Imagen del Arzobispo de Valencia junto al Santo Cáliz
El Ayuntamiento recibe una réplica del Santo Cáliz para reconocer su implicación en el éxito de este Año jubilar
El Arzobispo, Enrique Benavent: «Valencia es la ciudad del Santo Cáliz»
El Arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent, señaló en la misa de clausura del Año Jubilar que «El Santo Cáliz es un emblema de la ciudad de Valencia, primero de la Iglesia Valentina. Como depositaria de esta venerable reliquia, podríamos decir que ya el nombre de nuestra diócesis aparece vinculada al Santo Cáliz. Pero yo diría que es más que un símbolo de la diócesis y de la Iglesia de Valencia. Valencia es la ciudad del Santo Cáliz. Es también un emblema que ha pasado al arte, a la cultura y que también, de alguna manera, ayuda a identificar nuestra ciudad».
El Ayuntamiento recibió una réplica del Santo Cáliz para reconocer la implicación de la institución. «Saludo de manera especial a la señora alcaldesa de la ciudad, también al Ayuntamiento, que va a recibir hoy una réplica del Santo Cáliz. Queremos, de esta manera, reconocer la implicación del Ayuntamiento de la ciudad en la preparación y el desarrollo y el buen éxito de este Año jubilar que estamos clausurando con esta celebración».
El Arzobispo destacó que «este tercer año jubilar se ha ido consolidando. El segundo coincidió con la pandemia y, por tanto, se celebró con grandes restricciones. Pero este año ya ha sido una celebración que se ha consolidado y que esperamos que en el futuro cada vez se difunda más en toda la Iglesia».
«Esta reliquia, lo que significa la ciudad, va siendo cada vez más conocida en todo el mundo»
Así, aludió a las peregrinaciones que se han desarrollado. «A lo largo del año hemos podido comprobar como grupos, no sólo de nuestra diócesis, sino también de otras diócesis de España y de otros países de todo el mundo, aquí en la catedral han venido grupos de lugares lejanos de nuestro planeta y eso significa que esta reliquia, lo que significa la ciudad, va siendo cada vez más conocida en todo el mundo. Tenemos que trabajar para que esta dinámica se consolide, para que esta celebración y estos años jubilares sean cada vez un punto de referencia para la Iglesia y también una ocasión para que muchos peregrinos vengan a venerar esta reliquia en nuestra ciudad».
El Arzobispo de Valencia felicitó a todas las parroquias, y a todos los que han contribuido a la celebración de este Año Jubilar. «El año jubilar termina. El Santo Cáliz permanece entre nosotros», afirmó. “Podríamos decir que el Santo Cáliz permanece entre nosotros y lo que el Cáliz significa también debe quedar grabado en nuestros corazones. Diría que el mensaje de este año jubilar puede resumirse en tres palabras. En primer lugar, gratitud, agradecimiento al Señor. Debemos de reconocer con cuántos dones nos ha bendecido el Señor, cuántas gracias a lo largo de nuestra vida, y a la gracia de Dios estamos llamados a responder con el agradecimiento. De esta manera es como la fe se anuncia, porque la fe no se anuncia cuando la proponemos como una carga que se impone sobre la vida de las personas, sino cuando la testificamos con una vida vivida con gratitud y con alegría".
El Arzobispo desgranó como segundo mensaje la comunión, «formando a todos los cristianos una misma familia de hermanos». Aseguró que «estamos viviendo momentos en que muchas veces las personas convertimos las diferencias en divisiones. Y en cambio, los cristianos seguimos diferentes. Sabemos que hay algo que es más fuerte que las diferencias que pueden haber entre nosotros, esto que hace que las diferencias no se conviertan en divisiones, todos sentimos que el Señor es alguien que forma parte de nuestra vida. Y que nadie puede decir que él es más de Cristo que el otro hermano en la fe. Que nadie puede apropiarse de Jesucristo. Y esta dinámica de comunión es una dinámica que los cristianos tenemos que sembrar en nuestro mundo. Es muy importante que en estos momentos que estamos viviendo en esta cultura que muchas veces las diferencias les lleva hasta un extremo que llegan a convertirse en divisiones, los cristianos manifiestan que por debajo de las diferencias hay algo que nos une, que hace de nosotros una misma familia y que nos ayuda a que las diferencias no arriben a dividirnos entre nosotros».
Mons. Benavent destacó que el tercer mensaje debería ser esperanza. En un mundo en el que muchas veces tantos acontecimientos trágicos parece que quieren matar la esperanza de las personas. Estamos viviendo estos días también con el dolor de la muerte de tantas personas por un accidente ferroviario. Estamos recordando hoy que hace dos años también muchos hermanos nuestros fueron víctimas de aquellas inundaciones. Lo recordamos no con rencor, sino con esperanza. Qué diferente sería nuestro mundo si las personas nunca matáramos la esperanza de ningún hermano. (20:55) Cuando vemos las imágenes de los medios de comunicación, cuántas guerras, cuántas víctimas inocentes, cuántos seres humanos no nacidos, cuántos seres humanos que por un sufrimiento pierden la esperanza en su vida, cuántas personas que no ven horizontes de esperanza en su vida, los cristianos no podemos matar la esperanza de nadie. Que la celebración de la Eucaristía nos lleve a todos a ser testigos de esperanza”.
El Arzobispo, Mons. Enrique Benavent apeló que «el Año Jubilar acaba. Esperemos en los cinco años un nuevo Año Jubilar. Pero hay algo que queda entre nosotros. Es precisamente esta religión que es un testimonio de la centralidad que la Eucaristía tiene en la vida de los cristianos. Que quede en nuestros corazones este mensaje de gratitud, de comunión y de esperanza, que es lo que los cristianos estamos llamados a anunciar a toda la humanidad».
El Arzobispo destacó de manera especial a los sacerdotes, a los párrocos y a los feligreses de las parroquias que este año estáis de celebración en las parroquias. Saludó a todas ellas: la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora de la Font de la Figuera, «que está celebrando el cincuenta aniversario de la Coronación de la Mare de Déu dels Xics (Virgen del Rosario de los Niños), la patrona de la población. Y Nuestra Señora del Sagrado Corazón del barrio de Orriols, que está celebrando el cincuenta aniversario también del momento en que comenzó la vida parroquial y las celebraciones litúrgicas, que fue antiguamente Iglesia del Convento de Santa Catalina de Valencia y que se trasladó allí para preservar ese monumento».
También saludó a los párrocos de las parroquias de San Carlos Borromeo de Albal, y de San Ramón de Paiporta, «dos de las parroquias que hoy, precisamente hace dos años, se vieron gravemente afectadas por los efectos de aquellas inundaciones que han marcado la vida de esa comarca y también de esas parroquias».
En la celebración participaron obispos, el cabildo metropolitano, sacerdotes, diáconos, representantes de Ayuntamiento y Generalitat, de la Real Hermandad del Santo Cáliz de la Cena del Señor, la Cofradía del Santo Cáliz, autoridades militares, académicas y miembros de asociaciones vinculadas al Santo Cáliz.