La ciudad de Ilulissat rodeada de paisajes cubiertos de nieve

Imagen de archivo ciudad de Ilulissat, en Groenlandia, rodeada de paisajes cubiertos de nieveGetty Images

Groenlandia, 'descubierta' por españoles: un pico con el nombre de un pueblo de Valencia da fe de la hazaña

Con el control de Venezuela tras la detención del dictador Nicolás Maduro el pasado tres de enero y con los conflictos en Gaza y Ucrania con avances poco significativos desde hace algún tiempo, el mayor foco de controversia en cuanto a política internacional pasa por las ansias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de hacerse con Groenlandia. Más allá de lo militar, este territorio danés es la isla más grande del mundo, posee la segunda mayor masa de hielo del planeta y se calcula que podría albergar el 25 % de las llamadas tierras raras de todo el globo.

Todo ello convierte a Groenlandia en un enclave geopolítico y geoestratégico de primer nivel. Pero también en la escalada y el montañismo. De ello bien sabe Héctor Verdú, un vecino de la localidad valenciana de Ontinyent (Onteniente en castellano), que con otros seis valencianos más y un murciano realizaron una visita-exploración a la zona. Ocurrió en 1970 y de ello dio cuenta José Luis Torró el pasado 11 de enero en su espacio semanal de opinión en El Debate, Preguntas en Frío.

Ahí, explicó que Verdú en Groenlandia «bautizó un pico con el nombre de Onteniente y en cuya cima colocó una placa donada por el Ayuntamiento». Fue el 1 de agosto y estaba virgen a una altura de 2.240 metros. Con su experiencia en escalada como primero de cuerda, y sin saber tanto él como el resto de la expedición lo que se encontrarían a llegar, el 25 de julio comenzaron la escalda. Previamente, el 18, habían llegado a Copenhague y dos días después ya estaban en la gran isla ártica, donde estuvieron hasta a menos diez grados, una temperatura que se puede considerar 'agradable' dado el clima propio de esas latitudes.

A lo largo de 34 días que estuvieron, consiguieron coronar 25 cumbres y descubrieron siete glaciares y tres lagos. Ninguno de ellos aparecía en los mapas. De hecho, a uno de estos lagos le puso el nombre de Pou Clar, uno de los lugares más emblemáticos de Ontinyent, donde dejaron una placa con unos versos de un poema. Eso sí, fue más simbólico que efectivo, ya que el Consejo de Ancianos de allí no permite nombrar zonas con palabras de otro idioma que no sea el autóctono, es decir, el Inuit.

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