Imagen de la muestra de arte, ciencia y ficción de Regina de Miguel

Imagen de la muestra de arte, ciencia y ficción de Regina de MiguelIVAM

El IVAM se convierte en un 'museo galáctico' con una muestra de arte, ciencia y ficción de Regina de Miguel

La selección se podrá contemplar en el Centre Julio González desde este miércoles y hasta el 11 de abril de 2027

El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) se transforma en un 'museo galáctico' con la exposición 'Un mundo turbiamente vivo', en la que la artista Regina de Miguel recrea un espacio de experimentación donde reflexiona sobre un «trasfondo poético». Así, en la muestra se aprecian las réplicas de todas las obras de arte y los documentos que se podrían encontrar en Tornus, un planeta imaginario del futuro.

La selección, que se podrá contemplar en el Centre Julio González desde este miércoles y hasta el 11 de abril de 2027, se ha presentado en rueda de prensa con la participación de la directora del IVAM, Blanca de la Torre; la artista Regina de Miguel y la comisaria del proyecto, Rosa Lleó.

La exposición introduce al visitante en el museo Alkane, situado en un planeta imaginario llamado Tornus, donde los restos de una civilización marcada por el extractivismo, la transformación y el colapso ecológico conviven con un museo galáctico donde se custodian las réplicas de todas las obras de arte y de todos los documentos del universo.

La directora ha hablado de la artista, haciendo referencia a su obra donde se aprecian «referencias a la ciencia, a la astronomía, a la astrobiología, a la botánica, al cine, a la literatura, y donde la ciencia ficción ha estado siempre muy presente y ha ido hibridando diferentes géneros».

El recorrido se inicia en la planta inferior, en la Galería 6, que recrea una atmósfera inspirada en laboratorios, por esa «arquitectura que dialoga con espacios futuristas que de alguna manera la convierten en un uso galáctico» del planeta Tornus.

'Un mundo turbiamente vivo' transforma la Galería 6 en un espacio de experimentación desde el que imaginar otros mundos posibles. A través de una instalación que combina cine, documentos, objetos, imágenes y elementos escultóricos, la artista propone una reflexión sobre las consecuencias de la explotación de los recursos y las relaciones entre las distintas formas de existencia.

«Hay un aspecto en el trabajo de Regina que creo que es muy visible en esta atmósfera que es lo poético. Dentro de todo ese lado científico y especulativo, hay un trasfondo poético», ha destacado de la Torre, que ha querido ejemplificarlo con un fragmento de la exposición: «Hay una rosa creciendo, que es un caracol y un cuarzo. Una botella, que es un río y una llama. Un perfume, que es una uña y un cable de cobre. Un hueso, que es una vasija de barro, que es queso y vino. Un pan, que es puente y es tarde. Una casa que es tren y tumba. Una guerra que es piel y pescado. Un león que es puerta y abrigo. Un basurero que es piscina y palmera».

«El museo galáctico se interroga también sobre nuestros modos de vida actuales, sobre la falta de atención y de escucha. Habla de fragilidad y de vulnerabilidad y sobre cómo evitar un sistema dañado y sobre posibles escenarios futuros», ha reiterado la directora: «Abre un espacio especulativo».

La artista, por su parte, ha reflexionado acerca de los «muchos desastres naturales» en la actualidad. «Las políticas imperialistas, de los megamillonarios, de esos líderes inflexibles, no quieren ver qué está pasando con nuestras políticas climáticas y no lo quieren remediar. Eso está afectando a los más pobres de la Tierra y a los más vulnerables. Ya tenemos hasta refugiados climáticos», ha denunciado Regina de Miguel.

El relato de la exposición tiene su origen en la pandemia. «Cuando todo aquello empezó, yo venía de realizar unos trabajos en la selva de Colombia sobre temas de extractivismo y violencia extrema sobre los cuerpos y los territorios», ha relatado la artista.

De Miguel explica su obra y cómo «una gran cortina plateada introduce al público en una atmósfera que remite a los laboratorios de cultivo in vitro. Aquí se muestran los restos de ese museo imaginario con dibujos, pinturas, esculturas, mapas en forma de acuarela y obsidianas grabadas con especies extinguidas», ha argumentado.

En la planta superior se proyecta 'Aguas intoxicadas, cometas nunca más vistos y una reunión de suicidas', una película desplegada en cinco pantallas que forma parte de las investigaciones recientes de la artista, en el que te hace entrar en una dimensión afectiva sobre la ansiedad, la culpa ecológica, la saturación de datos y la dificultad de imaginar un futuro.

La película transita por distintos escenarios: las ciénagas que rodean Berlín, las granjas de coral de Puerto Rico --un territorio que la artista conoce y donde las políticas ambientales, la experimentación militar y las economías coloniales han contribuido durante décadas al vaciamiento de los ecosistemas--, el observatorio de Arecibo o el desierto de Atacama. «Cuando un arrecife de coral se blanquea, significa que el sistema general está colapsando», ha apuntado.

«El colapso, la ruina o el suicidio» aparecen de forma explícita en la muestra. Aunque la artista no hace un señalamiento de la catástrofe porque «eso es lo fácil», sino que aboga por «chispazos de esperanza».

Por otra parte, la comisaria ha señalado que en esta exposición «la ciencia ficción funciona como un dispositivo de desplazamiento imaginativo hacia el futuro. Un futuro que en realidad estamos hablando del presente, sobre cómo este presente nos lleva a pensar en la posible violencia y las dificultades que tenemos sobre los cuerpos y los territorios».

«El planeta Tornus fue diseñado o transformado y colonizado, se extrajo todo lo que se podía y ahora está agotado. Es un escenario que nos recuerda a lo que está pasando aquí en la Tierra», ha explicado, que a su vez ha puesto en relieve que «se están agotando nuestros recursos, sin hacer nada sobre ello, y cómo se está pensando en extraer de otros planetas».

La escalera funciona como un «eje conector» que lleva a la película de la planta superior, en la que se observa «una reunión de suicidas que articula toda la narración de la exposición», y que cuenta toda la historia de «cómo una científica llegó al planeta Tornus y se fue encontrando con diferentes personajes y también diferentes escenas».

Finalmente, Lléo ha indicado que el valor de la exposición es «abordar» acerca de «la investigación rigurosa, desde la poesía y una experiencia visual». La comisaria ha dicho que «no es solo hablar de una catástrofe futura, sino de hacernos reconocer las señales de esta catástrofe en nuestro propio presente».

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