Entrada prinicpal de la Agrobotiga de la CerdañaCedida

Entrevista

Ricard, técnico de la Agrobotiga Cerdaña: «No podemos competir en precios, pero sí en valores»

La Agrobotiga Cerdaña, impulsada por la Fundació Adis y la cooperativa Incorporam, es uno de los proyectos más singulares de la comarca: una pequeña tienda en Puigcerdà (Gerona) que combina inserción laboral de personas con discapacidad y promoción de productos locales de proximidad, en el marco de la economía social y solidaria.

Nacida en el contexto del proyecto Incorpora’m, la iniciativa busca crear empleo de calidad para personas con diversidad funcional y, al mismo tiempo, dar impulso a agricultores, ganaderos, elaboradores y artesanos de la Cerdaña mediante la venta de productos de kilómetro cero.

Al frente del día a día está Ricard, técnico responsable de la Agrobotiga dentro de la cooperativa Incorporam, reconocida como centro especial de trabajo. Con él hablamos sobre impacto social, equilibrio económico, desafíos del territorio y futuro de un modelo que ya reúne a unos 600 socios de consumo en una comarca catalana de alrededor de 15.000 habitantes.

¿Qué necesidades del territorio busca cubrir la Agrobotiga? ¿Qué aporta hoy a la sociedad?

–Responde a una doble necesidad. Por un lado, facilitar que los productos locales lleguen al consumidor, en un momento delicado para el sector primario. Por otro, crear oportunidades laborales y formativas para personas con discapacidad en un entorno adaptado. Al final aporta una doble oportunidad: da visibilidad a un sector agrario frágil y ofrece reconocimiento a un colectivo que en una sociedad tan competitiva no siempre tiene el espacio que merece.

–¿Cuántas personas con discapacidad o en riesgo de exclusión se han beneficiado del proyecto hasta ahora?

En el conjunto de la cooperativa Incorporam, unas treinta y tantas personas con discapacidad. Incorporam agrupa tres líneas: las Econetejas (servicios de limpieza), la Agrobotiga y el reparto de publicidad y cartelería. En la Agrobotiga, ahora mismo, son tres personas con discapacidad implicadas y estamos valorando incorporar una cuarta para el reparto de cestas en los pueblos de la comarca. No solo es empleo: también es formación y acompañamiento en un entorno protegido.

Interior de la AgrobotigaCedida

–¿Desde cuándo está activo el proyecto?

Empezó a gestarse en 2019 y se puso en marcha en 2020, en plena pandemia. Ese contexto abrió una ventana de oportunidad para arrancar el modelo y responder a necesidades que ya estaban detectadas en la Cerdaña.

–En la Agrobotiga, ¿qué tipo de tareas realizan estas personas y qué cambios observa en su vida diaria?

Trabajan sobre todo en atención al cliente, en el ámbito comercial y en apoyo administrativo y de gestión interna, que sería una extensión de mi trabajo. También estamos incorporando la figura de reparto. Para muchos es un área nueva de desarrollo personal y lo viven como un reto. La mayoría muestran un nivel de compromiso excelente y agradecen que se les valore y se cuente con su aportación a la sociedad. Aunque haya momentos duros, son muy conscientes de la oportunidad que tienen, y eso da sentido al proyecto.

–¿Podría compartir algún caso que refleje de forma clara el impacto humano de la Agrobotiga?

Tenemos el caso de un trabajador que procede de un entorno familiar muy desestructurado. El trabajo aquí no solo le aporta ingresos, sino una estructura diaria: rutinas, horarios, responsabilidad, trato con compañeros y con clientes. Todo eso le ayuda a ordenar su vida y a tomar conciencia de lo que le aportan las rutinas constructivas. Además, encuentra un entorno de acogida, un equipo que le hace sentir parte de algo. Para él, la Agrobotiga ha sido casi un refugio y una herramienta real de cambio personal y familiar.

Interior de la AgrobotigaCedida

–En un mercado laboral tan competitivo, ¿qué barreras encuentran las personas con discapacidad en la Cerdaña? ¿Cómo ayuda la Agrobotiga a superarlas?

La economía de la comarca está muy vinculada al turismo y a la estacionalidad. Eso genera un mercado laboral muy exigente, con puntas de mucha actividad y periodos muy tranquilos. Se pide una gran capacidad de adaptación y alta competitividad, y eso limita mucho las opciones de las personas con discapacidad. La Agrobotiga ofrece un entorno más estable y adaptado, con otros ritmos y otras expectativas. Se pone el foco en el acompañamiento, la formación y el compromiso, no solo en la productividad inmediata y en la presión de las puntas de temporada.

–Pasando al plano económico, ¿cómo ha ayudado la Agrobotiga a dinamizar la venta de productos agroalimentarios de la comarca y a dar estabilidad a pequeños productores?

–Somos una tienda pequeña, así que el volumen de negocio que generamos no es muy grande. Nuestra misión principal no es el beneficio económico, sino la concienciación. Ofrecemos un espacio amable donde clientes y socios van tomando conciencia del consumo de proximidad.

Hacemos una labor de visibilización del potencial productivo local. Más que en números de venta, nuestra aportación es en marketing: somos un escaparate, un altavoz, y el hecho de que el proyecto sea social hace que los productores se sientan parte de algo que también les representa.

