Imagen de archivo de la Batalla de Flores de Valencia

Imagen de archivo de la Batalla de Flores de ValenciaEl Debate

El origen de la Batalla de Flores de Valencia: 134 años lanzando claveles en el Paseo de la Alameda

Nacida en 1891 como un desfile aristocrático inspirado en el carnaval de Niza, esta cabalgata cierra cada año la Feria de Julio con una explosión de color que ha sabido reinventarse sin perder su esencia

La Batalla de Flores, es desde hace más de un siglo, una de las imágenes más reconocibles del verano valenciano. Este acto, que cierra cada año la Feria de Julio, representa mucho más que un simple intercambio de claveles: es un ejercicio de tradición, identidad y continuidad cultural que ha sabido reinventarse sin renunciar a sus raíces.

Su origen, como muchas de las grandes ideas festivas, llegó desde fuera. En 1876, la ciudad francesa de Niza instauró, con motivo del Carnaval, un desfile floral que fascinó a quienes lo presenciaron, entre ellos el valenciano Pascual Frígola Ahís Xaemar y Beltrán, Barón de Cortes de Pallás y presidente del centro cultural Lo Rat Penat. Inspirado por aquella celebración, Frígola propuso adaptarla a la capital del Turia, y en 1891 se celebró por primera vez la Batalla de Flores en Valencia, convirtiéndose en la primera de su tipo en España y en la segunda en el mundo.

Un instante de la tradicional Batalla de las Flores

Imagen de un instante de la tradicional Batalla de las Flores de ValenciaVisit Valencia

Desde sus inicios, la fiesta estuvo profundamente vinculada a la burguesía valenciana, que veía en ella un escaparate donde lucirse y celebrar de manera elegante la llegada del verano. Las primeras ediciones fueron desfiles aristocráticos en los que se exhibían carruajes, calesas y caballos ataviados con flores de colores, un tanto llamativas, que combinaban el amarillo, el rojo y el naranja como tonalidades principales. El Paseo de la Alameda, escenario que aún hoy acoge el acto, se llenaba de color y perfume mientras las clases altas competían por impresionar con su vestimenta y la decoración de sus vehículos.

La celebración sigue un ceremonial muy definido. El inicio lo marca un cortejo solemne encabezado por la Policía Municipal de gala, montada a caballo, al que sigue la tradicional «cabalgata valenciana», formada por músicos de dolçaina y tabalet, portadores de pomelos y joyas, y parejas a caballo vestidas con trajes típicos. A continuación, da comienzo el desfile de las carrozas y vehículos que compiten en el concurso. En la actualidad, aquellas carrozas clásicas han evolucionado hacia plataformas artísticas que acogen elaboradas escenas alegóricas inspiradas en la huerta valenciana.

Además, consta de dos recorridos: el primero para que las carrozas desfilen con solemnidad ante el jurado y el público; el segundo, mucho más desenfadado, para dar paso al lanzamiento de flores que se arrojaban entre los participantes y los asistentes. Ya entonces se recurría al clavel por su resistencia y por el efecto visual que producía en masa. A diferencia de lo que puede parecer, la 'batalla' nunca fue violenta ni agresiva, sino un juego ritualizado donde el decoro nunca se perdía, incluso en la efusividad.

Con el paso de los años y los vaivenes históricos, la Batalla de Flores fue perdiendo su carácter elitista para convertirse en una manifestación popular. A partir de los años treinta del siglo XX, el Ayuntamiento y las comisiones falleras asumieron progresivamente la organización del acto, y lo que había comenzado como una celebración de la alta sociedad pasó a ser un espectáculo abierto, festivo y participativo.

El desfile mantuvo siempre su estructura esencial, pero fue incorporando nuevos elementos: las carrozas dejaron de ser carruajes y se transformaron en plataformas artísticas, decoradas por artistas falleros con motivos alegóricos, inspiraciones exóticas o mensajes de actualidad. La Noche i cena de la Punxà, donde se terminan de colocar las flores en las carrozas durante la madrugada previa al evento, es hoy en día uno de los rituales más queridos por las comisiones participantes.

Imagen de la Batalla de Flores de Valencia en 2024

Imagen de la Batalla de Flores de Valencia en 2024Ayuntamiento de Valencia

En los últimos años, el despliegue técnico y logístico de la Batalla de Flores ha alcanzado cifras que impresionan. Solo en la edición de 2024, se emplearon 1,3 millones de clavelones cultivados especialmente para la ocasión en unas treinta hanegadas de huerta situadas en municipios como Alboraya, Meliana y Alcácer. La siembra se planifica meses antes para que las flores estén en su punto exacto de floración a finales de julio.

Las carrozas participantes, cerca de cuarenta, recorren el Paseo de la Alameda a partir de las 8 de la tarde, en un ambiente que combina la emoción competitiva por ganar el premio Barón de Cortes de Pallás, en honor al promotor de este evento, a la mejor decoración, y la explosión de colores que culmina al anochecer.

La Batalla de Flores no es una exclusividad valenciana, aunque fue la inspiración para el resto de España. Ciudades como Murcia, Córdoba o Laredo adoptaron este modelo a lo largo del siglo XX, adaptándolo a sus propios calendarios y estilos festivos. Pero en Valencia la celebración tiene un arraigo particular, un equilibrio entre lo estético y lo emocional, entre el arte floral y el juego popular, que la hace única. No en vano, se la considera una de las fiestas más antiguas y características del verano valenciano.

Más de 130 años después de su primera edición, la Batalla de Flores sigue siendo un espejo de la sociedad que la organiza: colorida, mediterránea, cambiante y profundamente ligada a su territorio. Un desfile que no solo arroja flores, sino también memoria colectiva, orgullo festivo y continuidad histórica.

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