Sálvese quien pueda
«Quizá no estuviera de más que meditáramos seriamente sobre la inminencia de lo que nos espera tras las próximas elecciones»
En una semana el Gobierno ha visto como el Congreso le rechazaba, por dos veces, la senda de estabilidad y los mismos objetivos de déficit presupuestario, requisito previo para la elaboración de los presupuestos anuales. En consecuencia, las cuentas tendrán que elaborarse con arreglo a la última senda de gasto aprobada, que fue en 2023, lo que implica que seguimos sin tener unos presupuestos propios en esta legislatura, algo inconcebible en una democracia que se precie.
Sin embargo, esta vez el Gobierno, a diferencia de años anteriores, se va a empeñar en presentar unos presupuestos con la única intención de que se lo rechacen para convertir ese proyecto presupuestario en su programa electoral. Hasta el más ignorante del lugar entiende la jugada, y solo los cafeteros harán el ridiculo queriendo convencernos de que se le han frenado unas cuentas que contemplan el mayor gasto social de nuestra historia.
La degradación del sanchismo ha llegado a tales niveles que, ante un revés en la sede de la soberanía nacional, como el rechazo al objetivo de déficit, los diputados que sostienen a un Gobierno en minoría se lo toman a chacota, se ríen y aplaudan irónicamente. Este es el nivel de estos «padres de la patria», una colección variopinta de logreros y paniaguados dócilmente aborregados.
El preludio de lo que puede ser la traca final del hundimiento sanchista está resultando ser la imputación al tenido por talismán y guía de esta tenebrosa fase del socialismo español. El proceso contra Rodriguez Zapatero puede llevarnos a una implosión en toda regla del sanchismo, una corriente política ayuna de principios y de ideología que pasará a la historia como la más negra, sinuosa y falsa de un pretendido progresismo que sólo encubría la ambición desmesurada y la corrupción generalizada de unas siglas históricas.
El descanso veraniego que ahora inauguramos debe servirnos para meditar seriamente sobre el futuro que, más pronto que tarde, hemos de afrontar el conjunto de los ciudadanos españoles. Ya una vez el ínclito Zapatero dejó una ruina económica sin precedentes, de la que huyó tras adoptar unos recortes y unas medidas de control del gasto público, impelido por la presión de sus socios europeos y del propio presidente americano Obama que le hicieron ver el riesgo para la economía occidental de su política dilapidadora. El marrón, como siempre, hubo que afrontarlo una derecha más rigurosa en la administración del interés general y en la gestión del dinero público.
Al margen de lo que ocurra con las posibles responsabilidades penales, la responsabilidad política del sanchismo es tan profunda que, desgraciadamente, vamos a tener que enfrentarnos a las facturas dejadas por el desgobierno de manirrotos que hemos padecido en las últimas legislaturas. La alegría y el sectarismo con el que se ha dispuesto del dinero de todos ha aumentado la deuda pública a niveles alarmantes al haberla incrementado en más de 300.000 millones de euros, alcanzando en 2026 un total de 1.739.501 millones de euros, con la hucha de las pensiones a cero y sin haberse invertido en infraestructuras, sanidad, educación o vivienda, pero si en ocupar y colonizar todos los estamentos del Estado, comprar voluntades y hacer negocios opacos. Esa deuda afectará a las generaciones futuras, nuestros hijos y nietos, mientras una legión de oportunistas han hecho su agosto a costa del interés general.
Así las cosas, quizá no estuviera de más que meditáramos seriamente sobre la inminencia de lo que nos espera tras las próximas elecciones. Si las carambolas, los «nietos» y el mercadeo con los enemigos de la España constitucional repitieran el milagro, Sánchez ahondaría aún más el empobrecimiento general de las clases medias hasta su exterminio, en la línea de sus conmilitones chavistas y bolivarianos. Si la normalidad del país se recupera y la sensatez triunfa, el PP, en solitario o coaligado según se exprese la voluntad popular, debe tener claro que no caben titubeos a la hora de revertir la herencia sanchista, máxime en un país donde la economía ha sido sostenida artificialmente, gracias a unos fondos europeos que se terminan, una deuda pública galopante y una presión fiscal asfixiante.
Mientras los sufridos ciudadanos aprovechan el merecido descanso veraniego con la esperanza de que el futuro electoral les depare unas perspectivas más razonables, una especie de sálvese quien pueda será el grito más socorrido en las distintas áreas del poder socialista. Los numerosos casos de corrupción que afectan a su partido pueden sufrir el aldabonazo final si a más de uno, incluso al propio Zapatero para salvar a sus hijas, le da por tirar de la manta hasta que se conozca con toda claridad desde donde y por quien se cocinaron las distintas conductas delictivas que se están investigando.
Los sufridos ciudadanos bastante tenemos con observar el espectáculo desde la profunda y serena indignación. Y mientras, resignadamente, esperamos hasta que llegue septiembre. Feliz verano a todos.