(De izq. a dcha.) Montaje de Évole, Casanova y Alba Flores con la Maestranza de fondo
Los toros en la Maestranza reúnen en abril ocho veces más público que las películas de Évole, Casanova y Alba Flores
El coso sevillano sumó cerca de 160.000 espectadores, mientras 'Sidosa' no llega a los 2.500 y 'Flores para Antonio' apenas alcanza 17.422 espectadores
La tensión entre el Gobierno y su Ministerio de Cultura con la tauromaquia contrasta con el crecimiento sostenido de la Fiesta en España. Plazas llenas, con varios «no hay billetes» consecutivos, y una mayor presencia de público joven reflejan una realidad que se aleja del relato institucional dominante. Un fenómeno que, en comparación con el cine alineado con la política cultural del Ejecutivo, pone de relieve el éxito de la tauromaquia.
San Isidro tiene programados varios festejos para los que ya «no hay billetes», un indicador de la fuerte demanda que hay en torno a la feria, conocida como el Mundial del toreo. A ello se suma el éxito de la Feria de Abril en la Real Maestranza de Sevilla, que también colgó el cartel de «no hay billetes» en nueve jornadas. En las siete restantes, la plaza rozó el lleno, con ocupaciones cercanas al 85 %.
Con un aforo aproximado de 10.500 localidades, se puede estimar una asistencia total situada entre los 150.000 espectadores en un escenario conservador y algo más de 160.000 en un escenario alto. Una cifra que, además, apunta a una estabilidad del ciclo respecto a ediciones anteriores, también marcadas por llenos absolutos.
Frente a estos datos, las cifras de consumo cultural de parte del cine reciente muestran una escala diferente. A fecha de 10 de mayo, Sidosa, el documental de Eduardo Casanova y Jordi Évole, acumula 2.502 espectadores. Flores para Antonio, de Alba Flores, alcanza 17.422 desde su estreno a finales de noviembre.
La comparación es elocuente: solo la Feria de Abril en la Maestranza multiplica por más de ocho la asistencia conjunta de ambos títulos, que en total suman 19.924 espectadores, lo que representa en torno al 12,5 % del público del ciclo sevillano.
Pedro Almodóvar
En el segmento de grandes producciones, Tres adioses, de Isabel Coixet, y Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, sí superan las cifras de la Maestranza. La película de Coixet, con 205.093 espectadores, se sitúa un 28 % por encima del ciclo sevillano, mientras que la de Almodóvar, con 379.158 espectadores, lo supera en un 137 %.
Los datos apuntan a algo más que una simple comparación de consumos culturales: describen dos modelos de relación con el público claramente diferenciados.
La tauromaquia mantiene un comportamiento de evento de alta intensidad, con una concentración de público en fechas concretas, tasas de ocupación elevadas y repetición de llenos que evidencian fidelidad y continuidad. No se trata de picos aislados, sino de una estructura estable de demanda que se sostiene en el tiempo (incluso con precios más elevados que los del cine en su mayoría).
El Rey Juan Carlos recibe una ovación del público en la Real Maestranza de Sevilla
En paralelo, parte del cine contemporáneo asociado al ámbito institucional muestra una realidad más fragmentada. Su capacidad de convocatoria depende de estrenos concretos y de grandes nombres, mientras que en el terreno del documental los registros de asistencia se sitúan en niveles muy reducidos. La brecha entre ambos extremos revela una dificultad para conectar de forma amplia y sostenida con el público, algo que sí consigue La Fiesta.
El contraste adquiere una dimensión cultural y también simbólica. Mientras la tauromaquia conserva una base social capaz de llenar plazas de forma reiterada, el cine alineado con determinados marcos culturales oficiales no siempre traduce su respaldo institucional en una respuesta equivalente en taquilla. La distancia entre discurso y consumo efectivo se convierte así en uno de los elementos más significativos del panorama actual.
La comparación no es tanto entre disciplinas equivalentes como entre formas distintas de medir el impacto cultural. La plaza concentra, el cine dispersa; la primera mide asistencia directa e inmediata, el segundo combina ventanas, tiempos y circuitos de exhibición. La diferencia de escala entre determinados productos cinematográficos y eventos de la tauromaquia resulta lo suficientemente marcada como para plantear un debate sobre qué expresiones culturales mantienen hoy una verdadera capacidad de movilización.