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¿Hay misoginia en las críticas a la actuación de Amaia Montero como se sugiere desde círculos feministas?

Solo faltaba el feminismo construyendo un fuerte para desactivar la bomba de una mala actuación incontestable y crear para ello el enemigo imaginario de que a los cantantes masculinos que desafinan no se les critica de igual manera

Madrid

Amaia Montero durante el primer concierto del regreso de La oreja de Van Gogh

Amaia Montero durante el primer concierto del regreso de La oreja de Van GoghGTRES

Ha surgido una especie de frente feminista defensor de Amaia Montero a propósito de su actuación en su regreso como vocalista de La oreja de Van Gogh. No se sabe muy bien qué tiene que ver el feminismo con el que una cantante profesional desafine como si no lo fuera, pero ya se sabe que el feminismo puede caber en cualquier cosa y ser llave para cualquier puerta.

Incluso la propia Montero hizo oídos sordos a la realidad inocultable de su notable desafinación publicando un texto en Instagram donde mayormente decía que no hacía caso de las críticas y que estaba muy feliz y orgullosa: ningún reconocimiento o alusión a su más que deficiente interpretación.

Solo faltaba el feminismo construyendo un fuerte para desactivar la bomba de una mala actuación incontestable y crear para ello el enemigo imaginario de que a los cantantes masculinos que desafinan no se les critica de igual manera. Dice Marta Pallarés, periodista musical y socia de Mujeres en la Industria de la Música, en El País que «Lo que estamos viendo con Amaia Montero no es una conversación sobre afinación, sino sobre permisos (...) Es una forma de decir: si tropiezas aquí hay mucha gente dispuesta a destrozarte. Mientras esto siga sucediendo, las declaraciones institucionales sobre el bienestar y la salud mental en la industria seguirán siendo papel mojado».

«Bienestar», «salud mental», «gente dispuesta a destrozarte». A ver si es que ahora no se puede criticar a una cantante profesional por una mala interpretación que está teniendo incomprensibles justificaciones por muchas partes de supuestos expertos en la materia. El feminismo está ahí para casi todo. Por feminismo se defiende o se acusa a la carta. Es un comodín infalible, pero sectario.

Amaia Montero cantó mal. Muy mal. Tuvo una actuación desastrosa para una artista de la que se presupone un nivel mínimo que no cumplió. Desafinó sin ambages. Hizo mal su trabajo. Esto no es un intento de destrozar a Amaia Montero, es hacer una crítica de su desempeño, como debe ser (si lo hubiera hecho bien se hubiera dicho y escrito del mismo modo).

Al mismísimo Mozart, genio de la Humanidad, le llovieron las críticas en casi todos los estrenos de sus grandes óperas, hoy obras universales, desde Las bodas de Fígaro a Don Giovanni. Aunque en ellas nadie desafinó (hubiera sido el remate), sino que los reproches vinieron de desacuerdos sobre ¡la música! y el argumento de los libretos.

La crítica es la crítica, incluso si tiene razón o no. Los críticos no son infalibles. Muchas veces son injustos y también están equivocados, pero desafinar no es una cuestión que se pueda dirimir en la justicia o el error por parte del crítico, sino en la obligación de no desafinar por parte de quien canta, que si desafina, desafina y hay que decirlo sin más. El público, incluso el fiel de Amaia Montero y La oreja de Van Gogh, también manifestó su desagrado con todo su derecho, no faltaba más, como derecho tiene el «feminismo» de venir a ponerse en medio del desafine, desafinando aun más.

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