Fachada del cine Cervantes en Torrent, Valencia

Fachada del cine Cervantes en Torrent, ValenciaWikipedia

Más de cien años de historia: el cine en pie más antiguo de España está en un pueblo de Valencia

La provincia también guarda otro récord con el cine de verano más antiguo del país que todavía sigue en funcionamiento

El cine forma parte de la memoria sentimental de España desde hace más de un siglo. Desde las primeras proyecciones ambulantes hasta las grandes salas urbanas que marcaron generaciones enteras, el séptimo arte ha sido un espejo de la evolución social, cultural y tecnológica del país. Sin embargo, cuando se intenta responder a la pregunta de cuál fue el primer cine de España o cuál es el más antiguo que sigue existiendo surgen debates, matices y teorías enfrentadas. Algunas miran hacia Madrid y a sus primeras experiencias cinematográficas estables, otras se apoyan en salas hoy desaparecidas o profundamente transformadas. Lo que sí está documentado con rigor es que el edificio del Cine Cervantes de Torrent, en la provincia de Valencia, es en la actualidad el inmueble construido expresamente como sala de cine más antiguo de España que todavía se conserva en pie.

Así lo acredita un informe elaborado por el investigador Jorge Sánchez Antúnez tras un exhaustivo cruce de archivos municipales, bibliografía especializada y los principales inventarios estatales sobre patrimonio cinematográfico del siglo XX. Inaugurado en 1911, el Cervantes es una huella viva de los primeros pasos del cine como espectáculo popular en nuestro país.

A comienzos del siglo XX, el cine aún estaba buscando su lugar y muchas proyecciones se realizaban en teatros, salones recreativos, casinos o incluso edificios religiosos desacralizados. El Cine Cervantes rompe con esa lógica desde su origen, ya que fue concebido y construido específicamente como cinematógrafo, no como un espacio reaprovechado. Esa diferencia, que puede parecer menor, es clave según los criterios que aplica el Instituto del Patrimonio Cultural de España dentro del Plan Nacional de Patrimonio del siglo XX, un programa que desde 2014 se dedica a localizar, estudiar y catalogar salas históricas en todo el territorio.

Bajo esos parámetros -edificio de nueva planta, uso exclusivo como cine y estructura original reconocible- no existe hoy ningún inmueble anterior a 1911 que cumpla todas las condiciones. La investigación se apoya en el inventario estatal actualizado en 2022, que reúne cerca de 2.700 espacios donde en algún momento se proyectó cine, además de bases de datos especializadas como Prospectos de cine. El trabajo de Sánchez Antúnez ha consistido, en gran medida, en ir descartando uno a uno los casos anteriores que tradicionalmente se citaban como los más antiguos. Muchos de ellos fueron teatros decimonónicos adaptados, locales polivalentes o edificios profundamente reconstruidos.

El Cine Cervantes se levantó tras la apertura de la calle que hoy lleva su nombre y fue impulsado por el hacendado Francisco Torán Fabiá. La autorización municipal data del 22 de septiembre de 1911 y las actas dejan poco margen a la duda: desde el principio se habla de «cinematógrafo». La fachada, de estilo modernista contenido, lucía ya el rótulo de Cine Cervantes, y las proyecciones comenzaron de manera estable, como mínimo, en la primavera de 1912. Todo apunta a que nunca fue un teatro reconvertido, sino una sala pensada desde el primer momento para el nuevo arte que estaba conquistando al público.

En sus primeros años alternó cine y representaciones teatrales, en los años cuarenta se reformó el interior para ampliar el aforo y, a partir de 1969, vivió una transformación radical al convertirse en sala de fiestas y discoteca. Estas modificaciones alteraron profundamente el interior, pero no borraron su esencia. Aún hoy pueden reconocerse elementos clave de su estructura original, como el patio de butacas, los palcos o el escenario. El problema es el estado de conservación. Aunque el edificio sigue en pie, el deterioro interior es muy acusado y, como advierte el propio investigador, cada año que pasa sin una intervención clara acerca un poco más el riesgo de colapso. El Ayuntamiento de Torrent adquirió el inmueble en 2020 y actuó sobre la fachada para adecentarla, pero todavía no existe un proyecto definido que garantice su futuro.

Durante décadas, Torrent fue el gran polo cinematográfico de l'Horta Sud, solo por detrás de Valencia capital. Se estrenaban películas antes que en otras localidades cercanas y los fines de semana la avenida principal se llenaba de gente llegada de pueblos vecinos. Entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta se pusieron en marcha hasta doce salas, con ocho abiertas al mismo tiempo, una cifra difícil de imaginar hoy. El último cine estable, Torrent Decine, bajó la persiana en 1989. Un intento posterior en un centro comercial resistió apenas hasta 1996, cerrando así un siglo de proyecciones continuadas en la ciudad. Hoy, el edificio del Cervantes permanece en el centro histórico, casi en ruinas y sin una protección específica acorde a su valor.

Cine de verano más antiguo en funcionamiento

Más allá de Torrent, la provincia de Valencia conserva otro récord cinematográfico que habla de una forma distinta de entender el cine. En el municipio de Serra, en pleno Parque Natural de la Sierra Calderona, sigue funcionando el cine de verano más antiguo de España. Desde 1958, su pantalla al aire libre no ha fallado a ninguna temporada estival. Nació de manera humilde, con materiales sencillos y proyecciones casi artesanales, y con el tiempo se convirtió en un símbolo de resistencia cultural. Su historia está ligada a una iniciativa vecinal que transformó antiguos campos en viviendas y espacios comunitarios, entre ellos el cine. Décadas después, fue también pionero al dar el salto a la proyección digital, lo que le permitió ofrecer estrenos recientes pese a funcionar solo unos meses al año.

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