Imagen tomada, de izquierda a derecha, de Rafael Alcón, Carmen Michavila y Juan Manuel Bonet
Fundación Bancaja presenta la exposición retrospectiva 'Ximo Michavila. Centenario (1926-2026)'
Un centenar de obras, procedentes de más de 50 colecciones particulares e institucionales, configuran la mayor retrospectiva hasta la fecha de uno de los artistas centrales del arte contemporáneo español
La Fundación Bancaja ha presentado esta mañana en su sede en Valencia la exposición Ximo Michavila. Centenario (1926-2026), la mayor retrospectiva hasta la fecha del artista valenciano con la que conmemora los cien años de su nacimiento. La muestra ofrece un recorrido por toda su trayectoria artística de seis décadas, que le ha convertido en una de las figuras centrales del arte contemporáneo español. La presentación ha contado con la participación del presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón; el comisario de la exposición, Juan Manuel Bonet; y la hija del artista, Carmen Michavila.
La exposición recorre las diferentes etapas creativas de la producción pictórica de Michavila, desde su fase figurativa inicial en la década de los 50, pasando por su pintura geométrica y constructivista en los 60 y 70, así como su reconocida abstracción paisajística a partir de 1978, estrechamente ligada a la Albufera de Valencia. El recorrido se completa con obras que revelan la importancia de la música como pulsión creativa del artista.
La muestra, integrada por un centenar de obras datadas entre 1951 y 2004, permite contemplar por primera vez algunas obras inéditas como Llac nocturno (ca.1980), Alborada (2004), o R+A2:C7-646 (1982), entre otras.
El extenso y relevante conjunto de obras reunidas procede de más de 50 prestadores. A las obras de la colección de la Fundación Bancaja y de la familia del artista, se suman préstamos de colecciones particulares y de instituciones como el Museo de Bellas Artes de Valencia. Colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos; Museu Joan Fuster; Universidad de Vaeència; Fundación Juan José Castellano Comenge; Ateneo Mercantil de Valencia; Diputación de Alicante. MUBAG; Colegio Imperial Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer; Col·lecció Martínez Guerricabeitia; Colección BBVA; Colección Ars Citerior - Museu de Belles Arts de Castellón; Diputación Provincial de Castellón; Fundación Chirivella Soriano; Museu d'Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni (MACVAC); Museo de la Ciudad y Casa Consistorial del Ayuntamiento de Valencia; Universidad Politécnica de Valencia; y Diputación de Valencia.
Nacido en 1926 en L’Alcora en una familia ligada a la enseñanza y culta, Michavila pertenece a la generación de artistas marcados por la Guerra Civil, que le dejó heridas morales y físicas como víctima de un bombardeo. Formado primero como maestro y luego en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, amplió estudios en El Paular, en Segovia y en Roma durante la década de los 50. Concilió la creación con la enseñanza, y formó parte sucesivamente de cuatro grupos fundamentales de la vanguardia valenciana: Los Siete, Grupo Parpalló, el Movimiento Artístico del Mediterráneo y Antes del Arte.
Inscrito en un principio en un ejercicio artístico de horizonte académico, pasó luego a practicar en los tiempos de Parpalló una figuración renovadora, de carácter geometrizante, tanto en su pintura de caballete como en sus murales para edificios públicos e iglesias, y en sus decoraciones de buques para José Martínez Medina.
Posteriormente se convirtió en uno de los grandes nombres de la geometría española, presente en algunas de las principales colectivas de esta corriente artística en España y practicando una geometría de sello lírico y emocional. De 1978 en adelante, en su serie El Llac, inspirada en la Albufera, abordó una etapa impresionista abstracta, que fue la más prolongada de su trayectoria con obras a medio camino entre la figuración y la abstracción.
En sus últimos años, su pasión por la música cristalizó en el ciclo Contrapunto, un homenaje a algunas de las grandes figuras de la música moderna, mostrándose en la exposición piezas como las dedicadas a John Cage, Kurt Weil, Arnold Schönberg o Pierre Schaeffer.
