Detenidos tras una investigación policial en la provincia de Alicante
Alicante cierra 2025 con todos los homicidios resueltos y las estafas como gran amenaza
Alicante ha cerrado 2025 con un balance policial marcado por un fuerte contraste: máximos en eficacia para los delitos más graves y una presión creciente de la delincuencia vinculada al fraude. La Policía Nacional ha logrado esclarecer los seis homicidios cometidos en la provincia durante el año y prácticamente la totalidad de las agresiones sexuales con penetración, al tiempo que advierte de que las estafas siguen ganando terreno y complejidad.
Los datos forman parte del balance anual de criminalidad presentado por la Comisaría Provincial, en el que también se constata un descenso de los delitos de malos tratos y de los delitos contra la vida. El portavoz de la Policía Nacional en Alicante, Cristian Plazas, ha subrayado que la tasa de esclarecimiento de los homicidios alcanza el 100 %, mejorando incluso los registros del año anterior.
Este resultado se apoya, en buena medida, en el trabajo de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de Policía Judicial, que ha conseguido resolver prácticamente todas las agresiones sexuales con penetración registradas en la demarcación alicantina, uno de los ámbitos más sensibles y complejos de la investigación criminal.
A pesar de estos datos positivos, el balance de 2025 también refleja un ligero repunte de delitos como las lesiones, los hurtos y los robos con fuerza en vehículos, una tendencia que la Policía vincula a comportamientos cotidianos cada vez más descuidados.
El regreso del robo en vehículos
Según Plazas, este aumento no responde a estructuras criminales organizadas, sino a delincuentes reincidentes que actúan de forma oportunista. «Nos hemos vuelto un poco más confiados en dejar cosas dentro del coche», ha señalado el portavoz policial. Basta una ventanilla rota para que se lleven todo lo que encuentran a su alcance.
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Desde la Policía Nacional insisten en no dejar objetos de valor a la vista, especialmente tarjetas bancarias, y en la importancia de registrar los números de serie de pertenencias como dispositivos electrónicos o balizas de emergencia. «Si la tenemos identificada nosotros, podríamos ponerle nombre y apellidos a esa baliza», lo que facilita su recuperación y refuerza la imputación penal.
Las estafas, el gran frente abierto
El principal foco de preocupación sigue estando en las estafas, que mantienen una tendencia sostenida al alza en la provincia. Tres modalidades concentran la mayor parte de las denuncias: el falso banco, el falso alquiler y el timo del hijo en apuros, que tras un periodo de descenso «ha vuelto a remontar».
En el fraude del falso banco, los delincuentes suplantan a entidades financieras mediante llamadas o mensajes urgentes para obtener las claves de la víctima. El falso alquiler aprovecha la alta demanda turística con anuncios de viviendas inexistentes y fotografías atractivas que buscan el pago de una entrada. El timo del hijo en apuros apela directamente a la urgencia emocional, simulando una situación crítica para reclamar dinero inmediato.
Criptomonedas: un fraude en expansión
A este escenario se suma el auge de las falsas inversiones en criptomonedas. Aunque no es todavía el delito más numeroso, Plazas ha advertido de que «está cogiendo un auge». Los estafadores captan a las víctimas a través de anuncios y grupos de mensajería, apoyándose en supuestos inversores de éxito que actúan como reclamo.
Cuando la víctima intenta retirar los beneficios, se le exige una nueva aportación económica, quedando atrapada en una espiral de fraude sin salida. Muchas de estas investigaciones resultan especialmente complejas, al estar ligadas a entramados organizados, en ocasiones con conexiones fuera de España, y al uso de las denominadas mulas bancarias para mover el dinero y dificultar su rastreo.
El balance de 2025 deja así una doble lectura: la Policía Nacional ha logrado consolidar altos niveles de eficacia en los delitos más graves, mientras el desafío se desplaza hacia un fraude cada vez más sofisticado, que exige prevención, rapidez en la denuncia y una ciudadanía menos confiada.