Imagen de archivo de Culla, en el interior de CastellónTurismo Comunidad Valencia

El último refugio templario de España está en Castellón: el pueblo medieval perfecto para una escapada de otoño

Castillos, rutas naturales, antiguas minas y platos tradicionales con trufa negra completan la oferta de Culla

En el interior de Castellón, a más de 1.100 metros de altitud, se encuentra uno de esos rincones que parecen sacados de otra época. Su pasado árabe, su estrecha vinculación con los caballeros templarios y las ruinas de una antigua fortaleza convierten este municipio del Alto Maestrazgo en una propuesta especialmente atractiva cuando llegan las temperaturas otoñales.

Se trata de Culla, uno de los pueblos medievales más singulares de la Comunidad Valenciana y la última posesión que adquirió la Orden del Temple antes de su desaparición.

Uno de los Pueblos Más Bonitos de España

Culla se levanta a 1.121 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación privilegiada permite contemplar amplias panorámicas de las montañas y los valles del interior de Castellón, un paisaje que durante el otoño adquiere un atractivo especial.

Su belleza y su patrimonio le han valido su incorporación, en 2020, a la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España. Además, su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural (BIC), reconocimiento que protege un conjunto histórico de calles empedradas, arcos, casas tradicionales y edificios que conservan la esencia medieval de la localidad.

Puerta de entrada al casco histórico de CullaGetty Images/Ana del Castillo

El otoño es una buena época para descubrirlo. Las temperaturas más suaves durante las horas centrales del día permiten recorrer sus calles y realizar excursiones por los alrededores, aunque conviene llevar ropa de abrigo: por su altitud, las mañanas y las noches pueden ser bastante frías.

La historia de Culla se remonta a tiempos prehistóricos, aunque su desarrollo como enclave estratégico estuvo especialmente ligado a su pasado musulmán. La localidad fue reconquistada en 1233 por Blasco de Alagón y recibió su Carta Puebla en 1244.

Uno de sus capítulos más destacados llegó en 1303, cuando el castillo y sus territorios pasaron a manos de la Orden del Temple. Culla fue la última adquisición territorial de los templarios antes de la disolución de la orden. Posteriormente, en 1317, pasó a depender de la Orden de Montesa.

Este legado todavía se percibe al recorrer el municipio. En lo alto se encuentran las ruinas del Castillo de Culla, una fortaleza de origen árabe que los templarios utilizaron por su importancia estratégica. La construcción sufrió importantes daños durante las guerras carlistas del siglo XIX, pero todavía conserva elementos como la Torre del Frare Pere, restos de murallas y estructuras defensivas.

La mejor manera de conocer Culla es caminar por su casco antiguo y dejarse sorprender por sus rincones. Entre las visitas imprescindibles destacan:

• El castillo y la Torre del Frare Pere: permiten descubrir el pasado militar de la localidad y disfrutar de unas vistas privilegiadas del entorno.

• La Presó: antigua prisión medieval de los siglos XIII y XIV, uno de los espacios más evocadores del municipio.

• La Iglesia de El Salvador: templo que conserva interesantes elementos artísticos y forma parte del patrimonio religioso de Culla.

• La Porta Nova: uno de los accesos históricos del antiguo recinto amurallado.

• El Antiguo Hospital y la Casa Abadía: edificios que ayudan a comprender cómo era la vida en esta población durante siglos.

• El mirador del Terrat y el del Singlet: dos lugares perfectos para detenerse y contemplar el paisaje del Alt Maestrat.

Gastronomía y el «oro negro»

Una escapada al Alto Maestrazgo no estaría completa sin descubrir su gastronomía. La cocina de Culla está muy ligada a los productos de proximidad y a las recetas tradicionales, con platos contundentes que apetecen especialmente cuando bajan las temperaturas.

Entre las especialidades que conviene probar están la olla del Maestrat, los guisos de carne, el tombet, el conejo, el cabrito y los embutidos tradicionales. También destacan los quesos, la miel, los frutos secos y los dulces típicos de la zona.

Pero si hay un producto que merece una mención especial es la trufa negra, conocida como el oro negro de estas montañas. Esta comarca castellonense es una de las zonas de referencia de la Comunidad Valenciana para este hongo, cuya temporada gastronómica se desarrolla principalmente durante los meses de invierno, especialmente entre enero y marzo.

Los atractivos de Culla no terminan en su casco medieval. Su término municipal ofrece numerosas posibilidades para completar una escapada de fin de semana. Una de las visitas más interesantes es el Parc Miner del Maestrat, situado entre Culla y La Torre d'en Besora. Esta experiencia permite adentrarse en antiguas galerías mineras y conocer cómo se desarrollaba la actividad de extracción del hierro en la zona. Es una propuesta especialmente recomendable para quienes viajan en familia.

Parque Minero del Maestrazgo, Culla, CastellónParque Minero Maestrazgo

Los aficionados al senderismo también encontrarán diferentes caminos y rutas para descubrir los barrancos, las montañas y los paisajes del entorno. Destacan los parajes del río Molinell y los recorridos por el territorio del Alt Maestrat.

Otra propuesta diferente es el astroturismo. Gracias a su altitud y a la escasa contaminación lumínica, Culla ofrece unas condiciones privilegiadas para observar el cielo nocturno. En el entorno de la ermita de Sant Cristòfol se encuentra Astromaestrat, un observatorio astronómico turístico que organiza experiencias de divulgación y observación de estrellas.