Presentación del informe sobre exclusión social de FOESSA y CáritasJordi Boixareu

Barcelona

Cáritas advierte que cuatro de cada diez personas en Barcelona vive «en la cuerda floja»

Cáritas y la Fundación FOESSA alertan de que la precariedad se ha convertido en la norma, el acceso a la vivienda es el principal motor de desigualdad y casi cuatro de cada diez personas sobreviven «en la cuerda floja»

Cerca de medio millón de personas se encuentran en situación de exclusión social en el área metropolitana de Barcelona, según revela el Informe FOESSA 2025 de Cáritas, presentado este martes en la Universitat Pompeu Fabra.

Los datos, recogidos en la última Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales elaborada por Cáritas Diocesana de Barcelona y la Fundación FOESSA, dibujan una realidad preocupante: mientras las estadísticas oficiales apuntan a una recuperación económica, los sectores más vulnerables de la sociedad no están beneficiándose de ella.

El informe constata que el 17% de la población de la diócesis barcelonesa —algo más de 450.000 personas— se encuentra en situación de exclusión social. Pero lo más alarmante es que casi el 38% de los ciudadanos vive en lo que el estudio denomina «integración precaria», un equilibrio inestable que les sitúa permanentemente al borde del abismo.

Guillermo Oteros, coordinador de análisis social de Cáritas Diocesana de Barcelona, advirtió durante la presentación ante unas 300 personas que «cada vez son más las personas que viven en la cuerda floja», en una realidad ambivalente donde conviven datos de reducción de la exclusión más severa con un incremento sostenido de la precariedad.

Para ilustrar esta situación de permanente inestabilidad, la entidad organizó una acción visual en la que el funambulista Aleix Hernando atravesó una cuerda mientras iba cargando símbolos de las distintas problemáticas que acumulan los ciudadanos: empleo precario, gastos desorbitados de vivienda, problemas de salud y ausencia de red social. El equilibrista terminó cayendo, en una metáfora visual del colapso al que tantas familias se enfrentan cada mes al intentar llegar a fin de mes.

Acción visual en la que el funambulista Aleix Hernando atravesó una cuerda mientras iba cargando símbolos de las distintas problemáticas que acumulan los ciudadanosJordi Boixareu

La vivienda, detonante de la desigualdad

El acceso a un hogar digno se ha consolidado como el principal factor de desigualdad en Barcelona. El informe señala que el 26,6% de la población —unas 730.000 personas distribuidas en 225.000 hogares— sufre problemas relacionados con la vivienda. Los precios han crecido muy por encima de las rentas familiares, especialmente para quienes viven de alquiler, dejando a más del 15% de la población en situación de pobreza severa tras pagar el alquiler o la hipoteca.

Raúl Flores, secretario técnico de FOESSA y coordinador de estudios de Cáritas Española, detalló que «los gastos excesivos en vivienda o el hacinamiento son las problemáticas más habituales que detectamos en Barcelona».

Según los datos del informe, unas 370.000 personas viven hacinadas, con menos de 15 metros cuadrados por persona, mientras que 150.000 residen en viviendas inseguras, en su mayoría realquiladas. El problema del acceso a la vivienda no solo empobrece, sino que perpetúa la exclusión social y dificulta cualquier proyecto de emancipación, especialmente entre los jóvenes.

Trabajar ya no garantiza salir de la pobreza

El informe desmonta una de las premisas fundamentales del Estado de bienestar: que el empleo es un factor protector contra la pobreza. Más de la mitad de las personas en exclusión social —concretamente el 57,5%— viven en hogares donde el cabeza de familia tiene un trabajo. La precaridad laboral, el estancamiento salarial y la temporalidad han convertido el empleo en una trampa que no garantiza estabilidad ni dignidad. «El empleo ha perdido su función protectora», señalaron los responsables del estudio.

Esta realidad afecta especialmente a los jóvenes, cuya inserción laboral se concentra en sectores caracterizados por la inestabilidad y los bajos salarios. A ello se suma la imposibilidad de acceder a una vivienda, lo que condiciona sus proyectos vitales de emancipación y formación de una familia. El informe habla de un «ascensor social averiado» y de un «concepto de meritocracia cada vez más difuso», en un contexto donde las oportunidades dependen cada vez más del nivel socioeconómico de la familia de origen.

La pobreza infantil, una herencia inevitable

Uno de cada cuatro menores de edad en la diócesis de Barcelona se encuentra en situación de exclusión social. Este dato revela que la pobreza y la vulnerabilidad se siguen heredando de generación en generación, perpetuando las desigualdades. Las oportunidades presentes y futuras de estos niños y adolescentes dependen en gran medida del nivel socioeconómico de sus familias, lo que rompe con cualquier posibilidad de igualdad de oportunidades.

El informe también alerta sobre el creciente problema de salud asociado a la exclusión social: una de cada tres personas en exclusión sufre problemas de salud, y el 8% de los hogares no puede asumir gastos de medicamentos o tratamientos. La pobreza no solo empobrece materialmente, sino que enferma física y emocionalmente.

El aislamiento social se duplica

Otro dato especialmente preocupante es el relacionado con el aislamiento social. En los últimos seis años, el número de personas en situación de exclusión que sufre aislamiento social se ha duplicado, alcanzando al 16% de este colectivo. El informe constata que hay 90.000 hogares con personas que no cuentan con ningún apoyo en situaciones de enfermedad o dificultad, lo que refleja un proceso de individualismo creciente en el que se están rompiendo los vínculos relacionales tradicionales.

Cáritas Diocesana de Barcelona concluye el informe reclamando «políticas públicas más robustas y valientes en materia de vivienda, empleo, fiscalidad y protección social». Una demanda que subraya la necesidad de abordar con urgencia y determinación un problema social que, lejos de mejorar, se agrava bajo el manto engañoso de las cifras macroeconómicas.