Imagen de archivo de la Tomatina de Buñol, y arriba a la izquierda la variedad de tomate pera

Imagen de archivo de la Tomatina de Buñol, y arriba a la izquierda la variedad de tomate peraMarian Moncho

Tomatina de Buñol: ¿son comestibles los más de 120.000 kilos de tomate pera que se lanzan en la batalla más festiva?

Los tomates que teñirán de rojo las calles de Buñol se cultivan expresamente para la fiesta

Cada último miércoles de agosto, las calles de Buñol desaparecen durante una hora bajo una enorme capa de tomate, pulpa y zumo rojo. Este 26 de agosto volverá a suceder. Miles de personas participarán en la Tomatina y utilizarán como particular munición más de 120.000 kilos de tomates, una cantidad suficiente para provocar una pregunta que se repite año tras año: ¿todos esos tomates podrían comerse?

La respuesta corta es sí, antes de acabar en las calles de Buñol son tomates aptos para el consumo. Así lo ha explicado este año la propia empresa encargada de suministrarlos. No se trata de frutos podridos ni de una montaña de tomates retirados porque hayan dejado de ser seguros. De hecho, los que se utilizarán en la Tomatina de 2026 han sido cultivados expresamente para la batalla.

La cuestión tiene, sin embargo, algunos matices. La página oficial de La Tomatina los presenta como una «munición no apta para consumo» y explica que tradicionalmente se emplean tomates que, por su sabor o por su aspecto, no cumplen los estándares exigidos para venderse frescos en los supermercados. Eso no significa necesariamente que sean peligrosos para comer, sino que su destino comercial no sería el mismo que el del tomate que un consumidor encuentra en una frutería.

Tomates cultivados para la batalla

Para la edición de este año, el testimonio del proveedor permite despejar todavía más la duda. Alius Trading 2015 S.L., empresa adjudicataria del suministro, ha explicado a RTVE que los tomates han sido plantados expresamente pensando en la Tomatina y no proceden de una cosecha descartada por defectos ni de productos desechados del circuito comercial.

«Este tomate está pensado desde el mismo día que se plantó para el fin que se necesita», explica Jesús Guerrero, director de operaciones y logística de Alius Trading. Según detalla la empresa, se trata de tomate de industria, utilizado habitualmente para productos como concentrados, pasta o polvo de tomate, pero con una cosecha y una maduración adaptadas a su particular destino en Buñol.

Y el proveedor es explícito al resolver la principal incógnita: los tomates son «perfectamente aptos para el consumo» y se cultivan bajo la misma normativa fitosanitaria que el resto de producciones. Es decir, su utilización en la Tomatina no responde a que sean tomates podridos, contaminados o que no puedan comerse, sino a que desde el principio se producen pensando en las necesidades de la fiesta.

El secreto está en que lleguen blandos

Porque no cualquier tomate sirve para recibir un tomatazo. El pliego técnico elaborado por el Ayuntamiento de Buñol para la edición de 2026 establece unas características muy concretas. El suministro debe ser de tomate pera, rojo y con un calibre medio de entre 100 y 150 gramos, mientras que la cantidad contratada debe situarse entre un mínimo de 120.000 y un máximo de 150.000 kilos.

Además, la documentación municipal exige que el tomate llegue «limpio, en perfecto estado de integridad» y con unas condiciones óptimas de maduración. El contrato obliga incluso al adjudicatario a disponer de un programa de producción que controle todo el proceso: plantación, crecimiento, recolección, almacenamiento y transporte.

Precisamente la maduración es uno de los aspectos fundamentales. Los tomates tienen que aguantar el viaje hasta Buñol sin deshacerse, pero al mismo tiempo deben llegar lo suficientemente blandos para que puedan aplastarse fácilmente antes de lanzarlos. Cuanto más maduro está un tomate, más se deforma cuando impacta y menor es la contundencia del golpe.

La propia organización obliga, de hecho, a «espachurrar» los tomates antes de arrojarlos. Es una de las principales normas de la batalla, junto con mantener la distancia respecto a los camiones y dejar de lanzar en cuanto suena la segunda carcasa. La fiesta dura exactamente una hora, entre las 12:00 y las 13:00 horas.

El miércoles, en lugar de convertirse en salsa, concentrado o terminar en un plato, más de 120.000 kilos tendrán un final mucho menos convencional: durante sesenta minutos serán los proyectiles con los que miles de personas volverán a teñir de rojo Buñol en una de las fiestas valencianas más conocidas en todo el mundo.

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