A través de una producción audiovisual original, la muestra revisa su intensa actividad como muralista, disciplina que practicó tanto durante su etapa de figuración renovadora, inspirado por los primitivos y novecentistas italianos, como durante su etapa geométrica, en la que recurre frecuentemente al acero.
La retrospectiva profundiza en el recorrido vital y profesional de Michavila con la exposición de una amplia selección del archivo personal del artista conservado por el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia, que ha cedido para la muestra más de 80 documentos, muchos de ellos inéditos, entre los que se encuentran originales de catálogos, folletos y carteles de exposiciones, fotografías, correspondencia, así como diseños e imágenes de su importante labor como escenógrafo teatral y figura clave en la renovación de la dramaturgia valenciana.
Con motivo de la muestra se ha editado un catálogo con la reproducción de las obras expuestas, junto con textos del comisario y de José María Yturralde, así como un texto personal de Carmen Michavila.
Dentro de su programa de mediación cultural y artística vinculado con la exposición, la Fundación Bancaja ofrece visitas comentadas para público general y grupos, así como talleres didácticos para escolares, personas con discapacidad, grupos en riesgo de exclusión y personas mayores.
La exposición, que cuenta con la colaboración de A&G, puede visitarse en la sede de la Fundación Bancaja en Valencia (Plaza Tetuán, 23) del 7 de octubre de 2026 al 14 de febrero de 2027.
MÁS INFORMACIÓN*
*Información elaborada a partir de los textos del comisario Juan Manuel Bonet para la exposición.
Los primeros años. De Los Siete a Parpalló
Hijo de un maestro nacional, Ximo Michavila nace en L’Alcora (Castelló) en 1926. Frecuenta Sagunto y la alquería de sus abuelos maternos donde, en 1937, será gravemente herido durante un bombardeo de la aviación franquista, y será testigo de la muerte de su abuela a consecuencia de este.
Durante la posguerra se forma como maestro y continúa su formación en Filosofía y Letras, estudios que abandona, para optar finalmente por Bellas Artes. Ya en estos años entra en contacto con dos de sus grandes aficiones y motivaciones artísticas: la naturaleza y la música.
En la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, entre sus profesores destacan el pintor e ilustrador Rafael Sanchis Yago y el profesor e historiador del arte Alfons Roig. Todavía no titulado, Michavila participa en el grupo Los Siete, grupo renovador en el que coincide, entre otros, con Ángeles Ballester, Vicente Castellano, Juan Genovés y Eusebio Sempere.
El cuadro más antiguo de los que integran la presente retrospectiva es un retrato del padre del pintor en su biblioteca, realizado en 1951. Del mismo periodo es un retrato de Joan Fuster, uno de los escritores a los que el pintor frecuenta por aquel entonces.
Sus primeros viajes formativos por España le llevarán a Segovia y El Paular, además de sus visitas al Museo del Prado en Madrid. De estas experiencias, se muestran obras como su visión casi zuloaguesca de la catedral de Segovia o su representación más sintética de la Plaza Mayor de Turégano. Su contacto con la otra Castilla, especialmente la serranía de Cuenca, por la que le guía Fidel García Berlanga, deja unas obras cuyo estilo tiene que ver con el vigente en los estudios de muchos figurativos de la época, que es el de la Escuela de Madrid.
Junto a la inspiración de la meseta en sus paisajes de los años 50, Michavila ahonda en la plasmación pictórica de su entorno más cercano, la ciudad de Valencia, que en la exposición se muestra con piezas como la melancólica escena de Circo de suburbio (1956), dos visiones portuarias geometrizantes (Barcas en el muelle, 1956, y Astillero, 1958), y otras visiones sintéticas de la Albufera, que prefiguran las que realizará en sus años finales.
