Una de las peleas grabadas en la avenida del Cid de Valencia
Batalla campal a las puertas de una discoteca latina en Valencia
Los vecinos de la avenida del Cid de la capital del Turia denuncian las constantes peleas en el entorno del local de ocio
Un clima de profunda angustia e inseguridad se ha apoderado de los residentes del entorno de la avenida del Cid en la intersección con Julián Peña, en Valencia. El vecindario afronta un deterioro continuo de la convivencia nocturna que se prolonga desde hace un par de años.
La madrugada y las primeras luces de los sábados y domingos suelen convertirse en el escenario de duros enfrentamientos, altercados que en su gran mayoría guardan relación con la clientela de un establecimiento latino de ocio nocturno situado en los bajos residenciales de la zona. Pese al constante goteo de avisos a las fuerzas de seguridad y la presentación formal de quejas, la situación se repite sin cambios significativos semana tras semana.
La crispación entre quienes habitan en estos inmuebles ha alcanzado un límite crítico. Las personas afectadas prefieren guardar el anonimato ante el temor a posibles consecuencias o venganzas por alzar la voz.
Quienes sufren este problema diario detallan episodios de extrema agresividad a las puertas de sus casas, marcados por insultos, golpes violentos e incontables gritos que impiden el descanso y generan una enorme intranquilidad en la comunidad.
El último altercado violento ocurrió hace dos fines de semana, cuando una disputa entre varias personas rompió el silencio nocturno. Este tipo de sucesos se ha vuelto una rutina desgastante. Los propios afectados comparten con frecuencia archivos audiovisuales en sus grupos privados para documentar agresiones caracterizadas por la falta de piedad, con golpes contundentes e impactos en la cabeza entre personas visiblemente bajo los efectos del alcohol.
Tras cada fin de semana, el rastro físico de estos altercados permanece visible en la vía pública, con marcas de sangre en las fachadas y restos de los enfrentamientos.
Negocio conflictivo
Las trifulcas coinciden espacialmente con un recinto con historial de cambios de actividad, ubicado en el espacio que antaño ocupó la sala Lady's. Tras aquel periodo inicial, las instalaciones pasaron a destinarse a eventos de despedida de soltero -etapa en la que afloraron las primeras molestias ruidosas- hasta convertirse en la actual sala nocturna de música latina.
Las dificultades para frenar la actividad del recinto radican en que los hechos violentos suceden en la vía pública, fuera del establecimiento, lo que complica la adopción de medidas cautelares directas contra la licencia de apertura.
Clausura efímera
Las acciones vecinales sí lograron un hito el pasado mes de marzo. Tras tramitar diversas quejas ante la Administración municipal, se ejecutó el precinto del local al confirmarse, mediante mediciones acústicas oficiales, que el sonido emitido rebasaba los decibelios permitidos.
Sin embargo, la interrupción del servicio apenas duró un trimestre: una vez corregidas las deficiencias técnicas que motivaron el cierre, el establecimiento reabrió sus puertas al inicio del verano, reactivando los altercados en el entorno.
Riesgo vial
El peligro trasciende la mera alteración del orden público. Parte de los violentos encontronazos llega a trasladarse a los propios carriles de circulación de la avenida del Cid. Quienes residen en la zona advierten del elevado riesgo de que cualquier vehículo que transite a esas horas pueda arrollar accidentalmente a los participantes en las peleas.
A pesar de haber trasladado esta inquietud en reuniones directas con responsables del Ayuntamiento de Valencia, la Delegación del Gobierno, la Policía Local y el Cuerpo Nacional de Policía, por el momento no se ha articulado una respuesta institucional efectiva.
Entorno insalubre
Al factor de la violencia física se suma el rápido deterioro de la salubridad en la vía pública. Portales y aceras amanecen habitualmente con restos de orín y vómitos, generando pestilencias insufribles que dificultan el tránsito de las familias y niños por la mañana.
El temor se extiende también a zonas comunes como los garajes, convertidos en espacios de inseguridad e intimidación.
A este escenario se añade un pleito judicial abierto contra la propiedad del local por problemas en la red de desagües que provocan vertidos de aguas residuales en los aparcamientos del edificio.
El malestar es absoluto al llegar las seis de la mañana, momento en que la sala concluye su actividad y los asistentes abandonan el recinto.
En los chats del vecindario se acumulan numerosas pruebas en vídeo sobre el estado de embriaguez y la extrema agresividad de los transeúntes, mientras los residentes insisten en que, si no se adoptan soluciones contundentes de inmediato, el problema terminará provocando un desenlace irreparable.