¿Por qué Maricarmen tiene que pagar 500 euros de alquiler en el barrio de Salamanca de Madrid y yo 900 euros en un barrio de la periferia de Alicante? Es un ruego, una pregunta, un clamor al universo. Me da pena aquella mujer, a pesar de que alguien con mala fe la haya manipulado para elevarla como causa política. Consigna que estaba tardando, por cierto.

En España, y en la agenda setting, confundimos lo importante con lo urgente. Me parecía relevante que el asunto de Ceuta estuviera ocupando toda la actualidad, puesto que estaba en riesgo la integridad de nuestro territorio. Sin embargo, creo que hay un tema incluso más relevante: la vivienda. Es urgente conseguir que nuestros jóvenes y millones de familias sepan dónde van a reclinar la cabeza mañana y hoy. Una cosa no quita la otra. Tiro de esta frase hecha porque, de la misma forma que nos hemos acostumbrado a tirar de comodines en nuestro lenguaje, también hemos normalizado los parches en la política.

Imagen de la acampada en la Puerta del SolEuropa Press

Lo que ocurre cuando tomas la provisionalidad como tu forma de gobernar es que la injusticia se convierte en decreto. El caso Maricarmen es injusto. Puestos a ser benevolentes, pues seámoslo con todos, no solo con alguien en concreto. Está mal hecho desde su concepción porque no soluciona el problema, sino que pone un cubo para que el suelo no resbale mientras la gotera sistémica sigue ahí.

A España le falta saber qué quiere ser de mayor. En el franquismo, el régimen dictaminó que nuestro país debía estar articulado por una sociedad de propietarios. Aquí, más allá de pequeños destellos gracias al Plan Vive del Gobierno de la Generalitat Valenciana u otros destellos legislativos en otras comunidades autónomas, no sabemos qué modelo social queremos implantar. En otros países de Europa no es habitual tener un piso en propiedad; es en nuestro territorio donde se fomenta que todos tuviéramos el sueño español de tener una morada a nuestro nombre. Grandes mandatarios como Angela Merkel no tienen una vivienda en su patrimonio y siempre han vivido de alquiler.

El problema que tenemos a día de hoy es que no son sinceros con nosotros. Si es cierto que nunca va a haber casas suficientes para todos, quizá habría que plantear un sistema diferente al de propietarios establecido en los años sesenta. O bien buscar las soluciones pasando por las restricciones en inmigración, desplegando unas políticas honestas en las que se reconozca que quizá no hay sitio para todos.

Woody Allen, el que ahora vuelve a estar de moda a propósito de su nueva película, decía: «No sé cuál es el secreto del éxito, pero sí cuál es el del fracaso: intentar contentar a todo el mundo». Algunos están intentando agradar a todos y están fracasando, indignando por doquier. Al final, la única contenta va a ser Maricarmen.