Imagen de archivo de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant

Imagen de archivo de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana MorantEuropa Press / Fernando Sánchez

De «payasa» a «Hitler»: la escalada verbal de una Diana Morant en caída libre en las encuestas electorales

La ministra de Ciencia y candidata del PSOE a la presidencia de la Generalitat ha elevado el tono de forma considerable coincidiendo con encuestas que la sitúan al borde del peor resultado en la historia de los socialistas valencianos

Después de un mes de agosto alejada por completo de la agenda oficial y de su cargo de ministra de Ciencia, Innovación y Universidades salvo por dos Cecopi y la fiesta por el eclipse, Diana Morant ha comenzado el curso intentando agitar y 'estirar el chicle' de una polémica que, en realidad, ha queda en algo poco menos que descafeinado. El hecho en sí fueron las palabras del presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, llamándole «lameculos» del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La reacción de la también líder del PSPV-PSOE no se hizo esperar y calificó lo dicho, entre otros vituperios, como una «agresión machista», mostrando en no pocas ocasiones su indignación ante dicha controversia. Sin embargo, y dado que siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, quizás Morant no sea o esté siendo consciente de la escalada verbal que está llevando a cabo, superando algunos límites realmente notables.

Dos pueden ser las principales causas de esta cuanto menos llamativa menos actitud. Una puede ser de índole sociológica y filosófica, según la cual coincida con Sigmund Freud y piense que «el primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización».

Malas encuestas

La otra es estrictamente política. Obedecería al nerviosismo creciente ante un panorama en el que no solo no remonta en las encuestas con vistas a las elecciones autonómicas del 23 de mayo de 2027, sino es que se hunde, sigue en caída libre, empeoraría con creces el resultado de Ximo Puig en 2023, estaría cerca de conseguir el peor de la historia del PSPV-PSPV mientras el Partido Popular y Vox consolidan su actual mayoría absoluta. Y todo eso de una.

Hasta las propias encuestas electorales realizadas por los socialistas dan como ganador al PP, vaticinan la reedición de un Gobierno de centro derecha en la Generalitat y auguran el retroceso en intención de voto del PSPV-PSOE con Morant como candidata.

Su última gran reacción extemporánea apenas tiene una semana de antigüedad. Fue cuando calificó de manera más que hiperbólica como «anomalía democrática» y «anomalía institucional» que la consellera valenciana de Educación, Carmen Ortí, no asistiera al acto solemne de Apertura del Curso de la Universidad de Valencia. Lo cierto y verdad es que la dirigente se encontraba ingresada en un hospital.

Imagen tomada este viernes de Diana Morant en Valencia

Imagen de Diana Morant en el acto de Apertura de Curso de la Universidad de ValenciaEuropa Press / Rober Solsona

A Morant le habría bastado con ver que escasas horas antes tampoco había acudido a ese mismo acto pero de la Universidad Politécnica y que fue sustituida por el vicepresidente segundo del Consell, José Díez. Eso o algo más simple: preguntar a Protocolo de la Generalitat antes de plantarse ante los micrófonos.

Pero si por una frase ha destacado la candidata socialista a la presidencia de la Comunidad Valenciana a lo largo de su nada estresante verano ha sido aquella en la que comparaba al presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, con Adolf Hitler a cuenta de la «prioridad nacional»: «Está dibujando un camino que se parece cada vez más a esos gobiernos criminales como el de Hitler», aseveró sin ruborizarse. La literalidad deja pocas dudas, si bien la ministra trató de restarle importancia y esgrimió: «Es una reflexión que no la hago yo, la hace la ciencia, está demostrado científicamente, y también la hace la historia».

Morant se ha ganado galones de un tiempo a esta parte en el terreno del insulto. Pero no es algo nuevo para ella. Prácticamente, le viene de cuna política. Y es que, tal como informó El Debate a principios de este mes a colación del rifirrafe con Mompó, las redes le recordaban masivamente a la líder del PSPV-PSOE el momento en el que, tranquila y con total serenidad, llamó «payasa» a una adversaria política.

Sucedió en Gandía en 2014, cuando la ahora ministra era concejala socialista en la localidad valenciana de Gandía, de la que fue alcaldesa entre 2015 y 2021. De nuevo, literalidad: «El PP es un partido político que tiene como padrino del bautizo a Arturo Torró y que podríamos decir que la payasa del bautizo es Mónica Richart. Nosotros no vamos a darle más que debilidad a esto». Ahí es poco.

Ahora bien, del mismo modo que Morant tiene desde sus inicios una especial vocación por la descalificación y la exageración, no es menos cierto que, una vez abandonó el Ayuntamiento gandiense para recalar en el Ministerio, les dejó a sus sucesores su estilo dialéctico en herencia que éstos no han dudado en llevarlo a la práctica.

Sirvan como ejemplo las formas en las que el alcalde, José Manuel Prieto, y algunos de sus concejales utilizan para referirse al candidato 'popular' a la alcaldía, Víctor Soler: «Un pijo de quiero y no puedo», «personaje tóxico para esta ciudad», «parece un hámster» o «las mentiras tienen las patas muy cortas; tan cortas como aparente su talento». Pura cortesía parlamentaria.

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