Cartel de desaparecido de Vicente L.G, agresor sexual reincidenteEl Debate

El violador fugado de Castellón: más de 40 denuncias y se hacía pasar por agente del CNI para extorsionar

Se quitó la pulsera telemática el 9 de abril, cuando debía presentarse ante el juzgado para ingresar en prisión y permanece en paradero desconocido desde entonces

Agresiones sexuales, extorsiones con vídeos íntimos, coacciones psicológicas extremas, denuncias falsas, amenazas de muerte, manipulación de menores y hasta fingir ser agente del CNI o estar vinculado a cárteles del narcotráfico para intimidar a sus víctimas. Con más de 40 denuncias y decenas de atestados policiales acumulados a lo largo de los años, Vicente L.G., de 45 años y residente en Castellón, se ha convertido en uno de los fugitivos más buscados de la provincia tras protagonizar una trayectoria delictiva que, por su variedad y puesta en escena, roza lo teatral y lo inquietante.

Su nombre ha vuelto a la actualidad no solo por la gravedad de los delitos por los que ha sido condenado, sino porque desde el pasado 9 de abril se encuentra en paradero desconocido. Ese día debía presentarse ante el juzgado para ingresar en prisión tras una condena firme, pero en lugar de hacerlo se quitó la pulsera telemática que controlaba sus movimientos y desapareció sin dejar rastro.

«Persistente reincidencia criminal»

Este individuo, descrito físicamente como un hombre de complexión atlética, unos 1,85 m de altura, cabello castaño y ojos marrones, desapareció en Castellón de la Plana, según la alerta difundida por SOS Desaparecidos, y desde entonces su paradero es completamente desconocido. La Policía Nacional y la Guardia Civil mantienen activo un dispositivo de búsqueda, conscientes de que se trata de un sujeto potencialmente peligroso cuya conducta, evaluada en informes policiales, revela «rasgos conductuales asociados a la psicopatía» y una «persistente reincidencia criminal».

El último capítulo de esta historia ocurrió cuando un tribunal de la Audiencia Provincial impuso a Vicente una pena de ocho años de prisión y una indemnización de 15 000 €, tras ser declarado culpable de agresión sexual y amenazas. En lugar de entregarse, se quitó el dispositivo de control telemático que llevaba y se esfumó la noche anterior a la vista en que debía ingresar en prisión. Desde entonces, su imagen y descripción recorren aeropuertos, estaciones y fronteras interiores, mientras las fuerzas de seguridad lo buscan en todo el territorio nacional.

Un extenso historial de delitos

El pasado delictivo de Vicente es extenso y perturbador. En 2017, según atestados policiales, abordó a una mujer en la calle bajo un pretexto inocente para ganarse su confianza y, una vez establecida relación, se presentó como agente del CNI, policía infiltrado, e incluso amenazó con pistolas y contactos en el crimen organizado para imponer control y miedo.

Estas artimañas formaban parte de un patrón de manipulación psicológica, que obligó a algunas víctimas a alterar radicalmente sus vidas por temor, como quedarse encerradas en casa o cambiar de domicilio para escapar de él.

Entre sus condenas figuran cuatro años de prisión por agredir sexualmente a una menor de 15 años en Moncofa y otros dos años por chantajear a su pareja con vídeos íntimos. También ha sido condenado por coaccionar y vejar a otra mujer en Benicasim, lo que derivó en una orden de alejamiento, y ha mantenido causas abiertas por violencia de género y otras agresiones.

¿Por qué estaba en libertad?

La complejidad de estos procesos y la presentación de recursos por parte del propio acusado han retrasado la ejecución de varias penas, lo que le permitió seguir actuando en libertad hasta su fuga. Algunas de las historias que emergen de los atestados describen comportamientos que van desde víctimas forzadas a grabar vídeos sexuales bajo amenazas, incitaciones a incendiar vehículos y manipulación para denunciar falsamente a terceros.

En uno de esos casos documentados, tras obligar a una mujer a grabar un vídeo íntimo, Vicente llegó a amenazar con que su familia «desaparecería» si ella lo denunciaba, mostrando una capacidad de intimidación que, según los investigadores, superó ampliamente los escenarios habituales de delitos sexuales individuales.

Un episodio que llama particularmente la atención es la combinación de mentiras y presiones que Vicente usaba para controlar a sus víctimas. Un ejemplo es que se presentó como detective privado con contactos en el CNI, aseguró que su hermana era jueza y que su padre poseía decenas de restaurantes, e incluso llegó a vincularse falsamente con un cártel mexicano de Sinaloa como parte de un relato diseñado para aterrorizar.

Antes de desaparecer, Vicente incluso denunció a una de sus propias víctimas —y abogado de varias otras— en la comisaría de Sagunto, presuntamente como parte de una estrategia para sembrar confusión sobre su situación y frenar su detención. Esa maniobra refleja su tendencia a utilizar el sistema judicial y policial como herramienta más de manipulación, según explican criminólogos.

La alarma generada por su fuga no solo radica en la gravedad y variedad de sus delitos, sino en la sensación de impunidad y escalada delictiva que ha mostrado a lo largo de los años. Las fuerzas de seguridad han advertido que, dadas las características de este individuo y su historial de manipulación y violencia, no se descarta ninguna hipótesis sobre su paradero, y siguen solicitando la colaboración ciudadana para localizarlo cuanto antes.