.

Era una construcción de una sola planta con grandes ventanales que permitían ver las olas rompiendo directamente contra las rocas mientras comías. Como el Porta Coeli fue derribado en el 2000 debido a la reforma del puerto para la creación de la nueva bocana.

El paseo de los enamorados

Como hemos dicho, el Rompeolas también era el paseo de los enamorados. En una época de moral estricta, la distancia y el aislamiento que ofrecía la escollera permitían una libertad que Las Ramblas prohibían. Miles de barceloneses guardan en su memoria el recuerdo de los coches aparcados frente al mar, mirando hacia el horizonte, mientras la música sonaba, las caricias y los besos robados marcaban un momento inolvidable, o simplemente el silencio inundaba una tarde de fin de semana o una noche robada al sueño.

En medio de todo eso estaban los pescadores de caña que eran un mundo en sí mismo. Era una comunidad silenciosa que ocupaba los bloques de hormigón desde la madrugada. Aquella hilera interminable de cañas de pescar era la silueta característica que saludaba a los barcos que entraban en el puerto de Barcelona.

Todo esto ya es historia. La sentencia de muerte del Rompeolas llego con el Plan Estratégico del Puerto de Barcelona a finales de la década de 1990. La necesidad de ampliar las terminales de contenedores y, sobre todo, la apertura de la nueva bocana obligaron a seccionar el Rompeolas.

Lo que antes era un camino continuo de cinco kilómetros quedó fragmentado y, en gran parte, privatizado o restringido por razones de seguridad portuaria. La construcción del Hotel W y el nuevo entrono de la Marina Vela han creado un espacio público moderno, limpio y arquitectónicamente impecable, pero desapareció el glamour y aquello que hizo del Rompeolas un lugar único.

Actualmente existe un espigón, que llevará la firma del arquitecto japonés Toyo Ito, mucho más corto que el original, por donde no pueden transitar coches, ni los paseantes pueden deleitándose comiendo un plato de calamares, mejillones o sardinas en el añorado Porta Coeli.