Grabado del claustro de Santa Maria de Montsió, en 1840Monestirs.cat

Historias de Barcelona

El convento de Barcelona que albergó los inicios del Liceo y que hoy está en otra ciudad

El origen del gran teatro está ligado a dos conventos

La historia del Gran Teatro del Liceo de Barcelona está ligada, desde su nacimiento, a dos conventos. Ambos desaparecidos de su lugar de origen, aunque uno de ellos sobrevivió a desamortizaciones. En su actual emplazamiento estaba el convento de los Trinitarios Descalzos.

Además, en su origen, antes de que se construyera el actual edificio hubo representaciones operísticas en el antiguo monasterio de Santa María de Montsió. En ese lugar la burguesía barcelonesa quiso crear su propio teatro alejado del de la Santa Cruz, que hoy acoge el Teatro Principal, al final de las Ramblas.

La historia de Montsió se remonta a la Edad Media, en tiempos de la infanta María de Aragón (1299-1347), hija de Jaime II. Gracias a ella se pudo construir un convento extramuros, en las Drassanes, bajo la advocación de San Pedro Mártir.

Hubo un segundo convento vinculado a Santa Eulalia del Campo y el monasterio de Santa Ana. En el 1423 se establecieron en una amplia parcela comprendida entre la calle de Montsió y Plaza Santa Ana, hoy Portal de l'Àngel. En aquel enclave erigieron un conjunto conventual de notables dimensiones cuyo elemento arquitectónico más valioso era un majestuoso claustro gótico.

Este monasterio se levantó delante del actual Can Jorba. En uno de esos edificios se instaló durante años Gas Natural, hoy una tienda de ropa. Las monjas estuvieron allí hasta el 1836, cuando lo tuvieron que abandonar por los decretos de desamortización de Mendizábal. Después de la marcha de las monjas dominicas el inmueble pasó a manos de la administración pública, que debía buscarle un uso acorde a las necesidades del momento.

El convento y los soldados

Varias de las dependencias del convento fueron asignadas al ejército. En concreto al octavo batallón de la Milicia Nacional de Barcelona, un cuerpo de ciudadanos armados organizado para garantizar el orden público y defender el régimen constitucional. El capitán del batallón era el empresario y político Manuel Gibert Sans, una figura clave en los acontecimientos posteriores.

El batallón de la Milicia Nacional padecía una acusada falta de recursos presupuestarios para financiar la compra de equipo, armamento y uniformes para sus integrantes. Con el propósito de recaudar fondos, Gibert Sans decidió aprovechar la amplitud del edificio desocupado para organizar bailes públicos cobrando entrada.

El monasterio de Santa María de Montsió, en una imagen de épocaMonestirs.cat

La respuesta de la sociedad barcelonesa superó cualquier previsión. El recinto se llenaba y la afluencia de público puso de manifiesto la enorme demanda de espacios de ocio y reunión que existía en Barcelona. Ante el éxito comercial de la iniciativa, Gibert y un grupo de colaboradores decidieron transformar una parte de la antigua iglesia y de las dependencias anexas en un teatro permanente.

Para formalizar la gestión del espacio se constituyó la Sociedad Dramática de Aficionados. Bajo la dirección técnica del arquitecto municipal, las obras adaptaron el espacio del templo conventual para dar cabida a una sala con capacidad para unas seiscientas personas, con de patio de butacas, palcos sencillos y un escenario. El denominado Teatro de Montsió se inauguró el 21 de agosto de 1837. La primera obra que se representó fue la comedia El marido de mi mujer de Ventura de la Vega, acompañada por piezas cortas de sainete y exhibiciones de baile.

En 1838, la junta directiva refundó la institución bajo la denominación de Liceo Filodramático de Montesión. El aspecto diferencial de esta nueva etapa fue la inclusión en sus estatutos de una finalidad pedagógica. El centro no solo ofrecería funciones de entretenimiento, sino que crearía cátedras de enseñanza reglada para la formación de actores y de cantantes de música lírica. Esta sección académica es el origen de Conservatorio Superior de Música del Liceo. El centro obtuvo el patrocinio institucional de la joven reina Isabel II, consolidando su prestigio. Se programaron obras teatrales y óperas de Bellini, Donizetti y Rossini.

Tras la guerra

Tras finalizar la I Guerra Carlista, la Iglesia Católica inició reclamaciones legales para recuperar los bienes expropiados. En 1845 los tribunales y el gobierno central fallaron a favor de la comunidad religiosa, dictaminando la devolución del inmueble a las monjas dominicas. El Liceo Filodramático recibió la orden de desalojar el convento.

El teatro se había quedado pequeño para tanta afluencia de gente. En vez de ser un revés, aquella decisión hizo que las familias de la alta burguesía mercantil e industrial promovieran la construcción de un gran coliseo lírico capaz de competir con las grandes salas de ópera europeas. Ese fue el inicio del actual Liceo, inaugurado en 1847.

Mientras el coliseo de La Rambla iniciaba su andadura como el eje de la vida social y cultural de Barcelona, el monasterio de la calle Montsió fue de nuevo un centro religioso. Las dominicas regresaron, pero la Revolución de 1868 volvió a alterar la tranquilidad del recinto. Ante el avanzado estado de deterioro del inmueble las monjas tomaron la decisión de vender la propiedad en el casco antiguo y trasladarse a una nueva sede en el Eixample.

La iglesia, el claustro y la sala capitular se desmontaron, piedra a piedra, y se levantaron en un solar de la Rambla de Cataluña. Esto ocurría en 1888. Allí se trasladó la comunidad. Terminada la Guerra Civil las monjas decidieron establecerse en una nueva ubicación.

En 1947 compraron una finca en Esplugues de Llobregat. En 1950 levantaron un nuevo monasterio con el claustro, que fue desmontado y levantado de nuevo. La iglesia, convertida en parroquia está dedicada a San Raimundo de Peñafort. La sala capitular desapareció.

En un extremo del solar del antiguo convento se levantó la Casa Martí, proyectada por Josep Puig i Cadafalch. En la planta baja abrió sus puertas, en 1897, la taberna y centro de reunión artística Els Quatre Gats, inspirada en el cabaret parisino Le Chat Noir, frecuentada por Pere Romeu, Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Isidro Nonell y un joven Pablo Picasso. Allí tuvo su sede la Asociación Wagneriana de Barcelona impulsada por Joaquín Pena. Otro inquilino fue el abogado Narcís Verdaguer, que instaló su bufete en el principal. El actual restaurante fue reabierto en 1983, después de estar ochenta años cerrado, gracias a Pere Notó y Ricard Alsina.