La ciudad de Lérida, en un grabado de Anton van den Wyngaerde del siglo XVI

Historia

¿Lérida o Lleida? El dibujo más antiguo que se conserva desmonta el relato nacionalista

La evolución etimológica del nombre de Lérida es compleja y fascinante

Desde 1980, el único nombre oficial de la ciudad de Lérida –y de la provincia de la que es capital– es Lleida, en catalán. Aunque el nacionalismo reniega de la actual versión en español del nombre, lo cierto es que decir «Lérida» es tan catalán o más que decir «Lleida», ya que se trata de una forma más antigua y que se utilizó durante siglos, como explica el profesor Javier Barraycoa en un artículo recogido por El Debate hace unos meses.

Esta semana, la entidad constitucionalista Convivencia Cívica Catalana (CCC) ha recuperado el debate en redes sociales, al publicar en X un grabado del paisajista flamenco Anton van den Wyngaerde de 1563 en el que retrata una panorámica de la ciudad de Lérida. Se trata del primer dibujo detallado que se conserva de la urbe, y llama la atención porque el nombre que aparece escrito en él no es otro que «Lérida».

«El grabado es de 1563, un poco antes de que naciera Franco», ironizan desde CCC. El grabado de Wyngaerde fue un encargo del rey Felipe II, y está conservado actualmente en la Biblioteca Nacional de Austria, según se recoge en la web del Museo de Lérida. «Da la idea de la importancia de la ciudad en aquel momento», señalan.

Originalmente, la ciudad no se llamaba Lérida ni Lleida, sino «Iltirta», que es el nombre que le pusieron los pobladores íberos de la zona. Al llegar los romanos, estos la adaptaron a la forma latina «Ilerda», y esta se mantuvo hasta el siglo VIII, cuando los musulmanes invadieron la ciudad. Los conquistadores actualizaron el nombre a «Lareda», vocablo que evolucionó a «Lárida»... y que es, claro, el antecedente directo del actual «Lérida».

Para llegar a la forma catalana «Lleida» hay que esperar aún varios cientos de años, hasta el siglo XII, cuando los condes Ramón Berenguer IV y Ermengol VI reconquistaron la ciudad a los musulmanes. Por la influencia occitana del norte se empezó a formar el topónimo «Lhèida» o «Leyda». Al asumir la elle castellana, con Leyda pasó como con Urgel, y pasó a convertirse en «Lleyda».

Durante siglos convivieron las formas «Lérida» y «Lleyda», como evidencia el grabado encargado por Felipe II en el siglo XVI. Se trata de un fenómeno similar a lo que ocurría entre Gerona y Girona.