Imagen de archivo del Jardín de Monforte, Valencia
Así es el jardín más antiguo de Valencia: un refugio del siglo XIX escondido en pleno centro de la ciudad
Este pulmón verde fue declarado Jardín Artístico Nacional y está lleno de setos, mármol y estanques
Valencia es mucho más que la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la Catedral o la plaza del Ayuntamiento. La ciudad está repleta de joyas para visitar, rincones que invitan a detenerse y que permitirían pasar días enteros explorándolos sin llegar nunca a conocerlos del todo. Entre calles históricas, barrios con identidad propia y espacios culturales, sobresale un pulmón verde que sorprende por su elegancia y su silencio, un refugio de calma en pleno corazón urbano de la capital del Turia.
Este espacio es el jardín más antiguo de Valencia y uno de los más valiosos desde el punto de vista histórico y artístico. Su origen se remonta a mediados del siglo XIX, cuando un antiguo huerto fue transformado en un jardín privado siguiendo la sensibilidad romántica de la época. El proyecto fue encargado al arquitecto Sebastián Monleón y dio lugar a un recinto de algo más de doce mil metros cuadrados concebido para el paseo sosegado, la contemplación y el disfrute estético. Con el paso del tiempo, su importancia patrimonial quedó reconocida oficialmente al ser declarado Jardín Artístico Nacional en 1941, una distinción que subraya su singularidad dentro del paisaje urbano valenciano.
Entrada al Jardín Monforte, un pulmón verde de 12.000 metros cuadrados en la ciudad de Valencia
Durante décadas fue un jardín de uso privado hasta que pasó a manos municipales en 1970. Tras una cuidadosa restauración, abrió finalmente al público en 1973, conservando intacta su estructura original y convirtiéndose en el último jardín histórico-artístico del siglo XIX que se mantiene en la ciudad. Hoy, sigue siendo un testimonio vivo de otra manera de entender los espacios verdes, donde el diseño, la escultura y la vegetación dialogan con una armonía poco habitual.
El trazado combina diferentes estilos que se suceden de forma natural a lo largo del recorrido. Las zonas más cercanas al palacete responden a una estética claramente neoclásica, con setos geométricos recortados, parterres perfectamente definidos y una cuidada simetría que marca el ritmo del paseo. Más adelante, el jardín se vuelve más libre y naturalista, con senderos que se adentran en un pequeño bosquete y generan una sensación de intimidad y recogimiento. Esta transición refleja la influencia romántica de su época y aporta variedad a la experiencia del visitante.
Uno de los grandes atractivos del jardín es su notable colección escultórica. A lo largo del paseo aparecen numerosas estatuas de mármol, jarrones ornamentales y fuentes que refuerzan el carácter artístico del conjunto. Las figuras clásicas, inspiradas en la mitología y la tradición grecorromana, conviven con surtidores y estanques que aportan sonido y frescor, convirtiendo el jardín en un espacio pensado para los sentidos. Algunas de estas fuentes se han convertido en auténticos iconos del lugar y contribuyen a crear escenas de gran belleza visual.
Imagen de archivo del Jardín de Monforte, Valencia
La riqueza botánica es otro de sus grandes valores. El jardín alberga árboles y arbustos de considerable antigüedad, entre los que destacan ejemplares singulares como el magnolio o un imponente Ginkgo biloba que puede alcanzar alturas sorprendentes. A esta diversidad vegetal se suma una exposición permanente de bonsáis al aire libre, considerada única en Europa, que aporta un interés añadido para los amantes de la jardinería y la botánica.
En el centro del conjunto se alza un elegante palacete de inspiración francesa, concebido como finca de recreo y estrechamente vinculado al jardín. Aunque no se puede visitar por su interior, ya que actualmente se utiliza para la celebración de bodas civiles, su presencia aporta un aire aristocrático y completa la imagen de este espacio singular. La entrada al jardín, flanqueada por leones de piedra de gran valor artístico, anticipa el carácter monumental que se despliega en su interior.
Hoy, este jardín histórico sigue siendo un lugar para el reposo y la contemplación, un espacio donde el tiempo parece discurrir de otra manera. Lejos del bullicio de la ciudad, invita a pasear sin prisas, a sentarse junto a una fuente o a perderse entre setos y esculturas. En una Valencia dinámica y luminosa, este rincón verde recuerda que la ciudad también sabe ser silenciosa, elegante y profundamente histórica.