Una calle del Raval, de noche, en una imagen de archivoEuropa Press

Historias de Barcelona

¿Por qué el Raval se empezó a llamar el «Barrio Chino» de Barcelona? La culpa es de un reportaje

Una línea en un artículo periodístico de Paco Madrid capturó la imaginación de muchos

Existe un barrio en Barcelona que cambió de nombre gracias a un comentario pasajero, y durante casi 50 años todo el mundo lo conoció así. Se trata del Raval, que recientemente se ha puesto de moda por la serie Ravalear, de HBO Max, y que varias generaciones conocieron como el «Barrio Chino».

Con el tiempo, lo políticamente correcto hizo que se volviera al nombre original. Se trata de un barrio laberíntico de callejuelas que, antes de ser ocupado por el turismo y de que las instituciones culturales rediseñaran su fisonomía, derribando calles y construyendo ramblas y zonas verdes, era el más cercano al puerto de Barcelona después de la Barceloneta.

A pesar de lo que pueda parecer, la conversión del Raval en el Barrio Chino no se debe a la presencia de esta comunidad asiática, sino a la Revolución Industrial y, sobre todo, a la crónica periodística, que puso negro sobre blanco una realidad urbanística y social. ¿Quién y por qué bautizó el Raval como Barrio Chino?

Los orígenes del barrio

El Raval, cuyo nombre proviene del árabe rabat, que significa «arrabal» o «afueras», era en su origen una zona de campos, huertos, conventos fuera de las murallas de Barcelona. Allí estaban el convento del Carmen, el Hospital de la Santa Creu, Sant Pau del Camp, el convento de San José, el convento de los Capuchinos, el convento de Santa Mónica y el convento de San Francisco. Toda esta fisonomía conventual cambió radicalmente a partir de 1835.

La explosión de la industria textil hizo que aquella zona cambiara y se empezara a urbanizar. Se construyeron viviendas para los obreros de las fábricas con unas condiciones higiénicas mínimas. Aquel lugar de conventos y campos empezó a conocerse como Distrito Quinto. Para muchos, sobre todo los que pasaron a vivir en el Eixample o en las zonas de la vieja Barcelona, aquel barrio era un lugar marginal.

En aquellas calles y casas se instaló un microcosmos donde se mezclaban marineros, soldados desmovilizados, inmigrantes rurales, desertores, delincuentes, mujeres empujadas a la prostitución para sobrevivir y obreros de las fábricas textiles. A esto debemos unir que la vida nocturna cobró una intensidad frenética. Tabernas, burdeles de bajo copete y pensiones de mala muerte compartían espacio con la miseria. Era, por así decirlo, un territorio denso, peligroso y fascinante para quien lo observaba desde fuera.

Llegados a este punto, en plena efervescencia de los locos años veinte, un joven periodista autodidacta llamado Francisco «Paco» Madrid publicó un reportaje en la revista semanal «El Escándalo». Era octubre de 1925. Al describir el ambiente de la taberna de La Mina, un tugurio donde se congregaban las clases más desfavorecidas y los maleantes de la zona, Paco Madrid incluyó en ese reportaje la frase «porque el distrito quinto, como Nueva York, como Buenos Aires, como Moscú, tiene su barrio chino».

Una calle del Raval, en una imagen de archivoWikimedia

Paco Madrid conocía a la perfección aquellos ambientes marginales, pues pasó una temporada en la cárcel por motivos políticos. Con este nombre no pretendía describir una realidad demográfica concreta. En aquella época, con toda probabilidad, había un puñado de chinos en la ciudad y difícilmente podían crear un barrio. La idea de Madrid era describir, con ese nombre, el del submundo exótico, clandestino, peligroso y fuera de la ley que la literatura asociaba a los puertos asiáticos.

Aquella frase, en medio de un reportaje, caló en la sociedad barcelonesa. La idea se reforzó al año siguiente cuando publicó el libro Sangre en Atarazanas, una recopilación de reportajes donde se publicó de nuevo el que dio nombre al Barrio Chino. La etiqueta caló en el imaginario colectivo y coincidió en una época complicada socialmente.

El gobernador civil, el general Joaquín Milans del Bosch, un poco cansado de la confusa nomenclatura burocrática del Distrito Quinto, llegó a ordenar a sus subordinados que adoptaran el término popularizado por la prensa para referirse a la zona. De este modo, lo que nació como una licencia poética de manos de Paco Madrid, se convirtió en una denominación semioficial ratificada por el gobernador civil.

La era dorada

En la década de 1930, el Barrio Chino experimentó su década dorada. La zona atrajo a intelectuales, artistas y burgueses ansiosos de experimentar qué ocurría en aquellos bajos fondos. Locales legendarios como «La Criolla», el «Barcelona de Noche» o «Madame Petit» se convirtieron en paradas obligatorias de una ruta nocturna, donde convivían la decadencia y la frivolidad.

En salas como «La Criolla» floreció el transformismo y espectáculos de flamenco en un ambiente de libertad que desafiaba la moral tradicional. Escritores como Jean Genet o André Pieyre de Mandiargues pasearon por sus calles o vivieron allí. Este último se inspiró para escribir la novela La Marge, con la que ganó el Premio Goncourt en 1967. La novela narra el recorrido suicida de Sigismond Pons por las calles y los sótanos de la Barcelona de los años sesenta, mostrando el ambiente de miseria, prostitución y represión de pleno franquismo.

La guerra civil y la posguerra hicieron que el Barrio Chino entrara en decadencia. El cierre de muchos locales y el abandono institucional degradaron aquella zona. En la década de los setenta y ochenta el declive se agudizó con la irrupción de la heroína y el crimen organizado, transformando esas calles que antaño inspiraron a escritores en un escenario de degradación social. Recordemos que el cantante Carlos Gardel fue un asiduo de se barrio cuando estaba en Barcelona, con su gran amigo Pepe Samitier.

Los Juegos Olímpicos de 1992 sirvieron para que, las administraciones públicas decidieran intervenir de manera drástica en la zona. Mediante agresivos planes de reforma urbana que incluyeron el derribo de manzanas enteras para abrir espacios como la Rambla del Raval. Las autoridades buscaron higienizar la zona. Se recuperó el nombre oficial del Raval, y con ello se sepultó el romántico nombre de Barrio Chino.

Se consiguió erradicar con la droga y la peligrosidad en sus calles. También se modernizó la zona después de años de decadencia. Sin embargo, ciertas políticas municipales han posibilitado que, de nuevo, haya vuelto la degradación marcada por la inseguridad, los narcopisos, la suciedad y la falta de mantenimiento urbano.