En 1952 viaja a Francia, Suiza y Alemania, junto a Juan Bautista Llorens Riera y el poeta Francisco Brines. En sus museos descubre la modernidad y sintoniza especialmente con el expresionismo germánico. A finales de los años 50 viaja a Roma como pensionado y se interesa por los primitivos italianos y por pintores modernos como Giorgio de Chirico, Sironi o Morandi Magnelli, una lista a la que más tarde se sumará Fontana. La experiencia italiana le lleva a una pintura evocadora en clave geometrizante que se revela en obras como Ciudad italiana (ca 1957).
Entre 1956 y 1959 forma parte del Grupo Parpalló, fundado por Manuel Gil Pérez, y cuyo principal impulsor fue Vicente Aguilera Cerni. También participa del Movimiento Artístico del Mediterráneo (MAM), impulsado por el periodista Juan Portolés Juan, con el que expone sus cuadros abstractos, de una geometría compatible con el lirismo, en diversas ciudades españolas e italianas, y en Buenos Aires. Se inicia así su proyección internacional de la mano de Luis González Robles, que incluyó su obra en exposiciones colectivas fuera de España y en la Bienal de Venecia en 1960.
El geómetra sensible
Las décadas de los sesenta y setenta son los grandes años del Michavila geómetra sensible. Esta es la zona más esencial de su obra, en la que compagina rigor y lirismo, regla y emoción, y en la que asimila ciertos aspectos del espacialismo italiano, especialmente el uso del relieve y el frecuente recurso al monocromo.
En esta época tiene como faros a artistas como Auguste Herbin, los constructivistas rusos, Max Bill, Richard Mortensen, Vasarely o los cinéticos. En ocasiones algunos cuadros presentan contaminaciones figurativas con alusiones, por ejemplo, a la arquitectura, al urbanismo o al cosmos.
Con Vicente Aguilera Cerni como mentor, en 1968 será uno de los fundadores del grupo Antes del Arte, al que pertenecieron Elena Asins, Javier Calvo, Abel Martín, Eusebio Sempere, Soledad Sevilla, Francisco Sobrino, Ramón de Soto, Jordi Teixidor y José María Yturralde.
En estos años, Michavila participó en las principales colectivas que reunieron a artistas de esa corriente, siendo la primera de ellas Arte objetivo (1967), comisariada por Ángel Crespo para las salas madrileñas de la Dirección General de Bellas Artes. Se sentía especialmente cercano a Amador, Luis Caruncho (que lo incluyó en una colectiva constructivista celebrada en Kandinsky, su sala madrileña), Amadeo Gabino, José María Iglesias, Palazuelo, Rueda, Sempere o Jesús de la Sota.
El tiempo que va de 1968 a 1978 es el tiempo central del Michavila geómetra. En la exposición se muestran obras como su relieve octogonal Knossos (1971); Galaxia (1976), que recuerda su pasión por la astronomía y los telescopios; o el sol rojo tan geometrizante de Alborada (1972).
El pintor de la Albufera
En 1978, tras una crisis, Michavila da por agotado el ciclo de sus geometrías y se sumerge durante más de diez años en el paisaje de la Albufera, paisaje que ya había sido motivo de algunos de sus cuadros de los cincuenta y que se convertirá en una verdadera obsesión y en el leitmotiv del ciclo más dilatado de su obra de madurez. Nace así el ciclo El Llac, con su subciclo El Riu.
Michavila se reinventa como impresionista abstracto y se inspira en la naturaleza, en las aguas, en la vegetación y en las humildes construcciones que coexisten con ellas, comprobando el deterioro de este entorno natural, algo que deriva en que lo transparente coexista con lo sombrío. La mezcla de figuración y recursos aprendidos en sus años geométricos tensa esta parte de su obra. Como material de trabajo recurre a fotografías propias y a muchos apuntes del natural. Estos cuadros se fueron viendo en Theo Valencia, luego rebautizada La Nave.
En cuadros del ciclo llaman la atención las paredes negras, una cierta conciencia de la decrepitud y pérdida de pureza. El pintor es testigo de la decadencia, pero a la vez sigue entregado al encanto de la luz entre las cañas o sobre los arrozales, de los cultivos, del movimiento de los juncos o de las algas, de la pesca, del deslizarse sobre las aguas, del paso sobre ellas del viento y de las nubes.
