Paso de la Santa Cena de AlicanteHermandad Santa Cena de Alicante/Tony Díez

El coloso del Jueves Santo: más de tres toneladas de fe sobre los hombros de Alicante

Más de 200 costaleros asumen cada año el titánico reto de procesionar por el centro de la ciudad el paso de la Santa Cena, considerado el de mayores dimensiones y peso de toda España

Cuando las puertas de la parroquia de María Auxiliadora se abren en la tarde del Jueves Santo, el tiempo parece detenerse en Alicante. Ante la expectación de miles de alicantinos y turistas, arranca la milimétrica maniobra de salida del paso de la Santa Cena, una imponente mole de madera y arte sacro que supera los 3.000 kilos de peso. Levantar este monumental trono exige el esfuerzo físico y la coordinación extrema de más de 200 costaleros, quienes transforman las estrechas calles del centro en el escenario de una de las gestas devocionales más sobrecogedoras de la Semana Santa española.

Con unas medidas colosales que superan los once metros de largo y rondan los seis de ancho, el mero tránsito de la estructura supone un desafío técnico de primer orden. Especialmente crítica resulta su salida a la calle Ferré Vidiella, donde el imponente varal amenaza con rozar la arquitectura frente al templo.

La envergadura del conjunto hace que la trama urbana se quede literalmente pequeña, obligando a los capataces a sortear los obstáculos con cautela milimétrica. En ocasiones, la exigencia de la ruta hace imprescindible la solidaridad de braceros pertenecientes a otras hermandades para mantener a flote semejante monumento.

Sobre el trono, la escena de la institución de la Eucaristía cobra una vida inusitada gracias a trece tallas de tamaño real que representan a Jesús y a sus doce apóstoles. El conjunto destaca por un realismo que trasciende la propia imaginería: la gran mesa central se engalana cada año con alimentos auténticos. Frutas, pan, verduras, toñas, peces y un cordero pascual asado componen un bodegón montado con mimo durante la mañana en el patio del antiguo colegio salesiano. Lejos de ser un mero ornato, este gran banquete tiene un marcado fin caritativo.

Paso de la Santa Cena de Alicantehttps://www.santacenaalicante.es/

Tras finalizar el recorrido, las viandas son donadas al asilo del Cottolengo de San Vicente, a excepción de las fresas, que por arraigada tradición se destinan a los Hermanos Salesianos. En el centro del paso, escoltado por nazarenos de capa roja y vesta marfil, el Cristo de la Cena luce tres potencias de oro cedidas por su cofradía homónima de Sevilla y porta sobre la cabeza un tefilín traído expresamente desde Tierra Santa.

El resurgir salesiano

Para comprender la magnitud de la actual Pontificia, Real, Ilustre, Venerable y Salesiana Hermandad hay que remontarse a 1775. Fue en el castizo barrio de San Antón donde trabajadores de oficios humildes -panaderos, alpargateros y cordeleros- fundaron la cofradía primigenia. Aquellos pioneros financiaron un grupo escultórico originario salido de la gubia de Francisco Salzillo con una norma singular y única en la provincia: al costear ellos mismos las imágenes, se convirtieron en sus custodios. Cada figura retornaba a los domicilios particulares terminada la procesión, una particularidad que bautizó popularmente a su lugar de residencia como la calle de La Cena (actual calle Díaz Moreu).

El paso de la Santa Cena procesionando por las calles de Alicantesantacenaalicante.es

Aunque aquella histórica hermandad desapareció por causas desconocidas a finales del siglo XIX y su antiguo paso acabó vendido a Elche y posteriormente a la cofradía de los Californios de Cartagena, el arraigo no se extinguió. En diciembre de 1962, los Antiguos Alumnos Salesianos tomaron el testigo y refundaron la institución, que volvió a pisar las calles en abril de 1963 con nuevas tallas.

Hoy en día, la corporación no solo exhibe un músculo patrimonial inigualable con sus más de 570 cofrades, sino que mantiene intacta la vocación solidaria de sus inicios. A través de la Fundación Hermandad de la Santa Cena, creada en 1998, la entidad destina el 3 % de sus ingresos brutos a obras sociales, reparto de alimentos y apoyo educativo, demostrando que en Alicante el peso de la tradición se equipara, kilo a kilo, con el de la caridad.