Imagen de archivo de una persona en el barranco del Poyo tras la riadaEuropa Press

La Confederación Hidrográfica del Júcar admite que no centró su atención en el barranco del Poyo el día de la dana

El registro de llamadas de su presidente, Miguel Polo, revela que solo se interesó una vez por la rambla que causó la tragedia en Valencia
Los agentes de la CHJ encargados de la vigilancia dejaron de trabajar a las cinco de la tarde cuando llegaba lo peor de la riada

La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) reconoce que el 29 de octubre de 2024, cuando la dana golpeó con fuerza la provincia de Valencia, su presidente, Miguel Polo, apenas habría prestado atención al barranco del Poyo, el cauce que terminó desbordándose y causando la mayor parte de muertes y daños. El registro oficial de sus comunicaciones revela que solo realizó una llamada para conocer su estado, pese a que la alerta hidrológica en la zona se había declarado horas antes.

Además, en el mismo documento se admite que los seis agentes medioambientales de la CHJ encargados de la vigilancia de los barrancos acabaron su jornada a las cinco de la tarde, en el peor momento de la riada que acabó cobrándose 228 muertes el tráfico 29 de octubre.

El Debate ha tenido acceso al informe remitido por la CHJ a la comisión de investigación de las Cortes Valencianas. El documento, que responde a las preguntas formuladas por Partido Popular y Vox, recoge las llamadas efectuadas por Polo aquel día y confirma que el grueso de su preocupación se centró en la cuenca del Magro y el riesgo que representaba para la presa de Forata.

Cuadrante de los horarios de los trabajadores de la CHJ para vigilar el barranco del Poyo.El Debate

El foco: el río Magro y la presa de Forata

Desde primera hora de la mañana, el presidente de la CHJ se interesó por los ríos Júcar, Magro y Albaida a través de conversaciones con agentes medioambientales, alcaldes y vecinos de las zonas afectadas. La Confederación aclara que «no dispone de móvil corporativo» y que todas las comunicaciones se realizaron desde su teléfono personal.

La cronología de llamadas muestra que a las 12:20 ya se había declarado la alerta en el Poyo, pero Polo no se interesó por él hasta las 13:42, cuando habló con el agente medioambiental responsable del bajo Turia: «No había nada significativo en esos momentos», asegura el informe. Acto seguido volvió a contactar con responsables del Magro, transmitió la información a la alcaldesa de Carlet y fue informado de que el río empezaba a desbordarse en Utiel.

La secuencia se repite durante la tarde: Polo comunicó la situación del Magro a la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, y recibió hasta cuatro actualizaciones posteriores en las que se advertía que «la corriente estaba arrastrando coches».

El Poyo, en segundo plano

El seguimiento desigual queda reflejado en el informe: el Poyo quedó fuera de la vigilancia prioritaria pese a que fue el desencadenante de la catástrofe. El único medidor de caudal situado junto a la A-3 en Riba-roja fue arrastrado por la corriente a última hora de la tarde, justo cuando el sistema SAIH remitió a Emergencias el correo con la alerta crítica de más de 1.600 metros cúbicos por segundo.

En paralelo, Polo se incorporaba con retraso a la reunión telemática del Cecopi y más tarde informaba al secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, sobre la presa de Forata y el «caos existente en el CECOPI».

33 llamadas en total

El organismo ha adjuntado además la factura telefónica del presidente, en la que constan 33 llamadas durante el 29 de octubre y un par más en la madrugada siguiente. La primera comunicación del día 30 se realizó a las 7:10.

Aunque la CHJ defiende que Polo realizó un seguimiento «de los ríos en los que estaba habiendo problemas: Júcar, Magro y Albaida», los datos oficiales de sus comunicaciones evidencian que el barranco del Poyo -clave en la tragedia- quedó relegado a un segundo plano.