Vista aérea de la isla de Tabarca en el mar Mediterráneo.Getty Images

Buscan restos de un gigante marino en la isla poblada más pequeña de España

Científicos del Instituto de Ecología Litoral despliegan trampas para larvas en las aguas de Tabarca con el objetivo de salvar a la nacra, el molusco más grande del Mediterráneo, prácticamente erradicado por un letal patógeno

Hace apenas una década, los buceadores que se sumergían en las costas de Alicante encontraban con facilidad una estampa imponente: enormes conchas en forma de abanico clavadas verticalmente en el lecho marino. Se trataba de la nacra (Pinna nobilis), un bivalvo endémico que puede superar el metro de longitud, consolidándose como el mayor del mar Mediterráneo y el segundo a escala mundial.

Hoy, sin embargo, encontrar un ejemplar vivo en mar abierto es una rareza. Tras ser diezmada por una implacable pandemia submarina, investigadores de toda la cuenca mediterránea buscan desesperadamente signos de supervivencia en enclaves estratégicos, entre ellos, la isla de Tabarca.

Con apenas 30 hectáreas de superficie y una población que ronda el medio centenar de habitantes, Tabarca ostenta el título de ser la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y la más pequeña de España con población permanente. Históricamente conocida como Planesia o Nueva Tabarca, sus aguas, antes repletas de este tesoro natural a profundidades de entre 2 y 40 metros, son ahora el escenario de un ambicioso proyecto científico que busca revertir la extinción de la especie.

El declive de la nacra fue fulminante. En 2016, cuando la población alicantina se encontraba en su máximo apogeo en zonas como la playa del Postiguet, Serra Gelada o Torrevieja, un Evento de Mortalidad Masiva (EMM) arrasó con la especie en el Mediterráneo occidental en cuestión de dos meses. El culpable es el Haplosporidium pinnae, un protozoo de origen incierto -probablemente ligado a presiones antrópicas como el calentamiento global o el tráfico marítimo- que es inusualmente letal y cuyas esporas permanecen latentes en el agua. La gravedad de la situación obligó a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a catalogar al molusco en peligro crítico en 2019.

Redes en busca de un milagro

A pesar de la devastación, la comunidad científica se resiste a firmar el acta de defunción de la Pinna nobilis. El Instituto de Ecología Litoral (IEL), con base en El Campello, lidera los esfuerzos locales dentro del proyecto internacional «Pan-Mediterranean larval collectors networks», una iniciativa en la que participan siete países ribereños.

Ejemplar de nacra (Pinna nobilis)Wikipedia

A mediados de este mes de junio, un equipo del IEL se sumergió en la reserva marina de Tabarca para instalar dos dispositivos de recolección, uno en la vertiente norte y otro en la sur. Santiago Jiménez, investigador participante en la expedición, detalla que cada recolector está equipado con cuatro sacos de malla de pesca. El objetivo es claro: interceptar alguna larva de nacra durante su fase de deriva oceánica, que dura aproximadamente un mes, antes de que se fije al fondo.

Si el milagro ocurre y alguna larva se adhiere a estas mallas, será rescatada al finalizar el verano y trasladada a un acuario especializado. Allí, los científicos la estudiarán e intentarán garantizar su supervivencia, un reto mayúsculo dado que es altamente probable que cualquier ejemplar capturado ya esté infectado por el letal protozoo.

Otras instituciones, como la Conselleria de Medio Ambiente, han replicado estas acciones en enclaves como el cabo de San Antonio y Serra Gelada, aunque hasta el momento los resultados han sido puramente testimoniales. En ocasiones, las redes capturan a la Pinna rudis, una especie «prima» de la nacra que mide la mitad y que, afortunadamente, es inmune a la pandemia.

Refugios naturales y el valor de la especie

Actualmente, la esperanza de supervivencia de la nacra en España se sostiene gracias a dos únicos santuarios naturales que han quedado al margen de la infección por sus particulares condiciones de salinidad y temperatura:

Al sur: El mar Menor, en la Región de Murcia.

Al norte: El Delta del Ebro, en la provincia de Tarragona.

A estos reservorios se suma otro rayo de optimismo: el hallazgo el año pasado de varios ejemplares híbridos en las islas Baleares, lo que sugiere que la naturaleza podría estar buscando su propia vía hacia la inmunidad.

Ejemplar de nacra en una pradera de posidoniaWikipedia

La urgencia por recuperar a este gigante marino no responde solo a su valor icónico, sino a su función crítica como ingeniero de los ecosistemas bentónicos. La nacra actúa como un filtro natural de dimensiones colosales, reteniendo grandes cantidades de materia orgánica en suspensión y garantizando así la cristalinidad y calidad de las aguas. Además, sus enormes conchas proporcionan sustrato, refugio y alimento a multitud de otras especies, multiplicando la biodiversidad allí donde se asientan.

Como señala el investigador Santiago Jiménez, la última década ha supuesto una curva de aprendizaje acelerada y una gran inversión de recursos económicos para comprender a este parásito. Mientras las esporas sigan presentes en el Mediterráneo, el retorno natural de la especie parece improbable, pero las redes balizadas en Tabarca mantienen viva la esperanza de que el mayor bivalvo de nuestros mares vuelva, algún día, a colonizar los fondos que lo vieron desaparecer.