No hay ventanas para tanta cortina
Arcadi España parece haber encontrado una nueva tela con la que confeccionar el siguiente decorado: el cambio del modelo de financiación
Probablemente en el Palacio de La Moncloa haya más de un centenar de ventanas. Probablemente, porque no he encontrado ninguna cifra oficial al respecto, sino meras estimaciones. En cualquier caso, no deja de resultar anecdótico —o quizá premonitorio, según se mire— que la cifra supere la centena. Acaso esa misma cifra ya se haya rebasado en lo referente a las llamadas «cortinas de humo» tan en boga en los últimos años. Vamos camino de ocho años de cortinas, y eso es mucha tela que cortar.
La última de esas cortinas, convenientemente estirada, ha tenido como telón de fondo la visita del Papa a diferentes ciudades de nuestra geografía nacional —aunque alguno haya aprovechado la ocasión para volver a llamar nación a Cataluña—. Han corrido ríos de tinta en todos los medios de comunicación, concediendo una tregua de unos días a los asuntos que atenazan al Ejecutivo y al socialismo. Fue durante la vigilia de oración con los jóvenes, en la Plaza de Lima de Madrid, donde León XIV quiso poner el acento en la búsqueda de la verdad; una verdad especialmente necesaria en un tiempo marcado por las distracciones.
Para el Ejecutivo, el lugar escogido para su desembarco fue Barcelona, para sorpresa de nadie. Una nada desdeñable expedición de hasta catorce ministros acabó rindiéndose a la trascendencia pública y notoria de la visita papal. No hicieron lo propio con los funerales de Estado tras algunas de las tragedias más dolorosas de los últimos años. Fue la visita del Summus Pontifex la que obró tal milagro. Al fin y al cabo, eso es lo que cabe esperar del sucesor de Pedro y del «constructor de puentes» por excelencia. Lástima que esa voluntad de tender puentes no encontrara correspondencia en quienes no mostraron la misma compasión con las víctimas de la DANA o del accidente ferroviario de Adamuz.
Por desgracia, esa búsqueda de la verdad recomendada por el Santo Padre, la ministra Diana Morant parece haberla dejado atrás nada más emprender el viaje de regreso. La líder sanchista y, según ella misma, socialista, continúa respaldando a su particular referente moral por encima de las pruebas, por encima de los hechos y por encima de la verdad. Hoy, Diana Morant sigue alzando la voz para acusar al poder judicial —independiente y equitativo para todos, mal que le pese— de aplicar un supuesto doble rasero. La «bisutería» que se encontraba en posesión del expresidente Zapatero, y que para el síndic socialista en Les Corts podría hallarse en cualquier hogar español, ya ha sido tasada oficialmente en 1,3 millones de euros. Todo muy normal.
Tras ello, ha terminado llegando la imputación por presuntos delitos de contrabando y fraude fiscal, al no haber quedado acreditada la trazabilidad de las joyas. Ni su origen, ni su procedencia, ni las circunstancias de su llegada. Nada. Diana Morant debería mostrarse satisfecha de que se siga buscando la verdad, también cuando esta afecta a los propios. Ha preferido, sin embargo, seguir la senda marcada por su compañero Óscar López, ministro de Función Pública que hace apenas unos días también cargaba abiertamente y sin tapujos contra el poder judicial. «Hay jueces que prevarican, y si no son ellos, es alguien de su entorno». Palabra del ministro.
Como el Papa ya ha abandonado nuestro país, toca cambiar la cortina. Aunque ello implique rescatar alguna ya utilizada, el interiorista de turno debió de dar la orden: vuelvan a sacar la del ataque a los jueces. Ordeno y mando. Cortinas puestas. A ver si aguantan una semana más, que se avecinan fechas señaladas en el calendario procesal y ya no tenemos a Álvaro ni a Leire operativos, debió de pensar P. S.
La incógnita es cuál será la próxima cortina destinada a distraer la atención de las inminentes sentencias del número dos o del hermano del número uno. Arcadi España parece haber encontrado una nueva tela con la que confeccionar el siguiente decorado: el cambio del modelo de financiación. El problema es que, por el momento, la propuesta se parece más a una moda efímera que a una realidad políticamente viable, habida cuenta de la ausencia de una mayoría parlamentaria dispuesta a respaldarla. Con eso y con el Mundial de fútbol, Moncloa ya tiene para tapar unas cuantas ventanas más. Y es que Sánchez, antiguo jugador de baloncesto, nunca ha sido de jugar pensando en el último cuarto, sino de arañar posesiones, consumir reloj y sobrevivir una jugada más. Un día más. Una semana más. El problema es que, después de ocho años, ya no queda tela para tanta cortina.
Laura Chuliá es portavoz adjunta del grupo parlamentario popular en las Cortes Valencianas