Una calle del municipio valenciano de Picanya.Ajuntament de Picanya

«No los puedo echar»: los okupas se ceban con la zona cero de la dana de Valencia

Vecinos de las localidades afectadas denuncian intentos de allanamientos en viviendas anegadas por la riada

De la dana han pasado ya más de siete meses pero ni las localidades afectadas se han conseguido recuperar en un porcentaje mínimo ni la vida ha vuelto a ser igual en sus calles. Hay viviendas con grietas en sus fachadas e interiores, hay bajos que no han reabierto porque siguen destrozados por los efectos de la riada y hay familias rotas por las víctimas y porque no pueden regresar a una mínima normalidad. Las heridas siguen abiertas y fiar la curación al paso del tiempo puede ser un arma de doble filo en todos los sentidos. Con el gotear de los días lo que sí ha ocurrido es que han ido surgiendo problemáticas nuevas, realidades de la nueva dimensión en la que se encuentran los municipios más azotados por el fango, el agua y la inoperancia política. Ahora, los okupas.

Hay localidades en las que los okupas campan a sus anchas. La problemática no es de un lugar en concreto, es un fenómeno que se ha extendido de tal forma que ya en cualquier municipio se encuentran casos de forma fácil y hasta en las viviendas más insospechadas. Lo llamativo con este fenómeno es que ni la dana sirve de freno para atajarlo. O dicho de otra forma, se están okupando viviendas que se han visto afectadas por la riada del 29 de octubre.

Así lo denuncian vecinos de localidades anegadas por el Poyo, la Saleta y Horteta.

En Picanya, sin ir más lejos, se vive una situación ciertamente llamativa. Esta misma semana, según vecinos a los que ha tenido acceso El Debate, se han vivido dos situaciones en las que se han advertido okupaciones en viviendas cuyos bajos se han visto afectados por la dana.

Es decir, que los okupas intentan aprovecharse de los efectos de la riada para tener nueva vivienda. Tal es así, que según las mismas fuentes, incluso se ha dado la situación de una mujer que acogió a una familia, teóricamente afectada por la riada, y siete meses después aún siguen en su casa y la mujer ha tenido que ponerse una cerradura dado que denunciaba robos por los acogidos, a los que no podría echar de la vivienda al haber un menor entre ellos.

Y así se vive la nueva realidad en las zonas afectadas por la dana, en la que por si n hubiera problemas en el día a día, a sus vecinos les toca lidiar con una problemática que busca aprovecharse de de los efectos de una herida que sigue abierta y sangrando. Al hastío social ahora hay que sumarle ciertos casos de inseguridad ciudadana.