Miguel de Cervantes imaginando 'El Quijote' de Mariano de la Roca y Delgado

Historias de Barcelona

Así se tergiversó la fachada de la casa donde se alojó Cervantes cuando estuvo en Barcelona

Adolf Florensa reimaginó la fachada para 'medievalizarla', obviando su evolución histórica natural

En el número 2 del Paseo de Colón de Barcelona se levanta un edificio que se conoce como la «casa de Cervantes», porque la tradición dice que allí se alojó el célebre autor de El Quijote cuando estuvo en Barcelona.

El ayer y el hoy nos aportan una imagen muy diferente de la realidad. La fotografía amarillenta nos muestra, quizás, algo del edificio original que pudo ver Cervantes; la actual, no.

La casa a finales del siglo XIX y en la actualidad

Miguel de Cervantes estuvo en Barcelona entre junio y agosto de 1610. Quería embarcar hacia Nápoles con la corte del conde de Lemos, que se dirigía a tomar posesión del cargo de virrey. No pudo ser, ya que era muy mayor para tamaña aventura, y Lupercio Leonardo de Argensola, encargado de reclutar la comitiva del conde, lo dejó fuera.

En su obra Las dos doncellas, que forma parte de sus Novelas Ejemplares, Cervantes habla así de Barcelona:

Admiroles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso lector

La casa original era del siglo XVI. En el 1780 era propietario del edificio Gil Grau Ribó, corredor real de cambio. Este, que a parte construyó la casa adyacente, pidió permiso para hacer un balcón con mirador. En 1819 su hijo, Magín de Grau Pujades, pidió permiso para tapiar una puerta y anexionar el resto de la ventana situada encima.

La casa original, en la época de Cervantes, tenía planta baja y dos pisos. En el siglo XVIII se le añadieron tres plantas, utilizando elementos artísticos de otros edificios. Por ejemplo las ventanas son de los siglos XV y XVI.

Una hospedería

En la foto amarillenta leemos un cartel que pone «Casa para Huéspedes y Viajeros La Colón». Con lo cual, el edificio donde presuntamente pernoctó Cervantes, continuaba a principios del siglo XX esta función de hospedaje. Los balcones los vemos vestidos con persianas de librillo, contraventanas de madera y cristales que reflejan la luz del sol.

En la planta baja tenemos grabado sobre la pared «Biscuit and Bread Manufactory». Al otro lado, la traducción en francés y castellano. Aquel tienda vendía y fabricaba galletas, a parte de vender pan.

En primera fila un grupo de niños y algún trabajador. Los niños con gabanes largos y delantales que hablan de los oficios que se aprendían a edad temprana. No nos podemos olvidar del carro de mano de madera, sencillo y robusto, que servía para cargar sacos de harina o cajas de galleta. Esta fotografía forma parte de la historia de Barcelona. Lo mismo que el edificio, pues tal y como lo vemos ya no existe.

Un año clave

La evolución hacia el actual se produjo en el año 1945. El promotor de ese cambio fue el arquitecto Adolf Florensa. A él se debe la imagen del actual Barrio gótico de Barcelona. Florensa unificó aquella zona para darle un aire medieval, falseando la realidad.

En 1931 levantó la Casa Padellás en la Plaza del Rey, que se desmontó piedra a piedra para salvarla de ser destruida con la apertura de la Vía Layetana. Reconstruyó la Plaza de San Felipe Neri integrando fachadas de antiguos edificios gremiales. Realizó la reforma del Ayuntamiento de Barcelona, e hizo lo mismo con el Palacio del Lloctinent, sede durante años del Archivo de la Corona de Aragón. Florensa también adaptó para uso militar la Capitanía General, y se encargó de la restauración del claustro de la Catedral de Barcelona.

A la derecha, Adolf FlorensaCasa Museo Nuria Pla

Volviendo a la casa de Cervantes, su intención fue devolverle un aspecto más acorde a su supuesta importancia histórica. Eliminó los elementos modernos y comerciales que se habían añadido con el tiempo para darle una apariencia renacentista más pura.

Incorporó una galería de arcos de medio punto en la planta superior, un elemento típico de las casas señoriales catalanas del siglo XVI que no existía previamente en esa casa. Se restauraron y rediseñaron los marcos de las ventanas siguiendo un estilo histórico para mantener la coherencia visual del edificio. Toda la reforma se basó en criterios historicistas, buscando una estética que evocara la Barcelona que Cervantes habría conocido, aunque gran parte de estos elementos fueran recreaciones nuevas.

La guinda, por así decirlo de la restauración, fue colocar en la fachada un busto de Cervantes. Con ello Florensa quiso oficializar algo que siempre se ha dicho pero que no tiene una base histórica. Dicho de otra manera, no hay ninguna prueba por escrito que diga que Cervantes se hospedó allí.

La escultura se integró en la fachada siguiendo el estilo del resto de la reforma, buscando que pareciera una decoración de época renacentista que hubiera sobrevivido al tiempo, cuando en realidad fue una decisión de diseño de mediados del siglo XX. El busto es un ejemplo perfecto de cómo la arquitectura de Florensa utilizaba elementos artísticos para validar la historia que quería contar, incluso si esta no tenía base científica.

La intervención no fue una restauración científica, sino una recreación idealizada. Florensa aplicó aquí su teoría de unidad de estilo, muy criticada años después por borrar la evolución real del edificio en favor de una imagen de postal medieval/renacentista. Actualmente, el edificio está catalogado como Bien Cultural de Interés Local (Categoría C) por el Ayuntamiento de Barcelona.