Imagen de archivo de Diana Morant y el alcalde de Gandía, José Manuel Prieto
Así hablan los delfines de Morant en el Ayuntamiento del que fue alcaldesa: «Hámster», «chonis poligoneros» y «pijo de quiero y no puedo»
La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, está dejando huella, tanto en lo referente a su cartera como en lo relativo a su cargo como secretaria general del PSPV-PSOE y candidata a la presidencia de la Generalitat Valenciana. Está por ver en qué se traducirá todo ello en las urnas en mayo de 2027, pero algunas pistas de ello pueden dar quienes son sus delfines en el Ayuntamiento de la localidad valenciana de Gandía, institución que ella gobernaba hasta 2021 y que dejó tras aceptar la llamada de su jefe de filas, Pedro Sánchez, para incorporarse al Palacio de La Moncloa.
Hubo un tiempo en que la cortesía parlamentaria era el aspecto dominante en el debate público. Discrepancias, por supuesto, pero ante todo respeto al rival. Hoy en día este último término viene cambiándose por el de «enemigo», con todas las consecuencias políticas y sociales que se derivan. Lejos quedan ya los 'hachazos' que se decían unos representantes públicos a otros, nunca faltos de dureza pero siempre manteniendo las formas y, en la mayoría de los casos, con supina intelectualidad.
No es este el caso del equipo de gobierno de Gandía, compuesto por el PSPV-PSOE y Compromís bajo la batuta del socialista José Manuel Prieto. En no pocas ocasiones, el decoro se ausenta de los plenos municipales, cediendo voluntariamente por parte de la izquierda su protagonismo al insulto, a la brocha gorda y a la descalificación personal bajo el paraguas, siempre mal entendido, de que ante el discrepante todo vale.
Hay varios botones, pero con lo sucedido en la última sesión plenaria el lector puede hacerse una gran idea y extrapolarlo al día a día en donde Morant gobernaba y dejó negro sobre blanco su impronta. En una discusión, lo que suele acontecer es que la oposición cargue contra el ejecutivo en cuestión. Rara vez, hasta que llegó y se instauró el sanchismo, es al contrario. Pero Gandía es un microclima político, con, salvo una legislatura del PP en medio, décadas y décadas de dominio absoluto del socialismo. La ministra lo aprendió y lo inoculó en vena a sus peones.
Así, el propio alcalde se dirigió al líder de la oposición, Víctor Soler, del PP, con términos como que dejara de hacer «teatro». Pero la antítesis de la oratoria corrió a cargo del concejal de Hacienda, el socialista Salvador Gregori, que dejó varias expresiones malsonantes, tales como cuando señaló en el uso de la palabra que Soler es «un pijo de quiero y no puedo», añadiendo un ataque personal: «Las mentiras tienen las patas muy cortas. Tan cortas como aparente su talento».
No se quedó ahí, sino que fue a más, definiendo a los ediles del PP como un grupo de «poligoneros y chonis», volviendo contra el líder 'popular' en el Ayuntamiento de Gandía, calificándole como «personaje tóxico para esta ciudad» y de alguien a quien «se le ha agriado la cara» y «parece un hámster».
Día glorioso para Gregori y el parlamentarismo más 'moderado' y 'constructivo', porque a todo lo anterior le siguió otro ataque a la esfera privada de Soler y su pareja: «Yo no he tenido a mi pareja enchufada y de asesora ni en ningún medio de comunicación para hacer patéticas entrevistas masaje. Esas sí eran entrevistas masaje. Esas. Las que hacía su pareja pagadas generosamente», afirmó.
Por su parte, el aludido ha reaccionado ante los ataques de Prieto, gregori y otros concejales del equipo de gobierno: «No os dejéis engañar. Solo saben insultar cuando nosotros hacemos nuestro trabajo. Yo, a lo mío. A proponer y a construir propuestas en positivo para una mejor Gandía», zanja