Imagen de la central nuclear de Cofrentes
Sánchez desoye a Bruselas, se niega a ampliar la vida de la nuclear de Cofrentes y amenaza el 50 % de la producción eléctrica valenciana
El Gobierno mantiene noviembre de 2030 como fecha prevista para el cierre de la estratégica infraestructura valenciana
Hubo un tiempo tan lejano en el que el Gobierno de España y la Comisión Europea (CE) iban de la mano. En política interior y exterior, Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen eran 'uña y carne'. El socialista, no obstante, ha utilizado esa relación para justificar en el ámbito doméstico algunas decisiones de carácter internacional. Así, el Ejecutivo reconoció por su cuenta y riesgo al Estado de Palestina sin que previamente lo hubiese hecho la Unión Europea (UE). Aun con todo, el premier español presumía de ir «de la mano» con Bruselas.
Desde hace unos pocos días, esa comunión parece que se ha roto después de que la mandataria comunitaria reconociera, años después, que el hecho de haber apostado todo a las energías renovables y haber denostado a la nuclear fue un «error estratégico». Con esa afirmación, el argumentario fabricado en el Palacio de La Moncloa con tanto ahínco desde el primer se ha venido abajo como si de un castillo de naipes se tratara.
Y es que Sánchez, siempre contando con el apoyo de sus socios de investidura, en todo momento ha denigrado la energía nuclear. De hecho, no es casualidad que su vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica fuese Teresa Ribera y que, después de las elecciones europeas de 2024, ésta fuese número dos de la Comisión y sea ahora la responsable máxima en lo relativo a lo energético.
Cofrentes y el trasvase Tajo-Segura
Las palabras de Von der Leyen han llegado justo cuando no pocas centrales nucleares de España están a punto de cumplir su ciclo de vida útil y el Gobierno central ni siquiera se plantea prolongarlo pese al complejo, incierto y volátil escenario global, con varias guerras en curso, la última la que libran Estados Unidos e Israel contra el régimen de los ayatolás en Irán.
Entre estos centros afectados está la valenciana de Cofrentes. Su papel es básico para la región y para el resto del país. Así, la infraestructura aporta el 10,9 % de la demanda nacional de energía eléctrica y, en términos regionales, el 52 % de la producción en la Comunidad Valenciana. Ni siquiera con esos datos sobre la mesa el Ejecutivo de Sánchez tiene en el horizonte más cercano ampliar la apertura de Cofrentes, cuyo cierre está previsto para noviembre de 2030.
Fecha fija. Como la postura del Gobierno, que no se mueve de su relato al igual que lleva haciendo desde hace años con el trasvase Tajo-Segura. En ambos casos, una supuesta razón ecologista y medioambiental prima frente a los informes de expertos y técnicos en las respectivas materias. La consecuencia: adiós a la eventual soberanía energética y, por el contrario, el camino hacia el colapso energético.
Sánchez huyó de Paiporta cuatro días después de la dana de Valencia del 29 de octubre de 2024. Por su precipitada espantada, quizás no pudo saber, bien por boca de la propia delegada del Gobierno en la Comunidad, Pilar Bernabé, o bien por la de otra gente directamente implicada, que la central nuclear de Cofrentes genera, entre 3.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos, que se traslada a otros 184.000, que es motor económico de la zona y que, durante las riadas, fue clave para abastecer de energía a empresas y hogares.
Almaraz
Las repercusiones también ponen en jaque a Sánchez y los suyos en esta cruzada contra Cofrentes en particular. Así, a la región no le quedaría más remedio, con todo lo que ello conlleva, que importar nada más y nada menos que el 74 % de la energía que se consume al cabo de todo un año, dado que el déficit sería de 8.000 megawatios/hora y, entre otros aspectos, 2,5 millones de viviendas notarían el impacto de primera mano.
Ni siquiera la frase expresión de «que la pidan» hace variar al Gobierno. La cerrazón de Sánchez y, por extensión, de la sucesora de Ribera, Sara Aagesen, es férrea. No es no. Con las pasadas elecciones en Extremadura del 21 de diciembre, la ministra, en modo campaña, abrió la puerta a ampliar la vida útil de la central de Almaraz, lo que supuso un hilo de esperanza para Cofrentes. Pero el sonoro batacazo de los socialistas terminó por confirmar que, precisamente, se trataba de eso: un simple anuncio. Mientras tanto, en Cofrentes seguirá reinando la incertidumbre y la indignación.