Imagen de una de las obras expuestas de Joan Verdú
El Centre del Carme recrea el universo pictórico de Joan Verdú en la mayor muestra dedicada al icono el arte pop valenciano
Life in Dailyland rinde homenaje al artista valenciano fallecido en 2017 a través de más de 160 obras, entre ellas tres series inéditas
El Centre del Carme Cultura Contemporánea (CCCC) recrea el universo creativo de Joan Verdú en Life in Dailyland, la mayor muestra dedicada al icono del arte pop valenciano, desde su fallecimiento en 2017.
Autodenominado como «hijo del pop’» y «nieto del surrealismo», Joan Verdú (1959, Alzira - 2017, Alginet) es uno de los artistas contemporáneos más relevantes y prolíficos del territorio valenciano.
Compuesta por más de 160 obras, la exposición, que se podrá ver hasta enero de 2027, reúne el humor ácido y mordaz del artista a través de sus símbolos (sus cactus, llamas, conejos y calaveras) y series más conocidas, representativas del arte pop y del surrealismo, junto a otras piezas y series inéditas.
La secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, ha presentado esta mañana la muestra acompañada por el director-gerente del Consorcio de Museos, Nicolás Bugeda, y por el comisario de la muestra e hijo del artista, Tomás Verdú.
«Lenguaje propio»
Alonso ha destacado que «Verdú creó un lenguaje propio, asociado al arte pop y al surrealismo, cargado de sentido del humor y de la sátira característica de una mente única que supo conectar con los públicos y que hoy en día lo sigue haciendo».
Por su parte Bugeda ha recordado que «Verdú formó parte de la movida valenciana, un movimiento cultural que actualmente se reivindica como un momento histórico que marcó el camino a la modernidad en distintos ámbitos y especialmente en el de la ilustración y el diseño gráfico».
Según el comisario de la exposición «el humor ácido y mordaz de Joan Verdú atraviesa su obra asentada en el arte pop y en una simbología propia. Sus juegos de palabras y de sentido poético se entrelazan con la imagen y la pervierten» y ha añadido que «en cada etapa de su carrera se manifiesta una exploración incesante, un juego sin temor al fracaso, divertido, que como a través de los ojos de un niño, sobrepasa constantemente los límites porque precisamente los desconoce. O no le interesa conocerlos».
Sus propios personajes
En 2017, poco antes de su muerte, Joan Verdú dejó un escrito describiendo un lugar imaginario llamado Dailyland.
«Joan Verdú informa de que, en adelante todas las obras pictóricas, gráficas, fotográficas, videográficas, cinematográficas, literarias, periodísticas y editoriales pasadas y futuras, obra del mismo o de Rosette Vertu, Walter Egon, del Sr. Ferrer y de Jack Greenmore de Silver Dust, pertenecerán al ámbito de Dailyland» escribió el artista.
Rosette Vertu, Walter Egon, del Sr. Ferrer y de Jack Greenmore de Silver Dust no eran más que sus propios personajes o alter ego por lo que este escrito es una muestra de las reflexiones a través de entrevistas o conversaciones que el artista mantenía consigo mismo y donde dejó plasmado un pensamiento único, el cual trata de reproducir también esta muestra.
«Asimismo, en Dailyland no se ha encontrado una diferencia entre consciente e inconsciente» y añade sobre sus habitantes que «son exploradores recolectores y artistas, hay apenas actividad empresarial salvo varias agencias de publicidad que se anuncian a sí mismas».
Con este mensaje arranca una exposición que busca convertir la experiencia del visitante en un viaje guiado por el propio artista, sus ideas, símbolos y personajes. Precisamente la primera sala está coronada por un autorretrato vestido de astronauta como tarjeta de bienvenida al universo Verdú. Junto a ella se muestran sus series de escaleras y ventanas ‘Simple images’ y ‘Complex Words’ tan representativas de su lenguaje iconográfico y que simbolizan según su comisario «ese ascenso al universo Dailyland».
Lenguaje pop
A continuación, la muestra ofrece un homenaje a su obra más pop, entre los años 89 y 95. Un mosaico convertido en una especie de Times Square de Dailyland recoge sus series dedicadas a las marcas publicitarias y a la sociedad de consumo, una vertiente que nunca abandonó con obras también en 2015 y 2017.
Frente a ese mosaico se exhibe la serie Paisajes, playas y vallas donde aparecen por primera vez los personajes que lo acompañaron a lo largo de su trayectoria: sus cactus, llamas, conejos, calaveras, ángeles y demonios, símbolos que él va incorporando al lenguaje pop.
El universo pictórico de Joan Verdú no podría entenderse sin sus escritos. «De 1998 a 2015 colaboró con una columna en el diario Levante EVM que hemos tratado de reproducir en la exposición con los textos escritos de su puño y letra, incluyendo sus tachones o notas al margen. Mostrar su pensamiento y su modo de trabajar era otro de nuestros objetivos, por ello hemos incluido bocetos, o maquetas y como broma también sus objetos «robados», objetos fetiche sin ningún valor económico, asociados al ámbito de la publicidad o el marketing».
El montaje expositivo, diseñado a modo de laberinto, ofrece un itinerario cerrado con la intención de no desvelar la imagen de conjunto de toda la muestra. Cada sala es una puerta de entrada a otro de sus universos, como en sus agujeros negros. Bajo el título Forats la exposición dedica una mención especial a esta serie, donde destaca una obra escultórica e interactiva que invita a la escucha.
Asimismo, la exposición incluye tres series inéditas de distintas épocas y que el artista nunca mostró: Conills (2013); Los Blues alegres (2002-2003) e Imágenes confusas (2003) en los que introduce elementos como «el torito».
Despiden la muestra sus series Icons (2014-2016’), Monsters (2016-2017) y una obra de su trabajo junto al colectivo Cazadoras asociados de 2016, así como su serie Big Boy (2008), uno sus alter ego, que da imagen a esta exposición.
«En los cuadros anteriores aparecía un personaje al que yo llamaba l’home sol. Un home sol en valenciano significa tanto el hombre-sol como el hombre que está solo. (...) El poeta Paco Brines me dijo: «Dibujas como un niño». Entonces decidí transformar al hombre sol en niño sol, y a continuación (y aquí creo yo que es cuando llega el arte), lo asocié al BIC BOY, que es la mascota de los bolígrafos, encendedores y todo eso. Decidí que en vez de BIC iba a ser BIG, porque para mí los cuadros eran Boy In Game» relata Joan Verdú.