Imagen de archivo de varios niños de un colegio de Valencia
Las familias valencianas se decantan por el español para matricular a sus hijos pese a la presión catalanista
El castellano se impone al idioma regional en el proceso de admisión de alumnado gracias a la Ley de Libertad Educativa
Con Ximo Puig los padres no tenían capacidad ni libertad a la hora de elegir en qué lengua querían que sus hijos estudiasen. Eso es un hecho. Es incontrovertible. Durante sus ocho años como presidente de la Generalitat Valenciana, no tuvo el más mínimo reparo para entregar a Compromís la gestión de la educación. Su primer responsable fue Vicent Marzà, catalanista convencido y conocido. Tras su renuncia, la cartera la ocupó Raquel Tamarit, quizás no tan popular en términos de opinión pública pero igual de radical en lo que a políticas a aplicar se refiere.
Bajo los mandatos de la izquierda, que ocuparon de 2015 a 2023, el valenciano era la prioridad única y absoluta. No se concebía nada más. En consonancia, el castellano no tenía otro destino que ser orillado y bajar por el sumidero. Esa circunstancia cambió a partir de mediados de 2023 a raíz de la Ley de Libertad Educativa. La aprobaron el Partido Popular y Vox. Pero no por casualidad, sino porque previamente los ciudadanos de Castellón, Valencia y Alicante les habían dado una más que holgada mayoría absoluta en aras de revertir el panorama previo.
La entrada del centro-derecha en el Palau devolvió la libertad en las aulas. Y los resultados se empiezan a ver. Con socialistas, nacionalistas y comunistas en el poder la elección era poco menos que una quimera. Pero cuando ha sido una realidad, la gente ha hablado. Y, mayoritariamente, ha apostado por el español, sin necesidad de que ello, como sostiene la izquierda política y social, tenga que ver con un 'no' al valenciano.
Porcentajes
Simplemente, es la elección de la lengua vehicular. Los datos hablan por sí mismos. Según la Conselleria de Educación, más de la mitad de las familias han optado por el idioma nacional. En concreto, el 52,41 % de los padres del primer curso de Infantil, que es cuando la inmensa mayoría de estudiantes entra a los colegios, prefieren el castellano al valenciano frente al 47,59 %.
Si esa cifra se traslada a aulas, 1.067 serán en español y el resto, 969, en valenciano, lo que, a ojos del departamento que dirige Carmen Ortí, refleja «el equilibrio de las dos lenguas en la Comunidad». A decir verdad, la polarización lingüística en la región era del todo residual hasta la llegada de la izquierda.
Los registros detallados tienen todavía mayor incidencia en municipios castellanohablantes. En estas zonas, los porcentajes de la lengua nacional se disparan hasta el 97,81 %, si bien son algo menores que en el curso previo.
Este contexto se ha dado pese a las continuas campañas del independentismo pancatalanista en la región. Mediante asociaciones como Acció Cultural del País Valencià (ACPV), Plataforma per la Llengua o Escola Valenciana, entre otras, el secesionismo mal llamado cultural ha tratado de influir en los padres y las madres, tal como informó este mismo viernes El Debate, en las matriculaciones de sus hijos para que lo hiciesen en valenciano.
Casi 400.000 euros de Sánchez
Lejos de representar un movimiento altruista, la ideología de que el valenciano como tal no existe, pese a lo establecido en el Estatuto de Autonomía, lo mueve todo. Se mueven, y ahí está un sinfín de publicaciones de unos, otros y similares, por esa inconstitucional visión de que la Comunidad Valenciana ha de ser un siervo de una Cataluña no se sabe, dicen que históricas, por qué ciertas razones.
Pero poco o nada en esta vida es gratis. Bien los saben los citados colectivos. Pero poco les importa lo económico. El Consell antes de Carlos Mazón y ahora de Juanfran Pérez Llorca les ha dejado sin ningún tipo de subvenciones públicas por defender eso que llaman 'países catalanes'. Parece de Perogrullo, sobre todo porque intentan catalanizar con dinero público aquello que es eminentemente valenciano.
Sin embargo, por unas o por otras, ACPV, Plataforma per la Llengua, Escola Valenciana y sus adyacentes tienen socorro. Pero no dentro de la Comunidad, sino de lo que ellos consideran sin disimulo alguno su particular metrópoli. Aunque va en contra de los principios de la Carta Magna de 1978, que la Generalitat de Cataluña y la Diputación de Barcelona les sustenten entra en la paradójica lógica del binomio sanchismo-independentismo.
Pero que lo haga el propio Gobierno de España ya son palabras mayores. Casi 400.000 euros ha destinado el Ministerio de Cultura que dirige Ernest Urtasun para inyectarles a las mencionadas asociaciones. El motivo oficial es la promoción de la lengua. ¿Pero cuál? El Ejecutivo tiene traducidas sus respectivas páginas webs tanto al valenciano como al catalán. Por tanto, las diferencia. No así el PSOE, Compromís, Esquerra Republicana de Catalunya y tantos otros.
Morant: «Catalán/valenciano»
Y, cómo no, Diana Morant a la cabeza, que se llegó a inventar la fórmula «valenciano/catalán». Eso sí, siempre que va a una manifestación se pone una pegatina con la bandera catalana. Su jefe de campaña, que por ahora no se sabe si es ella misma, tendrá que valorar determinados gestos. Ya se sabe lo de la original y la copia. Quizás por eso está a una joya más de Zapatero de que Compromís le dé el sorpasso en las encuestas y en las urnas.
Pese a todo ello, la gran mayoría de las familias de la Comunidad, que se sienten tan españolas como valencianas han dicho alto y claro que prefieren el castellano para sus hijos en las aulas. Se podrá ver en sucesivos años qué eligen, pero lo que es ineludible es que ahora han elegido.