Imagen de Mossen Voro, cura de Alfafar que comparte su fe en redes socialesInstagram

Misas en directo y más de 60.000 seguidores en redes sociales: así es el cura valenciano que arrasa en TikTok

El padre Mossen Voro, originario de Alfafar, graba contenidos entre la reflexión cotidiana y humor, con vídeos que conectan la vida diaria con el Evangelio

La fe también ha escalado a las redes sociales y lo ha hecho siguiendo los códigos de las nuevas generaciones. No es un fenómeno aislado, sino una tendencia que se viene consolidando en los últimos años, en los que la religión ha encontrado nuevas formas de expresarse y de llegar a públicos que antes estaban fuera de su alcance. Desde influencers como Tomás Páramo y su familia, que muestran abiertamente sus creencias ante millones de seguidores, hasta marcas de ropa con mensajes cristianos o contenidos espirituales adaptados a Instagram y TikTok, la vivencia religiosa ha dejado de limitarse al templo físico para ocupar también el espacio digital.

En este contexto destaca la figura de Mossen Voro, un joven sacerdote valenciano que se ha convertido en un fenómeno viral. Desde Alfafar, una de las localidades más castigadas por la dana, retransmite en directo sus misas a través de TikTok y publica vídeos de contenido religioso que combinan espiritualidad, cercanía y humor. Su perfil supera ya los 60.000 seguidores en Instagram y suma muchos más en TikTok, donde sus directos congregan a miles de personas cada semana.

Su lema, que adapta el mandato bíblico al lenguaje actual, resume bien su manera de entender la evangelización: llevar el mensaje al «mundo digital». Mossen Voro es párroco de la iglesia de la Santa Fe y durante la riada abrió las puertas del templo para refugiar a decenas de vecinos, un gesto que reforzó su vínculo con la comunidad. Desde su casa, que se ha convertido en una especie de improvisado estudio creativo, graba contenidos que se mueven entre la reflexión cotidiana y el humor, con vídeos que van desde doblajes divertidos hasta mensajes que conectan la vida diaria con el Evangelio.

En sus retransmisiones en directo oficia el ángelus y la misa dominical, que en algunas ocasiones han sido seguidas por miles de personas en tiempo real. Su historia personal también conecta con muchos jóvenes: antes de ordenarse sacerdote fue electricista, creció jugando a videojuegos y dio el salto a las redes sociales de forma progresiva. El gran impulso llegó tras la pandemia, cuando la necesidad de comunicación digital se hizo evidente incluso para la Iglesia. A partir de entonces, decidió tomarse en serio este canal y profesionalizar sus contenidos con apoyo técnico.

Su forma de comunicar no está exenta de polémica. Mientras muchos seguidores agradecen su cercanía y reconocen que su estilo les ha ayudado a acercarse de nuevo a la fe, también hay críticas, tanto desde dentro como fuera de la Iglesia. Algunos consideran inapropiado que un sacerdote baile o utilice formatos propios de TikTok, y en redes no faltan los comentarios ofensivos o despectivos. Mossen Voro reconoce que convive con los llamados ‘haters’ y que ha aprendido a poner límites para preservar su salud mental, sin renunciar por ello a su mensaje.

Más allá del caso concreto, su éxito refleja un cambio profundo en la manera de transmitir la fe. Los llamados misioneros digitales han encontrado en las redes un espacio donde adaptar el mensaje cristiano a nuevos lenguajes, alejados del tono solemne del púlpito tradicional. En ese ecosistema conviven vídeos humorísticos, reflexiones personales, música, deporte y espiritualidad, en una mezcla que busca conectar con un público joven acostumbrado a consumir contenido rápido y visual.

Para Mossen Voro, el potencial de este tipo de evangelización es enorme y cree que la Iglesia debería apostar más decididamente por apoyar estos proyectos. En un entorno digital saturado de estímulos, sostiene que los contenidos espirituales encuentran su espacio cuando se presentan de forma auténtica y cercana. Su caso, como el de otros religiosos activos en redes, demuestra que la fe no solo se adapta a los nuevos tiempos, sino que también encuentra en ellos una oportunidad para reinventarse y seguir llegando a quienes, de otro modo, quizá nunca cruzarían la puerta de una iglesia.