La izquierda y el bolsillo ajeno
Lejos de la catástrofe anunciada por la izquierda hace tres años cuando el Partido Popular tomó las riendas de la Generalitat, los datos hoy respaldan esta gestión certificando que la Comunidad Valenciana recauda más aún bajando impuestos
Hay gobiernos que entienden la política como una herramienta para facilitar la vida de los ciudadanos. Y luego está el modelo de Pedro Sánchez y de una izquierda que parece incapaz de afrontar cualquier problema sin recurrir a la misma solución de siempre: subir impuestos. Cada vez que hablan de «justicia social», millones de españoles ya saben cómo termina la historia. Más tasas, más cotizaciones, más presión fiscal y menos dinero en el bolsillo de quienes trabajan, emprenden o simplemente intentan llegar a final de mes.
La receta nunca cambia. Cambian las palabras, las campañas de propaganda y los eslóganes, pero el objetivo siempre es el mismo: recaudar más. Y lo preocupante no es únicamente la cantidad de impuestos que soportan las familias, sino la visión política que hay detrás. Porque la izquierda ha dejado de confiar en el ciudadano. Cree que el dinero está mejor en manos de la administración que en las de quien lo gana con su esfuerzo. Y mientras el Gobierno presume de cifras récord de recaudación, la realidad en la calle es muy distinta: familias ahogadas por la inflación, jóvenes incapaces de emanciparse y trabajadores que sienten que cada vez trabajan más para vivir peor.
La inflación, de hecho, se ha convertido en el gran impuesto silencioso del sanchismo. Aunque algunos salarios hayan subido ligeramente, el aumento constante de precios ha reducido el poder adquisitivo de millones de personas. Y mientras tanto, Hacienda sigue ingresando más dinero porque el Gobierno se niega a adaptar los tramos fiscales al coste real de la vida. El resultado es demoledor: el ciudadano pierde capacidad económica mientras el Estado engorda su recaudación. Una mentalidad que hemos visto muy clara recientemente en un PSPV y Compromís que insisten en recuperar la tasa turística y en aumentar impuestos como el de transmisiones patrimoniales. Es decir, castigar otra vez al que compra una vivienda, invierte o genera actividad económica.
Frente a esa política del sablazo permanente -Sánchez acumula ya cerca de un centenar de subidas de impuestos desde su llegada a La Moncloa- el actual Consell ha demostrado que existe otra manera de gobernar más eficaz y menos asfixiante para las familias. La eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones entre familiares directos no solo corrigió una injusticia evidente; también lanzó un mensaje político muy claro: las familias no son un cajero para financiar el crecimiento infinito del aparato público. En solo tres años el Consell ha situado a nuestra autonomía como la primera en ofertar el mayor paquete de deducciones fiscales en la renta de toda España.
Lejos de la catástrofe anunciada por la izquierda hace tres años cuando el Partido Popular tomó las riendas de la Generalitat, los datos hoy respaldan esta gestión certificando que la Comunidad Valenciana recauda más aún bajando impuestos. Hoy las familias tienen más alivio fiscal y más capacidad de ahorro. Cuando el dinero permanece en el bolsillo de los ciudadanos, se mueve la economía, se consume, se invierte y se genera prosperidad.
Al final, el debate fiscal no trata únicamente de números o porcentajes. Trata de dos modelos de sociedad completamente distintos. Uno considera al ciudadano un adulto libre, capaz de decidir qué hacer con el fruto de su trabajo. La gran paradoja es que, pese a la recaudación récord del Estado, los españoles perciben un deterioro cada vez más evidente de los servicios públicos, las infraestructuras y el propio estado del bienestar. Y con la sensación creciente de que nuestro dinero se pierde por el camino.
Como advirtió una vez Gerald Ford, «un gobierno lo bastante grande para darte todo lo que quieres, también es lo bastante grande para quitarte todo lo que tienes». Y eso es precisamente lo que empieza a preocupar a muchos españoles: un Estado que cada vez recauda más mientras las familias sienten que viven con menos libertad y menos margen para decidir sobre su propio esfuerzo.
Joserra González de Zárate es portavoz de Infraestructuras del PP en las Cortes Valencianas