Menos promesas, más gestión
Sin duda, la mejor manera de reforzar la credibilidad pública no es multiplicar las promesas, sino acreditar que se cumplen
La confianza es el principal patrimonio de cualquier gobierno. Se gana con trabajo, con coherencia y con decisiones que responden a los compromisos adquiridos ante los ciudadanos. También se pierde cuando las promesas quedan en meros anuncios o cuando las prioridades cambian en función de las circunstancias políticas. Por eso, más allá de los discursos, existe una prueba objetiva para medir la seriedad de una administración: su capacidad para convertir las palabras en hechos.
Los presupuestos son probablemente el mejor ejemplo. No son únicamente una relación de ingresos y gastos. Son la herramienta que permite transformar un proyecto político en medidas concretas. A través de ellos se establecen prioridades, se garantizan servicios públicos y se planifica el futuro de un territorio. En definitiva, son la mejor demostración de si un gobierno está dispuesto a cumplir aquello que prometió.
La Comunidad Valenciana cuenta ya con unos Presupuestos para 2026 que movilizan 33.305 millones de euros, 1.014 millones más que el ejercicio anterior. Unas cuentas que ponen el foco en las políticas que más importan a los valencianos, destinando cerca del 80% de los recursos al gasto social. La sanidad, la educación y los servicios sociales concentran las principales partidas. Detrás de estas cifras hay una forma de entender la acción política basada en la responsabilidad y el cumplimiento.
Ese compromiso con la gestión también puede medirse con datos. Según el balance de la acción del Consell, ya se ha cumplido o se encuentra en fase de ejecución el 63% de los compromisos adquiridos al inicio de la legislatura. Un porcentaje que demuestra que existe una hoja de ruta clara y una voluntad firme de transformar los objetivos anunciados en actuaciones reales, lo que Benjamín Franklin resumía con un «bien está decirlo, pero mejor es hacerlo”.
Sin duda, la mejor manera de reforzar la credibilidad pública no es multiplicar las promesas, sino acreditar que se cumplen. Y todo ello adquiere aún más valor si se tiene en cuenta el contexto en el que se desarrolla la acción de gobierno en la Comunidad Valenciana. Nuestra tierra continúa soportando un sistema de financiación autonómica profundamente injusto que obliga a realizar un esfuerzo adicional para garantizar unos servicios públicos de calidad. Solo durante 2026, la Generalitat deberá afrontar 7.216 millones de euros entre vencimientos e intereses de deuda, una carga que tiene su origen, en gran medida, en años de infrafinanciación y menosprecio.
A pesar de esas dificultades, la Generalitat ha sido capaz de seguir avanzando en la mejora de la gestión económica y en la reducción del déficit respecto a los niveles heredados. Es la demostración de que los problemas no pueden convertirse en excusas permanentes y de que la responsabilidad institucional exige buscar soluciones incluso en escenarios complejos.
La comparación con la situación política nacional resulta inevitable. Mientras nuestra autonomía dispone de una planificación económica para el próximo ejercicio, España continúa sin nuevos Presupuestos Generales del Estado. La principal herramienta de planificación económica del país sigue pendiente, generando incertidumbre para administraciones, empresas y ciudadanos.
Los ciudadanos esperan de sus representantes algo elemental: que hagan aquello que dijeron que harían. Esperan seriedad, previsión y capacidad de respuesta. Y esperan, en definitiva, que la palabra dada conserve valor en la vida pública. En un momento en el que la desafección hacia la política preocupa cada vez más, recuperar esa cultura del compromiso resulta fundamental. La confianza en las instituciones no se construye a base de titulares ni de estrategias de comunicación. Se construye cumpliendo objetivos, resolviendo problemas y ofreciendo resultados.
La diferencia entre una administración y otra no está en lo que promete, sino en lo que es capaz de hacer. Mientras algunos siguen instalados en la provisionalidad permanente, la Comunidad Valenciana cuenta con un proyecto definido, unos presupuestos aprobados y unos compromisos que avanzan. Porque al final los ciudadanos juzgan a sus gobiernos por una sola cosa: los resultados. Ahí es donde terminan los discursos y empieza la gestión.
Nando Pastor es portavoz del Grupo Parlamentario Popular en las Cortes Valencianas