Los almacenes SEPU, en las Ramblas de Barcelona

Historias de Barcelona

Subir y bajar sin esfuerzo: el centro comercial que trajo a Barcelona las escaleras mecánicas

Auge y caída de los almacenes SEPU, el que en su momento fue el centro comercial más moderno de Barcelona

Desde su creación, se repitió de generación en generación un eslogan, ideado por Henry Reisembach y Edouard Worms: «Quien calcula compra en SEPU». Estas siglas respondían a la Sociedad Española de Precios Únicos, un centro comercial que no solo representó una forma de comprar, sino que introdujo en la vida cotidiana de los españoles el concepto de modernidad en tiempos de precariedad.

La idea se asemejaba a los almacenes Woolworth que ofrecían una amplia variedad de productos en un mismo edificio y establecían un precio único. La empresa se fundó con un capital social de 3 millones de pesetas con el objetivo de «la explotación de almacenes para la venta al por menor de toda clase de operaciones financieras, comerciales o industriales por cuenta propia o de otras entidades».

El 9 de enero de 1934 se abrió el primer establecimiento en la Gran Vía de Madrid. La idea de Reisembach y Worms era democratizar el consumo a través de precios fijos y bajos. En una España en la cual el regateo era la norma, la entrada de comercios de lujo estaba vetada para las clases populares. El SEPU abrió con la idea de que la gente emplearía bien su dinero sin tener que regatear, pues los precios estaba al alcance de todo el mundo.

El éxito fue inmediato, atrayendo a una clientela diversa que encontraba en sus pasillos desde artículos de higiene y papelería hasta textiles y complementos para el hogar: todo ello a unos precios asequibles, que costaban entre 1 y 5 pesetas.

En Barcelona

Los almacenes abrieron sus puertas en Barcelona el 26 de marzo de 1935 a las 15h. Estaban en el número 120 de la Rambla de los Estudios, delante de la iglesia de Belén, y ocupaban los jardines del Palacio Moja. El edificio era obra del arquitecto Ricardo de Churruca, se convirtió en un referente de la arquitectura racionalista aplicada al comercio.

El edificio no solo destacaba por su fachada, sino por ser uno de los primeros establecimientos en España que contaba con escaleras mecánicas. Un adelanto tecnológico que se convirtió en una atracción turística en sí misma. No solo se iba al SEPU a comprar, sino a experimentar la sensación de subir y bajar escaleras sin esfuerzo.

Aquellos no eran los primeros almacenes de la ciudad –ya existían los almacenes El Siglo, Can Jorba, El Águila, Vilardell, El Barato, Capitolio–, pero sí los más modernos. El edificio tenía una superficie de 2.500 metros cuadrados, y en poco tiempo se convirtió en los almacenes preferidos de los barceloneses, donde iban a comprar ropa, productos para la casa y artículos de perfumería.

Tensiones políticas

El éxito de estos almacenes no estuvo exento de tensiones políticas. Desde sus inicios la empresa fue blanco de ataques por parte de sectores falangistas, que veían en el origen judío de sus fundadores una amenaza a los valores tradicionales. Durante la República, el diario Arriba y otras publicaciones lanzaron campañas de boicot, acusando a la empresa de explotar a sus trabajadores y de ser un instrumento de la conspiración judeo-masónica.

A pesar de estas presiones y diferentes actos vandálicos, SEPU resistió y se consolidó como el lugar preferido de las clases media y trabajadoras. Tras estallar la guerra civil, la empresa fue colectivizada y sus fundadores tuvieron que abandonar España para salvar la vida. Durante esos años los almacenes se convirtieron en centros de abastecimientos controlados por los comités de trabajadores, adaptando su actividad a las necesidades de una economía de guerra.

El antiguo edificio de los almacenes SEPU, en la actualidadGoogle Maps

Al acabar la guerra la propiedad fue devuelta a sus propietarios, aunque bajo una vigilancia constante y en un entorno económico marcado por la autarquía y el racionamiento. A partir de ese momento, SEPU desempeñó un papel fundamental en la supervivencia diaria de muchas familias. Los almacenes de precios únicos eran el lugar donde se podía adquirir lo básico, y es en este momento cuando se cimentó el carácter popular de la marca.

Los empleados pasaron a formar parte del paisaje humano con sus batas, el orden meticuloso de las estanterías y el sonido constante de las cajas registradoras. En la década de 1960 SEPU se expandió y mantuvo su dominio gracias a una logística eficiente y una oferta que se adaptaba a los gustos de la época.

Las cosas empezaron a cambiar en la década de 1980. La competencia de otras grandes superficies y centros comerciales hizo que el estilo austero y funcional fuera percibido como un modelo anticuado por las nuevas generaciones de consumidores.

Recuerdos de SEPU

En Barcelona, muchos de los que están leyendo este artículo, recordarán que por Navidades había la figura de un rey o paje, en la logia con dos grandes columnas corintias del edificio, que saludaba a todos los niños que hasta ahí se acercaba. También recordarán el olor y el sabor del chocolate con churros. El SEPU eran unos almacenes de otro tiempo, que poco o muy poco se habían modernizado, pero que guardaban una esencia muy especial.

Con la llegada de otros establecimientos el eje comercial se desplazó de Barcelona, centrándose en el Portal del Ángel o la Plaza Cataluña. El SEPU se quedó aislado en el tiempo en las Ramblas mientras el comercio crecía en otras zonas de la ciudad. La empresa intentó modernizarse, pero las deudas acumuladas y la imposibilidad de competir con estas otras superficies, hizo que cada vez tuviera más dificultades para seguir adelante.

Los problemas se agravaron en la década de 1990 con sucesivas suspensiones de pagos, en 1984 y 1994, y cambios en la dirección que no lograron revertir la tendencia negativa. Las protestas y huelgas se volvieron frecuentes. En el año 2000 el local de las Ramblas cerró definitivamente sus puertas. En 2002 se cerró el único local aún abierto en Madrid, con una deuda acumulada de 13 millones de euros a la Seguridad Social. Con ello se puso fin a siete décadas de historia comercial en España.