Uno de los cuadros más impactantes del ciclo es L’alqueria (1981). Reminiscencias geométricas se encuentran todavía en obras como El Palmar (1980), que recuerda la abstracción espiritualista de Franz Kupka.
Son obras a medio camino entre la figuración y la abstracción en el terreno de un impresionismo abstracto, concepto forjado por la pintora y crítica norteamericana Elaine de Kooning.
Las obras del ciclo permiten descubrir variaciones, ver cómo unas veces se entrega a ritmos puramente orgánicos, casi action painting, y otras se regodea en un mayor esfuerzo figurativo, sin que falte la ocasional tentación geometrizante.
Contrapunto: músicas pintadas
Durante sus años finales y en paralelo a nuevas obras inspiradas en la Albufera, la pasión por la música de Michavila se plasmó en el ciclo Contrapunto con cuadros abstractos y especialmente intensos cromáticamente.
Desde muy joven, el artista había cultivado una intensa afición por la música, integrándose en la Sociedad Filarmónica y en la Coral Polifónica Valentina, en la que conoció a su futura esposa, Carmen Mas, que será soprano y profesora de canto y piano. Juntos asistieron en 1972 a los Encuentros de Pamplona, donde tuvieron la ocasión de escuchar el concierto de John Cage. El cuadro realizado en 1997 en homenaje al compositor estadounidense se muestra en la exposición, junto a otros tributos a creadores como Kurt Weil, Arnold Schönberg o Pierre Schaeffer.
La especial importancia de la música en Michavila ha sido reseñada por los historiadores y críticos de arte que se han acercado a su obra, entre ellos y de forma destacada Román de la Calle o el también artista y melómano José María Yturralde, compañero en el grupo Antes del Arte, en el que estuvieron implicados compositores como Tomás Marco y Francisco Llácer Pla.
Muralismo
El intenso trabajo de Michavila como muralista, iniciado con su creación para el Hotel Royal de Valencia en 1956, abarca un periodo muy dilatado y está documentado en la exposición con una producción audiovisual a partir de las fotografías realizadas para la ocasión por Juan Peiró.
Admirador de los frescos colombinos de Vázquez Díaz en La Rábida, la dedicación del artista valenciano al muralismo cubre tanto su etapa de figuración renovadora, en la que aprende de los primitivos y novecentistas italianos, como su etapa geométrica, en la que recurre frecuentemente al acero.
De los figurativos destacan el historicista Taula de canvis (1957), en la antigua sede valenciana del Banco de Bilbao; La siega del arroz, en la sede de Sueca de la misma entidad; El jardín del Edén (1960) para el hall de un edificio de la calle Gabriel Miró; o en 1970, los de la Real Parroquia de San Miguel y San Sebastián, y el mural cerámico de un edificio en la calle Fray P. Ponce de León.
Por lo que se refiere a los de carácter abstracto, se muestran las vidrieras y el mosaico de la parroquia de Nuestra Señora del Remedio (1957); el mural de acero inoxidable del Hospital La Salud (1972); y, del mismo material, el del Centro de Investigación Príncipe Felipe (1973). La sede valenciana del BBVA es un espacio para el cual también diseña en 1968 unas vidrieras azules, como de un gótico pasado por el cinetismo.
Teatro universitario
Durante los años sesenta, el polifacético Michavila desarrolló una labor profundamente renovadora como autor de modernísimos decorados teatrales y muy cuidados programas de mano para el TEU de Antonio Díaz Zamora, el gran renovador de la escena valenciana.
Fernando Arrabal, Max Aub, Samuel Beckett, Jean Cocteau (de la mano de Juan Gil-Albert) Friedrich Dürrenmatt, Max Frisch o Federico García Lorca fueron algunos de los autores que de la mano de ambos descubrieron los espectadores valencianos. Más tarde, Michavila realizó decorados para Ana Diosdado, y para Lauro Olmo y Pilar Enciso.