Nuevos ejemplares de tortuga d'estany nacidos en el Marjal dels Moros en Valencia

Nuevos ejemplares de tortuga d'estany nacidos en el Marjal dels Moros en ValenciaGVA

La especie a punto de extinguirse en Valencia que suma más de 60 nuevas crías en los humedales

Se trata además de un ejemplar longevo que puede superar los 40 años de vida

En un rincón de la costa valenciana, una especie que durante años estuvo al borde de la desaparición está consiguiendo sobrevivir y recuperar terreno. En la Marjal dels Moros, en Sagunto, los trabajos de conservación han permitido proteger 61 nuevas crías nacidas este año, un avance especialmente importante para una especie autóctona catalogada en peligro de extinción: la tortuga d'estany.

El dato cobra especial importancia porque la Emys orbicularis, conocida como tortuga d’estany o galápago europeo, está catalogada en peligro de extinción desde la última década del siglo XX. Su recuperación en este espacio natural valenciano representa, por tanto, una pequeña victoria para una especie autóctona que durante años ha tenido que hacer frente a la pérdida de hábitat, los depredadores y la competencia de especies invasoras.

La evolución de la población refleja el cambio. En 2009 apenas se pudo censar un ejemplar en la Marjal dels Moros. Quince años después, la situación es muy diferente, ya que los trabajos de conservación han permitido que la supervivencia de la especie en este humedal haya pasado del 1 al 40 por ciento y que se hayan contabilizado nuevas generaciones de tortugas.

Las últimas crías han sido recogidas durante los últimos meses por las brigadas de Red Natura 2000, que vigilan los nidos y actúan desde el momento en que los huevos eclosionan. En total, han sido 61 los ejemplares recogidos para garantizar que puedan superar una de las etapas más delicadas de su vida.

El objetivo es evitar que las pequeñas tortugas sean víctimas de los numerosos peligros que las acechan en sus primeros meses. Una vez recogidas, son trasladadas a instalaciones de Vaersa y a centros colaboradores de la Generalitat, entre ellos el Oceanogràfic y el Bioparc, donde reciben cuidados especializados. Allí permanecen aproximadamente hasta cumplir un año, cuando ya cuentan con mayores posibilidades de sobrevivir y pueden ser devueltas a la naturaleza.

La vicepresidenta tercera y consellera de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación desarrolla estas actuaciones a través de la Dirección General de Medio Natural y Animal y la empresa pública Vaersa. Los trabajos forman parte de un programa de conservación destinado a reforzar una población especialmente vulnerable.

La tortuga d’estany es, además, una especie longeva. Puede superar los 40 años de vida, aunque alcanzar esa edad no resulta sencillo en un entorno en el que los ejemplares jóvenes se enfrentan a numerosas amenazas. Durante los meses de junio, julio y agosto, las brigadas recorren de forma intensiva la Marjal dels Moros para localizar las zonas de puesta y proteger los nidos.

Una vez encontrado un nido, los equipos colocan alrededor una jaula de malla metálica que impide el acceso de los depredadores. En este humedal, uno de los principales enemigos es el zorro, que puede localizar y atacar los huevos antes de que lleguen a eclosionar.

Pero no es la única amenaza. La tortuga americana, una especie exótica invasora conocida científicamente como Trachemys scripta, compite con el galápago europeo por los lugares donde tomar el sol y por los recursos alimentarios. Por ello, los trabajos de conservación incluyen también la retirada y control de estos ejemplares invasores.

La protección de los nidos se completa con un seguimiento permanente de la población. Los equipos científicos utilizan trampas acuáticas distribuidas por distintos puntos de la Marjal dels Moros para capturar temporalmente a las tortugas, comprobar su estado y marcar los ejemplares mediante el código oficial que permite identificarlos en posteriores controles.

Tras el examen, los galápagos europeos son devueltos al humedal, mientras que los ejemplares pertenecientes a especies exóticas son retirados para evitar que sigan afectando a la fauna autóctona.

La conservación tampoco se limita a la época de reproducción. Durante todo el año se realizan labores de desbroce selectivo en las zonas donde las tortugas ponen sus huevos para mejorar las condiciones del hábitat, siempre respetando los periodos de nidificación de las aves.

Así, aquellas 61 pequeñas tortugas recogidas este año representan mucho más que una nueva generación. Son la prueba de que una especie que llegó a encontrarse al borde de la desaparición puede recuperar terreno cuando se protegen sus nidos, se controla a sus depredadores y se mantiene un seguimiento continuado. En la Marjal dels Moros, la tortuga d’estany vuelve poco a poco a ganar la batalla por su supervivencia.

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