Imagen de los Centros de Escucha diocesanos para los afectados por la dana de Valencia
Los Centros de Escucha diocesanos, a disposición de los afectados de la dana de Valencia dos años después
Yolanda Ruiz, directora: «Todavía la gente vive con miedo, todavía tiene heridas emocionales que tienen que acompañarse»
Se cumplen dos años de la devastadora dana que golpeó Valencia el 29 de octubre de 2024, dejando tras de sí enormes pérdidas humanas y materiales, pero también profundas heridas emocionales que todavía hoy, en muchos casos, después de este tiempo, siguen abiertas.
En este largo camino hacia la recuperación, los Centros de Escucha Diocesanos han desempeñado un papel fundamental, acompañando sobre el terreno a quienes lo perdieron todo, ofreciendo apoyo emocional y ayudando a muchas personas a afrontar el duelo y comenzar a reconstruir sus vidas.
A través de la Unidad Móvil de Intervención, en colaboración con los religiosos Camilos y el psicólogo experto en duelo, Valentín Rodil, el equipo de profesionales se desplazó al terreno, a todas las localidades afectadas: Albal, Benetússer, Catarroja, Algemesí, Torrent, Utiel Chiva, Paiporta, etc. atendiendo a 60 dolientes por DANA y realizando numerosas intervenciones grupales, incluso en los colegios diocesanos.
Su directora, Yolanda Ruiz, asegura que han pasado dos años, pero «se nota que la gente todavía vive con miedo y que, a pesar de las medidas tomadas por la Administración, siguen quedando heridas emocionales que necesitan expresarse y ser acompañadas».
“Es importante ayudar a las personas a reconstruirse por dentro y a dar un nuevo sentido a todo lo vivido, aunque haya pasado tiempo. A veces, el propio paso del tiempo puede hacer que sientan que ya deberían haberlo superado y se pregunten: «Después de dos años, ¿cómo es posible que todavía me sienta así?».
«A veces no solo sirve desahogarse en el entorno de la familia y amigos»
«Hemos visto que, en este proceso de drenaje emocional, la persona necesita desahogarse, contar lo que ha pasado, y a veces no sirve solo contarlo a mi marido, a mi mujer, a mi familia, porque sé que voy a preocuparles más, porque a lo mejor creen que exagero, y porque igual creen que soy más fuerte de lo que soy. Por ello, recurrían a este servicio, donde intentábamos ofrecerles el apoyo y la escucha que necesitaban.», explica Yolanda Ruiz.
«Acompañábamos a personas que habían estado en una situación muy límite y que habían perdido propiedades, negocios, en definitiva, la vida que hasta entonces conocían y que tenían». También es cierto que ese dolor conectaba con otros duelos, con otro tipo de pérdidas.Durante el proceso de escucha se abría una caja donde la DANA era lo prioritario, pero también surgían otras experiencias dolorosas del pasado que cobraban importancia al compartir sus propias historias de vida.”.
“Hemos visto cómo ha habido maneras de vivir el sufrimiento de forma muy distinta, desde personas que tenían esa necesidad de hablar, de contar lo que había pasado, cómo lo habían vivido, hasta la dureza, incluso, de voluntarios de Cáritas, que tenían que ser ellos ayudados. Nos hemos encontrado con personas que tenían bloqueos y que en muchas ocasiones eran incapaces de expresar las emociones, incluso de poder llorar, apunta.
Ahora con la última alerta que ha habido- la DANA Adam- teníamos previsto ir a Paiporta, con la Unidad móvil y un grupo de escuchas de nuestros centros. pero ¿qué pasa? Que el miedo sigue porque que en cuanto hay una alerta, la gente directamente se pone a salvo. Y, aunque es muy difícil volver a recordar lo sucedido parece que todavía es importante acompañar estas emociones”.
Los Centros de Escucha «vamos a seguir haciéndonos presentes a través de la UMI, y queremos lanzar un mensaje: “a pesar del tiempo, yo puedo seguir estando mal, yo puedo seguir estando en duelo y yo puedo seguir teniendo una necesidad de contar cómo estoy emocionalmente aunque hayan pasado dos y tres años, porque cada persona es diferente, cada persona tiene unas vivencias, tiene un entorno, tiene una biografía y no hay un tiempo determinado para decir esto ya se acabó», explica.
Casos «muy dolorosos» a nivel personal
Como recuerda Yolanda Ruiz, en este tiempo y fruto de esa atención a los afectados, hay muchos casos que «tocan el corazón» de los voluntarios y los profesionales que escuchan.
«A mí me han tocado dos casos: un alumno, un pequeño que falleció y que hubo que tener una intervención con una persona profesional infanto-juvenil, y luego también el caso de otra persona que contaba cómo tuvo que ser sujetada durante horas para que no se le llevara el agua. Es muy difícil contener la emoción en estos casos porque te haces una pequeña idea de la pérdida».
Ante estas situaciones es fundamental cuidar al cuidador y escuchar al que escucha. En los Centros de Escucha «tenemos reuniones periódicas de formación, de seguimiento, de supervisión, de cómo se ha situado el escucha, cómo lo ha vivido, cómo le ha impactado emocionalmente. Es muy importante cuidarnos entre nosotros y tenemos reuniones periódicas para supervisar casos y para ver cada uno en qué límites personales está».
Servicio gratuito totalmente confidencial
Los Centros de Escucha «son una puerta abierta, un servicio de la diócesis, gratuito, totalmente confidencial, donde la persona está en un entorno seguro. La mayoría de personas no quiere hablar porque es como reabrir algo donde tácitamente parece que está cerrado, pero como nadie habla, pues nadie sabe si todo está cerrado. Entonces el tener este recurso es importante. Además, estas alarmas y estos avisos parece que han venido para quedarse».
Según afirma Yolanda Ruiz “uno de los grandes retos para nosotros es poder llegar a cualquier punto de la diócesis donde esto desgraciadamente está sucediendo.
Las personas interesadas en recibir ayuda o contactar con los Centros de Escucha pueden dirigirse a los teléfonos: para Valencia ciudad al 674755005 o bien, si es de fuera de Valencia al 674755008 y a través del mail: centrosdeescucha@archivalencia.es.
«Es un servicio necesario, es un servicio que puede ayudar a muchas personas y me parece fundamental para acompañar al doliente, independientemente del tiempo que haya transcurrido. Así es que invitaría a aquellas personas que en su día tuvieron daños materiales, y han perdido su casa, su hogar, con todo lo que implica, parte de su vida, parte de recuerdos, a que contactaran con los Centros de Escucha porque subsanarlo en un año o en dos, es difícil».