Vista del Junco Rubia, navegando
Historias de Barcelona
El capitán de yate que navegó de Hong Kong a Barcelona en un junco construido con técnicas milenarias
José María Tey llevó a cabo una travesía épica en un barco de cine
Hace unos días hablábamos de la carabela Santa María, que estuvo atracada en el puerto de Barcelona hasta que la hundieron. Pues bien: a su lado estuvo atracado el Junco Rubia, una embarcación tradicional china, que llegó a Barcelona después de una travesía épica desde Hong Kong.
La historia de esta aventura comenzó en las mesas del desaparecido Cine Windsor, en la Avenida diagonal 472 de Barcelona. Una tarde de 1958, el capitán de yate José María Tey Planas «Josechu», el ingeniero Joaquín del Molino y Julio Brocard estaban trazando mapas y cartas náuticas. En una mesa cercana estaba un joven llamado Oriol Regás, que años después sería el alma de la Gauche Divine y fundador de Boccacio, les pidió poderse sumar a aquella aventura.
José María Tey, en una imagen de la época
Una vez estructurada la tripulación, venía el barco. El Junco Rubia era una pieza de artesanía naval. Construido en China siguiendo métodos milenarios, medía 18 metros de eslora y 4,80 de manga. Sus tres mástiles y su casco de madera estaban diseñados para resistir las duras condiciones oceánicas, aunque contaba con un motor auxiliar de 72CV. El nombre de «Rubia» es en honor a su mujer, Isabel de Salvador.
Desde Hong Kong
La expedición zarpó de Hong Kong el 17 de enero de 1959. Durante ocho meses, el junco surcó las aguas del Índico y el Mar Rojo, realizando escalas en Singapur, Colombo, Goa, Bombay, Yibuti y el Canal de Suez. Luego llegó al Mediterráneo, pasando por Creta, Sicilia y la Costa Azul, llegó al puerto de Barcelona el 9 de septiembre de 1959. Sobre la llegada publicó La Vanguardia la siguiente crónica:
Barcelona dispensó un cariñosísimo recibimiento a los tripulantes del junco, apiñándose, entre cuatro y cinco de la tarde, en el muelle de la Puerta de la Paz e inmediaciones una gran muchedumbre formada por gentes de todas las clases sociales. El edificio de la Junta de Obras del Puerto lucía banderas nacionales y de Barcelona y empavesadas de gallardetes. Junto al muelle de Bosch y Alsina había sido levantada una amplia tribuna para las autoridades y representaciones oficiales, figurando igualmente diversos acotados para los invitados a la. recepción de la nave. Fuerzas de la Policía Armada y de la Guardia Urbana cuidaron de mantener el orden, que no se alteró un solo momento»
Los esperaban en el puerto, entre otros, el alcalde accidental Marcelino Coll Ortega y el contralmirante Alejandro Molins. También Madame Le laudais Goze, quien realizó un ritual oriental tradicinoal, quemando tres varillas de sándalo perfumado y ofreciendo flores y frutas a la tripulación, simbolizando la hermandad entre Oriente y Occidente. Le recibimiento concluyo con un banquete de gala en el Real Club Marítimo de Barcelona. Tey recibió la Cruz del Mérito Naval.
Vista del Junco Rubia, navegando
A partir de ese día, el Junco Rubia compartió muelle con la carabela Santa María, convirtiéndose ambas en atracciones turísticas. Con anterioridad a esta aventura el junco ya era famoso, al salir en la pelicula Blood Alley (Callejón sangriento), de 1955, dirigida por William A. Wellman y protagonizada por John Wayne y Lauren Bacall.
Terminada la película, el junco volvió a hong Kong y allí lo compró Tey. El hecho de que el barco hubiera actuado en una película de John Wayne era un detalle que Tey solía mencionar con orgullo, ya que añadía un aura de leyenda a la embarcación antes de empezar su propia aventura transoceánica. Después, en 1969, lo trasladaron desde Barcelona a Denia para rodar la película Krakatoa: al este de Java de Bernard L. Kowalski, Con Maximilian Schell, Diane Baker y Rossano Brazzi.
Al terminar la película, el junco Rubia regresó al puerto de Barcelona. La falta de mantenimiento y el deterioro hizo que el junco acabara hundiéndose en las mismas aguas del puerto de Barcelona a principios de los años 70, al abrirse una gran vía de agua que el casco, muy debilitado, no pudo soportar.
Sus restos fueron extraídos del agua, desguazados y, según crónicas de la época, parte de su estructura terminó sepultada bajo los rellenos de las obras de ampliación del puerto, cerca de lo que hoy es el varadero de la Barceloneta. La historia de esa aventura quedo plasmada en el libro que Tey escribió, Hong Kong – Barcelona en el Junco Rubia, que la Editorial Juventud publicó en 1959.