Imagen de la detención de uno de los polacos okupas por el doble asesinato en un chalet de Elche
El desafío a la Guardia Civil de los okupas que se atrincheraron tras un doble asesinato: «Entrad a por nosotros si tenéis bemoles»
Una mujer vio a los asesinos arrastrando los cadáveres por la calle para meterlos en un coche
La imagen provocó el horror de una mujer que había salido a pasear: de repente, se encontró a dos hombres arrastrando por el suelo dos cadáveres. Se veían señales de arrastre desde la casa y por la calle. Pretendían meterlos dentro de un vehículo para deshacerse de ellos. La testigo ocasional no daba crédito. Comenzó a chillar enloquecida y llamó a la Guardia Civil. Los asesinos, al verse descubiertos, corrieron al interior de la casa de campo de la que habían salido y se atrincheraron.
Por su parte, el guardia que cogió la llamada de petición de auxilio pensó que se trataba de una broma. Lo que describía la testigo era más propio de una película de la mafia que de la realidad. Cuando comprendió que no era ficción, mandó al lugar a todos los efectivos disponibles.
Imagen de uno de los okupas polacos detenidos en Elche por el asesinato de dos ciudadanos alemanes
El lugar era una casa de campo de La Marina, en Alicante, cerca de Elche. Allí se presentaron numerosos agentes y un negociador. Eran las 18.30 de la tarde del lunes 22 de diciembre. Trataron de hablar con ellos, pero no hubo manera de que contestaran. Mientras, trataron de averiguar quiénes eran. Pronto lo supieron: dos polacos de 19 y 35 años de edad. Una juez los acaba de dejar en libertad después de asaltar un concesionario.
En los calabozos de la policía, mientras estuvieron detenidos, se defecaron en las celdas, insultaron a los agentes, les escupieron, les pegaron e insultaron. A pesar de ello, Su Señoría consideró que lo correcto era dejarlos en la calle, a su libre albedrío. Las cosas de la justicia.
De allí se fueron a okupar la casa. El dueño era un alemán que, en cuanto se enteró, en su país, que habían forzado la entrada, mandó a tres amigos de su misma nacionalidad a preguntar qué pasaba e invitarles a irse. Nada más llegar, ni les dejaron hablar, les molieron a palos. Uno logró huir, pero está ingresado en la UCI muy grave. Los otros fallecieron por los traumatismos.
Durante horas un negociador de la Benemérita trató de comunicarse con ellos sin éxito. Los dos polacos salieron de la casa y. retadores. miraron a los agentes. Los guardias les apuntaron con sus armas y les ordenaron que se tiraran al suelo. Ninguno obedeció. Les dio lo mismo. Se dieron media vuelta y sin aparente miedo retornaron a la casa.
Imagen del dispositivo desplegado por la Guardia Civil
A las 7.00 de la mañana del día siguiente un segundo negociador de apoyo, con la ayuda de una traductora, trató de hablar con ellos. Poco había que negociar porque no tenían rehenes. Lo único, convencerles de salir o ganar tiempo para que llegase un grupo de asalto a la casa: no se sabía ni cuántas personas había dentro ni si manejaban armas.
Finalmente se logra hablar con ellos y se les invita a salir pacíficamente con las manos en alto. Los guardias no quieren heridos. Los polacos se niegan: «Entrad si tenéis cojo..., aquí os esperamos, valientes». Finalmente llega el grupo de asalto, un equipo táctico. Veinte agentes pertrechados de escudos, chalecos balísticos y cascos. Los polacos no se atreven a resistirse. Pasan a disposición judicial y esta vez Su Señoría los mete en prisión provisional.