–¿Qué entienden por producto local y de kilómetro cero? ¿Cómo seleccionan a los productores?

–Para nosotros, producto local es el que se produce en proximidad respecto al punto de venta. Hay productos que no se hacen en la comarca, como las naranjas, pero no es lo mismo comprarlas a Tarragona o Castellón que a Sudáfrica. Priorizamos proximidad y calidad.

Trabajamos con agricultores y ganaderos, pero también con artesanos: jabones, aceites y otros productos elaborados aquí por pequeños autónomos y personas con espíritu emprendedor. Les ofrecemos un espacio de difusión y les quitamos la carga de tener que encargarse ellos solos de la comercialización. Creemos que la proximidad es una herramienta clave para una economía sostenible y más resiliente.

–¿De qué manera este modelo de venta directa puede mejorar los ingresos y la seguridad de estos productores frente a los canales ordinarios?

–La clave es la visibilidad. Sabemos que no pueden competir ni en precio ni en campañas de marketing agresivas. Su valor está en el producto pequeño, hecho con buena materia prima y con cariño. Los certificados pueden ayudar, pero tienen un coste que no todos pueden asumir. Nuestra función es ser altavoz de esos proyectos pequeños, con pocos recursos, para que lleguen al consumidor que valora la economía de proximidad y el producto con historia. Es una forma de competir distinta, basada en valores, no solo en precio.

–Ha hablado de socios de consumo. ¿Qué dimensión tiene hoy la Agrobotiga en la comarca?

–Llevamos seis años en funcionamiento y tenemos 600 socios de consumo. En una comarca catalana de unos 15.000 habitantes es una cifra muy relevante. Si cada socio representa un núcleo familiar de dos o tres personas, hablamos de alrededor de 1.800 personas, cerca del 10% de la población habitual. Para una tienda de unos 50–60 metros cuadrados, con un proyecto social detrás, es una base muy sólida. Incluso si miramos otras cooperativas de consumo del eje pirenaico, estamos entre las que tienen más volumen de socios y de trabajadores.

Productos de la Agrobotiga.Cedida

–En números, ¿cuántos productores trabajan con ustedes y cómo ha evolucionado el empleo vinculado a la Agrobotiga?

–Trabajamos con unos 30 productores, además de alguna marca comercial externa vinculada también a proyectos sociales de los que somos distribuidores. En empleo hemos pasado de una persona contratada más yo como técnico a tres, y estamos en proceso de ser cuatro. En seis años es un crecimiento muy notable. Empezamos con 20 socios de consumo y ahora somos 600; el crecimiento ha sido exponencial, y ahora el reto es consolidarlo y hacerlo sostenible a largo plazo.

–¿Cómo fijan los precios para equilibrar un precio justo para el productor y asumible para las familias, en un contexto de inflación y grandes superficies?

–No podemos competir en precios, es imposible. Trabajamos con otra calidad y arrastramos las mismas tensiones que el pequeño productor. Lo que hacemos es diferenciar entre socio y no socio: el socio tiene descuentos y facilidades de pedido. Procuramos ofrecer el mejor precio posible del producto concreto que trabajamos, comparado con otros establecimientos que venden lo mismo. Lo que no podemos es comparar un queso artesanal de aquí con un queso industrial o de una gran marca que produce a escala industrial. Con la ventaja del descuento para socios, muchas veces la Agrobotiga resulta más económica para ese mismo producto.

–¿Qué significa ser socio de la Agrobotiga y qué ventajas ofrece en la práctica?

–Ser socio cooperativista da derecho a estar informado, participar en asambleas y en la toma de decisiones. En el día a día, da acceso a hacer pedidos de fruta y verdura ecológica, carne, lácteos y pan, que se preparan específicamente para cada socio. Los pedidos se hacen por la web y se recogen semanalmente en tienda o en uno de los seis puntos de distribución de verdura en la comarca. Además, el socio tiene un 10% de descuento en productos de alimentación, lo que es un incentivo importante y una forma de fidelizar y de implicar a las familias en el proyecto.

–¿Hasta qué punto cree que este modelo puede ser un motor de desarrollo económico y social para la Cerdaña?

–Como motor económico directo, al menos a corto plazo, no diría tanto. Sí es un modelo de comparación y un referente. No competimos con los grandes distribuidores, pero mostramos que se pueden hacer las cosas de otra manera, con otros valores. Como motor ideológico e inspirador para otros proyectos, sí creo que tiene un papel importante y que puede animar a otros a apostar por la economía social y por el territorio.

–Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos y oportunidades para consolidarse como referente de economía social en la comarca?

–El reto es que la gran masa de personas que ha apostado por el proyecto lo haga de forma sostenible: no crecer más de lo que podemos asumir y conseguir que los socios sigan siendo clientes habituales, no puntuales. En estos seis años hemos consolidado una base fija de clientes.

De cara a los próximos, queremos mantener el volumen de socios y estabilizar la demanda, evitando picos demasiado marcados. Necesitamos una base sólida y regular de consumo que permita mantener equilibrado todo el proyecto y, a partir de ahí, seguir abriendo oportunidades tanto para las personas con discapacidad como para los productores de la Cerdaña.