Imagen de archivo del barranco del Poyo tras la riada
El día que el barranco del Poyo llevó el caudal equivalente al del Danubio
Un informe de la Universidad de Valencia estimó que la ola mortífera alcanzó un aforo de tal magnitud como el del río europeo
La tragedia del 29 de octubre de 2024 en Valencia tiene una difícil explicación, o mejor dicho una complicada asimilación. Sí, llovieron más de 700 litros en Turís y en Chiva se registraron 343 litros en las cuatro peores horas de la historia. Entre los números técnicos de la riada siguen sobresaliendo datos de una magnitud inconcebible: el Poyo multiplicó su caudal un 7.854 % y alcanzó un aforo de dos veces el del Nilo en Asuán, cinco el del Ebro y hasta se situó en niveles medios del Danubio.
Es ya de sobra conocido que el barranco del Poyo fue el gran detonante de la ola mortifera que se llevó por delante la vida de 233 personas en decenas y decenas de localidades. Hubo lugares en los que el agua alcanzó una altura de tres metros, una dimensión difícilmente compatible con cualquier rastro de vida ante tal virulencia.
Los datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), los que remitió al Cecopi por correo electrónico pese a que su presidente estaba conectado de manera telemática, están ahí: a las 16:13 horas el barranco del Poyo registró un descenso del caudal hasta situarse en los 28,7 m³/s. Dos horas y media después el medidor saltó por los aires por la fuerza del agua.
El barranco del Poyo, en su punto de control en Ribarroja del Turia, no paró de subir, mientras que en Chiva el diluvio era extremo. A las 18:50 horas se dio el último registro: 2.283 m³/s. A partir de ahí no hubo ningún dato más porque la máquina desapareció.
Uno de los aspectos más difíciles de exponer es hablar de un barranco como si fuera un río. La Universidad Politécnica de Valencia describió el caudal del Poyo como de «régimen efímero». Es decir, que sólo lleva agua cuando llueve. Y ese día llovió mucho y en poco tiempo.
El último control de aforo del Poyo rozó el caudal medio del Nilo en Asuán, que es de entre 2.500 y 2.800 m³/s, pero aún faltarían las valoraciones posteriores ante este episodio extraordinario.
La propia CHJ reconoció que en el «tramo final» del Poyo se dio un caudal de entre 3.000 y 3.500 m³/s, que ya es una cantidad sumamente superiores al del río egipcio. Pero aún hay un dato más demoledor.
Tanta agua como el Danubio
La Universidad de Valencia se trasladó, meses después de la riada, hasta Torrent, el último pueblo antes de que el Poyo encare la recta final en la que provocó tanta destrucción (Picaña, Paiporta, Catarroja, Benetússer...). Allí, los investigadores universitarios analizaron el escenario provocado por el caudal y estimaron que por este punto del barranco se dio un caudal de 5.678 m³/s.
Este dato implicaría que el Poyo, que en dos horas y 37 minutos había multiplicado por 80 su caudal, aún duplicó el último registro del que se tiene constancia. Esto implicaría que el cauce subió un 19.684,7 %. Con un dato así la tragedia estaba prácticamente servida.
El Danubio, en la localidad serbia de Veliko Gradište registra, de media, un caudal de 5.550 m³/s. Su aforo mínimo en este punto es de 1.461 m³/s, una cifra que el Poyo superaba ya a las 18:20 horas, según el registro oficial de la CHJ. El máximo del famoso río europeo en esta zona es de 14.152 m³/s, una cantidad inconmensurable.
La estimación de la Universidad de Valencia frente al dato medio del Danubio en Veliko Gradište. Y eso en Torrent, a la falta de sumarle los caudales del Gallego y Horteta. Un estudio posterior del Centro de estudios y experimentación en obras públicas (CEDEX) estimó que la ola mortífera de Valencia alcanzó los 6.390 m³/s. La combinación de varios cauces menores multiplicó el impacto de la riada.
Valencia nunca olvidará aquel 29 de octubre, el día en el que un barranco seco llegó a llevar tanta agua como cinco Ebro y dos Nilo y alcanzó un aforo más propio del Danubio. No era un vals, era una tragedia con una melodía horrenda.