Por fin nos tendrá que escuchar
El 23 de julio de 2023 los españoles hablaron en las urnas y el Partido Popular ganó las elecciones
Durante demasiado tiempo, los valencianos hemos tenido que reclamar lo que debería ser normal: que se nos escuche, se nos tenga en cuenta y se nos trate como al resto. Casi ocho años después, con una larga lista de reivindicaciones pendientes, por fin llega el momento de que nuestra voz sea oída con claridad. No pedimos privilegios ni prebendas. Es algo mucho más sencillo: pedimos igualdad. Igualdad para financiar nuestros hospitales, nuestros colegios, nuestras infraestructuras y nuestros servicios públicos; igualdad para nuestros pueblos, para la dependencia y para las políticas de vivienda. Igualdad para recibir las inversiones que corresponden al peso económico y poblacional de la Comunitat Valenciana. Igualdad para no estar al albur de los caprichos personales del momento. Esta vez, va a tener que escucharnos.
El 23 de julio de 2023 los españoles hablaron en las urnas y el Partido Popular ganó las elecciones. Fue la fuerza más votada y obtuvo 137 escaños, frente a los 121 del PSOE. Pero aquella noche ocurrió algo difícil de olvidar: Sánchez comparecía ante los suyos exultante y, a pesar de haber quedado el PSOE en segunda posición, decidió interpretar el resultado como el comienzo de una nueva mayoría. Una operación que, con el paso de la legislatura, ha ido perdiendo apoyos y que hoy muestra profundas diferencias entre quienes hicieron posible aquella investidura. Esa cuadratura del círculo que parecía destinada a sostener una legislatura completa se ha ido deshaciendo a base de incumplimientos de palabra. Nunca se debió llegar tan lejos.
Y mientras el desencanto se extendía entre «los socios», el sanchismo ha ido dejando una lista de complicada digestión: una amnistía para los condenados por el procés que dividió profundamente a la sociedad; un fiscal general condenado por el Tribunal Supremo; una causa judicial abierta contra su esposa y la condena de su hermano; sus hombres de confianza, como Ábalos o Santos Cerdán, pisando la prisión; las investigaciones sobre las llamadas «cloacas de Ferraz» y contra Rodríguez Zapatero; una posible imputación por financiación ilegal del PSOE; la invasión de nuestra frontera y una crisis en Ceuta que no se ha gestionado incluyendo una respuesta ante Marruecos que nos aísla del resto de Europa; el accidente ferroviario de Adamuz y un apagón eléctrico que sumió al país en el caos; miles de afectados por la DANA sin ayudas ni respuestas; una política exterior que ha provocado fuertes choques con Estados Unidos e Israel por la posición del Gobierno ante Oriente Medio y, por encima de todo, una legislatura marcada por la incapacidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, como ordena la Constitución.
Bien podremos decir, con semejante palmarés, que estos años han estado marcados por la constante huida hacia adelante de un presidente dispuesto a llevar al límite la política institucional y el Estado con tal de conservar el Gobierno. Sabemos que Sánchez lleva mal las críticas y las opiniones diferentes. Pero la contestación social ya es demasiado amplia como para poder silenciarla. Y un detalle: que, incluso al anunciar el adelanto electoral, haya vuelto a recurrir al enfrentamiento entre rojos y azules, entre derechas e izquierdas, entre quienes supuestamente representan el progreso y quienes quedan fuera de él, dibuja muy bien su carácter y la escasa altura institucional de quien ocupa la Presidencia del Gobierno.
Sánchez adelanta elecciones porque está solo, noqueado, cuestionado y muy debilitado. Y porque sabe que, en periodo electoral, se ha buscado una suerte de «blindaje judicial», sabiendo que los jueces difícilmente se «inmiscuirán» en el debate público, ralentizándose, por tanto, las múltiples causas judiciales que atenazan su futuro inmediato. No convoca porque quiera hacerlo. Lo hace porque no puede aguantarse en pie, políticamente hablando. Da igual utilizar el drama de una anciana y lanzar a los cuerpos de seguridad del Estado contra las masas. Lo suyo viene de lejos. Recordemos aquella conversación entre Gabilondo y Zapatero con ese «nos conviene tensionar». Y en esas estamos. Otra vez pretendiendo «quemar las calles». Solo que esta vez ya le conocemos. Y sabemos lo poco que podemos esperar de él.
Nando Pastor es portavoz del grupo parlamentario popular en las Cortes Valencianas